"Nosotros somos los que entendemos el mundo desde el cariño".
"Nosotros somos mejores".
"Ellos (la derecha) son mala gente".
"Nosotros no somos como ellos".
Eso dice Aránzazu Figueroa, que, muy merecidamente, ha sido designada nueva líder de las Juventudes del PSOE.
A juzgar por la información disponible, no está contaminada por el contacto con estudios superiores, y carece de cualquier experiencia laboral fuera del partido. Era, por tanto, un perfil muy recomendable, tanto para el PSOE de Pedro Sánchez, como para el Templo del Pueblo de Jim Jones.
Tiene un prometedor camino por delante. Hay banquillo.
Pedro Sánchez, acompañado por la secretaria general de Juventudes Socialistas, Aránzazu Figueroa, durante la clausura del 27ª Congreso de JSE, este domingo en Madrid.
Nosotros y Ellos. El psiquiatra Pablo Malo (@pitiklinov en X) acaba de hacer un pequeño curso sobre el libro Tribus morales, del psicólogo, neurocientífico y filósofo Joshua Greene. Greene se dio a conocer en 1999 por un artículo, La broma secreta del alma de Kant, en el que defendía que la moral kantiana no se encuentra en la "razón pura", sino en las tripas.
Sí, nuestros juicios morales más claros provienen de emociones, surgidas evolutivamente para favorecer la cooperación de individuos egoístas dentro de un grupo.
El pequeño problema está en que entre estas emociones morales hay una peculiar: el placer de castigar al malo.
Existe porque cumplía un papel, tanto dentro del grupo (penalizar al jeta que destruye la colaboración) como fuera de él (destruir a las tribus rivales a favor de la propia). Es una emoción particularmente inflamable, porque somos animales decididamente tribales y muy predispuestos a descargar virtuosamente la violencia contra la tribu rival que, por definición, es mala.
Ojo, esa predisposición a la violencia y el castigo está en todos nosotros, como saben los diseñadores de videojuegos y los directores de las películas de Jean Claude Van Damme, que hacían sufrir al protagonista todo tipo de injusticias para que al final pudiera repartir mantecados con la conciencia tranquila. Las de Liam Neeson siguen un esquema similar.
Obsérvese que Aránzazu Figueroa está desarrollando un discurso moral ("nosotros somos mejores que ellos") tan tenue que permite adivinar bajo él la enorme carga de violencia. Esto, invocar causas elevadas cuando el motor es el odio, es muy habitual. La única ideología que parecen seguir los llamados antifa no es lucha contra el fascismo, sino la violencia.
También los asesinos de ETA decían luchar por la libertad del pueblo vasco.
La nueva líder de Juventudes del PSOE acusa a la derecha de ser "herederos del franquismo" y los llama "pijos de salón": "Y sí, son mala gente. Y nos sentimos tremendamente orgullosos de no tener nada parecido a ellos. No somos como ellos" https://t.co/2N5qgRCHos pic.twitter.com/rBwu84d8FQ
— Europa Press (@europapress) May 31, 2026
"Existen situaciones ambiguas, en las que los individuos podrían estar actuando movidos por una noble preocupación por la justicia, y algunos de ellos sin duda lo están, pero otros simplemente están satisfaciendo su gusto por el conflicto, el odio o la violencia", dice el filósofo canadiense Joseph Heath. Conviene no dejarse engañar.
Por eso, cuando oímos hablar de "nosotros-ellos" debemos ponernos inmediatamente en guardia. Porque, como recuerda Pablo Malo al hablar de Greene, de la misma manera que nos gusta comer, y no sólo como un medio de nutrirnos, ahora hay entre nosotros gastrónomos de la violencia, que inventan la necesidad de penalizar para saciar su apetito.
Aránzazu parece ser una yonqui del odio y una glotona del castigo, y su nombramiento dice mucho de la mentalidad actual del partido. Cuando alguien está pretendiendo crear tribus en el interior de una comunidad, debemos señalarlo inmediatamente como un pirómano irresponsable.
Eso es Aránzazu Figueroa, y eso es Pedro Sánchez.
Joshua Green sugiere diferenciar dos situaciones, que activarían dos tipos de moral. Cuando se trata de "yo frente a nosotros" los instintos morales de cooperación y altruismo funcionan muy bien; puede hablarse entonces de una moral automática.
Pero cuando se trata de "nosotros frente a ellos", conviene pasar la moral del modo automático al modo manual, y aplicar unos refrigeradores a nuestro impulso punitivo.
En fin, debemos entender que nuestra moral tiene un reverso tenebroso. Y también que aquellos que se suben a los podios morales pueden estar movidos por intenciones poco recomendables, como el exhibicionismo moral o la satisfacción del odio y la violencia.
Es terrible constatar, una vez más, que hay políticos apelando a la parte oscura de la naturaleza simplemente para obtener votos. Por eso el discurso de Aránzazu Figueroa es perfectamente repugnante. Y esto es también un juicio moral.
