Es probable que usted tenga problemas para llegar a fin de mes. Y no es imposible que, ante la dificultad de encontrar una vivienda mínimamente asequible, duerma actualmente en una furgoneta.
Pero recuerde que, hace unos días, la ministra de Vivienda nos anunció, exultante, que en este asunto el Gobierno ha triunfado.
Así que, si usted se lamenta por su situación inmobiliaria, está siendo (permítame que se lo diga) un poco egoísta, porque perturba la felicidad de la ministra.
Pero es que además, si usted echa un vistazo alrededor, verá que sus problemas palidecen ante los de otras personas.
Y sí, dicen eso de "mal de muchos, consuelo de tontos", pero todos sabemos que proporciona cierto alivio.
Así que piense, por ejemplo, en el cantante Jamiroquai, un hombre ante el que la fama y la riqueza competían por conceder sus favores. Esta semana se ha conocido que, el pobre, se vio obligado a abandonar a su novia Winona Ryder, a la sazón veinteañera, porque tenía los pechos demasiado grandes, y eso convertía la relación en algo literalmente inmanejable.
Jamiroquai, durante una actuación en Málaga.
Es agobiante tener que lavarse precariamente en un bar (si es que este es su caso), pero imagine los enormes agobios de Jamiroquai, y tal vez se sienta un poco menos triste en comparación.
O piense en el ministro José Luis Ábalos, Segundo de a Bordo del navío sanchista.
Tal vez usted, por culpa de esos seudomedios que lo pintan como un sinvergüenza, haya interiorizado esa imagen. Pero no hay nada más alejado de la realidad.
Es cierto que recibió colosales sobresueldos, pero eso es porque es un innovador cuya visión de la contratación pública excede nuestra comprensión.
Él, en realidad, es un hombre enamorado que sufre.
Todo comenzó cuando, presuntamente, el malvado Aldama, para confundirlo y corromperlo, le presentó a Jesica. ¿Qué iba a hacer el pobre José Luis si inmediatamente se enamoró como un colegial?
Pues lo que habría hecho cualquiera en su lugar, es decir, tener orgías con ella y Melisa y, como es un caballero, colocarla inmediatamente en una empresa pública.
¿Que quién es Melisa?
No se despiste, que eso no viene a cuento. Lo importante es que, después de toda la devoción del ministro enamorado hacia Jesica, la muy lagarta le correspondió practicando ghosting, que es eso tan tradicional de "ni me llama ni me escribe".
Ahora José Luis, que en todo momento quería evitar un escándalo, se lamenta y dice que se ha convertido en "carne de meme".
Qué añito ha debido de pasar este hombre, no lo quiero ni imaginar, y usted es un insensible si lo único que le preocupa es que actualmente duerme en el parking de Carrefour.
Y, si todavía no está convencido de que lo suyo no es para tanto, piense en la situación dramática que vive Álvaro García Ortiz, ex fiscal general del estado, condenado por el Tribunal Supremo por una cosa tan trivial como no perder un relato.
Ahora el pobre está tristísimo y ha concedido una entrevista a Jordi Évole, que acostumbra a tener invitados de gran talla moral como Otegi o Rufián. Évole le recordó esa frase de Pedro Sánchez en la que, con tono desafiante, preguntaba a un periodista "de quién depende la Fiscalía", y García Ortiz le aclaró que es normal que un presidente nombre a un fiscal general con su misma ideología.
Algunos, por error, por una lectura un poco maniática de la Constitución, creíamos que la función de la fiscalía es "promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley (…) así como velar por la independencia de los Tribunales". Pero resulta que no.
El exministro José Luis Ábalos durante el juicio en el Tribunal Supremo.
Según García Ortiz "un fiscal nombrado por un gobierno progresista va a defender los derechos humanos".
¿Y si es conservador? Entonces no. Entonces "será una persona que crea que las personas deben ser tratadas desigualmente".
Pues bien, este hombre ecuánime, que valerosamente ha sacrificado el principio de legalidad en el altar del progresismo, ha sido condenado por el Tribunal Supremo en lo que sólo la discreción nos impide calificar como un caso claro de lawfare.
Esta visión, que sin duda comparte la sucesora de García Ortiz, explica la "purga de Peramato", remedio eficaz para limpiar la fiscalía de fiscales conservadores. Otra heroína.
¿Que aún no está convencido, y persiste en lamentarse mirando su propio ombligo? Piense en María Jesús Montero, obligada a concurrir en las elecciones de una región cuya financiación estaba dispuesta a sacrificar para favorecer a otra. ¿Es extraño que la tensión haga que, en determinados momentos, su lengua parezca independizarse de su voluntad para imitar al cantante de Kiss?
En fin, que debe usted comprender que todos tenemos problemas.
No sea usted ingrato, ponga el freno de mano en su furgoneta, disfrute de la libertad que supone estar exento de un crédito hipotecario, y entienda que hay políticos que se desviven por nuestro bienestar.
