Toda época tiene sus herejías, pero sólo algunas tienen sus ídolos. Y los ídolos son mucho más peligrosos.

La herejía, al menos, sabe que discute una verdad establecida.

El ídolo, en cambio, ocupa el lugar de la verdad y pasa de ser discutido a ser reverenciado.

La posmodernidad lleva décadas presentándose como una época emancipada de dogmas. Una era de individuos libres, racionales y liberados de las viejas supersticiones. El sueño de la Ilustración, vamos.

Es una ficción muy divertida, porque nunca hemos vivido rodeados de tantos tabúes, de tantas cosas que no pueden decirse, de tantas verdades obligatorias, de tantos dogmas disfrazados de neutralidad.

Y por eso resulta tan interesante escuchar a León XIV. Ha venido un Papa a contarnos cuáles son los dioses a los que estamos adorando. A señalar, como un hereje, aquellos dogmas que nuestra cultura ha decidido convertir en sagrados.

León XIV en el Congreso.

1. Desconfianza y escepticismo

Nada merece respeto hasta que demuestre su inocencia.

La tradición es sospechosa. La familia es sospechosa. La nación es sospechosa. La religión es sospechosa. La autoridad es sospechosa. La herencia es sospechosa.

Todo lo recibido debe comparecer ante el tribunal de una generación que se considera demasiado inteligente para agradecer aquello que no ha construido ella misma.

La sospecha, que nació como una herramienta intelectual, ha terminado por convertirse en una patología cultural que ya no distingue entre lo sano y lo enfermo.

Por eso León XIV insiste en la verdad, en el bien y en la posibilidad de reconocerlos: "El bien puede resistir y comunicarse". Porque sin esa posibilidad, sólo queda la sospecha infinita, sin opción a adquirir certezas sobre las que fundar la propia vida.

2. Fragmentación

Nos prometieron diversidad y nos entregaron al tribalismo. Nos dijeron que liberarnos de las identidades colectivas nos haría más libres y el resultado es que hoy vivimos encerrados en identidades infinitamente más estrechas.

Cuando León XIV denuncia esos "enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos", está describiendo la enfermedad política de Occidente.

De hecho, el discurso del pontífice en el Congreso de de los Diputados ya ha recibido críticas por parte de quienes consideran que no es suficiente que el Papa haya dicho que la acción legislativa debe estar al servicio de la dignidad humana y que "tal dignidad precede a toda concesión del Estado".

Ellos necesitan que hable la dignidad humana concretísima de su grupo, que debe ser más especial que la del resto. Como si la dignidad necesitara apellido.

Una diputada de Podemos ha echado de menos, por ejemplo, que hablara de las mujeres, del colectivo LGTBI o de las personas que ponen fin a su vida.

En fin, para qué decir yo nada cuando ya lo ha dicho mucho mejor el Papa: "Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad".

El Papa León XIV.

3. Matar al padre para poder reinventarse

La posmodernidad no sólo quiere emanciparse de la tradición. Quiere emanciparse de la realidad.

Recordando a su predecesor, León XIV ha advertido de que "existe una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma".

Pero para el hombre posmoderno, nada debe ser recibido. Todo debe ser elegido: la identidad, la familia, la pertenencia, la historia e incluso la propia naturaleza.

El ideal contemporáneo es un individuo que se ha dado a sí mismo absolutamente todo. Un ser humano sin deuda alguna, sin raíces, sin herencia, sin padre.

La gran obsesión de la posmodernidad ha sido matar al padre, a todo aquello que nos recuerda que hemos recibido más de lo que hemos construido, para engendrar un sujeto que no nace, sino que se diseña.

En esa lógica, la vida se parece cada vez menos a una biografía y cada vez más a una startup de Silicon Valley.

Frente a la idea de matar al padre para poder reinventarse, el Papa hereje propone aceptar lo recibido para poder reconciliarse con lo que se es: "¿En serio es posible creer que Europa (a la que tanto amamos) sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?".

4. La trampa de la nostalgia

Aquí está la gran sorpresa. León XIV no cae en ella. Y eso le diferencia de muchos discursos conservadores contemporáneos.

Al fin y al cabo, alzar la mirada no quiere decir volverla hacia atrás, ni confundir herencia con museo.

Los discursos de León XIV desmontan el falso dilema contemporáneo: o progreso sin raíces, o raíces sin progreso. Lo hace, por ejemplo, cuando recuerda que "es en este mundo donde debemos cultivar la inquietud, no en otro".

Roger Scruton decía que "la nostalgia retrospectiva no es más que otra forma de sentimentalismo moderno".

La posmodernidad tiene una relación curiosa con el pasado. Oficialmente lo desprecia. Extraoficialmente vive obsesionada con él. Derriba estatuas, revisa archivos, reescribe relatos nacionales y somete a juicio moral a generaciones enteras. Nunca tiene tiempo para hablar del futuro, porque siempre está litigando con los muertos.

En cambio, León XIV asegura que "joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan".

5. Tecnificación de la existencia y del bien

Nunca hemos tenido tanto poder y nunca hemos estado tan desorientados. Sabemos fabricar inteligencia artificial, pero no sabemos responder qué significa ser humano. Sabemos manipular embriones, pero discutimos cuándo empieza una vida.

León XIV identifica perfectamente la trampa tecnocrática cuando advierte que podemos ser "expertos en los medios, pero inciertos acerca del porqué".

La pregunta decisiva sigue siendo la misma que hace dos mil años: "¿Qué significa ser verdaderamente humano?". Y ninguna APP va a responderla.

Es la paradoja central de nuestro tiempo: la expansión del poder técnico coincide con la contracción del sentido.

Pero el problema no es sólo técnico. Hemos empezado a pensar que incluso el bien ya no se descubre, sino que se produce. La letra impresa del BOE es la nueva moral.

Frente a eso, León XIV dice: "Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse".

Inteligencia Artificial. Efe

6. Mercantilización de la vida

La lógica del beneficio ha colonizado territorios que antes pertenecían a otras esferas. La amistad se monetiza, la atención se monetiza, la intimidad se monetiza, el cuerpo se monetiza, la maternidad se monetiza. X es la prueba de que hasta Y se monetiza.

Y como todo tiene precio, nada tiene valor.

Por eso León XIV es casi subversivo al reivindicar la palabra gratuidad. Lo hace agradeciendo a los miles de voluntarios que han dado su tiempo, sus días de trabajo, sus horas de sueño para hacer que la visita papal fuera posible.

Gratuidad. La idea de que algunas de las cosas más importantes de la vida existen precisamente porque no responden a la lógica del intercambio.

Cuando el Papa denuncia "la idolatría del beneficio y del rendimiento" o "la lógica del interés y del lucro", está poniendo el dedo en una de las heridas de nuestro tiempo: una sociedad que convierte la eficiencia en virtud suprema acaba tratando a las personas como si fueran máquinas defectuosas.

***

Estas son, pues, las promesas incumplidas de la posmodernidad que denuncia el hereje León XIV.

La desconfianza prometió lucidez y ha producido cinismo.

La fragmentación prometió diversidad y ha producido tribalismo.

Matar al padre prometió libertad y ha producido desarraigo.

La nostalgia prometió refugio y ha producido impotencia.

La tecnificación prometió control y ha producido desconcierto.

La mercantilización prometió prosperidad y ha producido vacío.

Ha venido un Papa a recordarnos que una sociedad puede sobrevivir algún tiempo sin fe. Puede sobrevivir algún tiempo sin memoria. Puede incluso sobrevivir algún tiempo sin verdad.

Lo que ninguna civilización consigue durante mucho tiempo es sobrevivir adorándose exclusivamente a sí misma.