Este sábado colgué en X una imagen de la Semana Santa de Sevilla y escribí "la superioridad estética del cristianismo es abrumadora".

No sé por qué lo hice. Supongo que porque lo pienso.

Luego, ya con los dos pies en el charco, añadí "no hay un solo ritual laico que le llegue al tobillo".

Lo hice jugándome el pellejo como un piloto americano derribado en el Irán profundo (que, a tenor de las imágenes, es como los Monegros, pero con ayatolás).

Al parecer, toqué llaga.

O mejor dicho, estigma.

Lo que no deja de ser irónico, dado que los más ofendidos por una afirmación tan inocente, estrictamente estética, decían ser ateos, o agnósticos, o librepensadores, o no sé qué.

En realidad, los mal llamados "escépticos" sólo son piadosas beatillas de las supersticiones laicas de moda. Casi puedes imaginarlos pidiendo las sales y golpeándose el pecho con el abanico, indignadísimos ellos.

Todo les ofende.

A la hora de escribir esta columna, el tuit lleva 552.000 clics, 14.000 likes, 2.000 retuits y 780 respuestas. Algunos todavía siguen ahí, soltando pestes, pensando que les leo.

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Es irónico lo poco laico que ha resultado ser el laicismo. Rozas el dogma y saltan todos echando súcubos por la boca como los calvinistas de 1553 quemando en la hoguera a Miguel Servet.

Lo que he aprendido este fin de semana, por hacer el cuento corto, es que uno de los más profundos complejos de inferioridad del laicismo del siglo XXI ha resultado ser el de su incapacidad para crear belleza.

Sauron, ilustrado por el propio Tolkien.

Esto es muy viejo. Tolkien escribió, en los años cuarenta del siglo pasado, "el mal no puede crear nada nuevo, sólo corromper o arruinar lo que las fuerzas del bien han construido".

En realidad, esa frase es una paráfrasis de lo que realmente escribió Tolkien en El Señor de los Anillos ("la Sombra que engendró a los orcos sólo puede burlarse, no puede crear: no cosas reales nuevas de su propia cosecha. No creo que diera vida a los orcos, sólo los arruinó y los retorció").

Pero la frase aplica perfectamente al laicista militante.

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Entiéndanme bien. Yo no niego que existan obras del intelecto humano estrictamente ateas, o laicas, con un innegable mérito.

Pero para que cumpla las condiciones de este artículo, no basta con que esa obra no haya sido creada por un cura, o por un beato, o que no incluya una virgen doliente o un Cristo en la cruz. Ha de ser una obra PURAMENTE atea. Filosóficamente ajena por completo al marco intelectual del cristianismo.

Y de esas hay muy, muy pocas.

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'Según venga el juego', de Joan Didion.

Se me ocurre, por ejemplo, un libro como Según venga el juego, de Joan Didion. Esa sí es una obra "total". Pero nunca la calificaría de bella.

Según venga el juego es, de hecho, lo opuesto al concepto de belleza y de verdad del cristianismo. Es la erradicación más absoluta del ser cristiano.

Porque la novela se articula explícitamente alrededor del nihilismo, de la imposibilidad de extraer sentido, del rechazo a buscar un porqué del sufrimiento y la ruina personal.

Sus personajes viven en un universo en el que el lenguaje moral cristiano (culpa/pecado/redención) se ha evaporado: ya no hay "bien" ni "mal", sólo daño, vacío, arbitrariedad ("la respuesta es: nada").

Ese mundo no es simplemente "no religioso", sino programáticamente alergénico a cualquier trascendencia: no hay consuelo metafísico, ni castigo, ni promesa. El sufrimiento no se inscribe en ningún relato de salvación, sólo muestra un paisaje de desintegración psicológica y social.

En ese sentido, Según venga el juego es una de las novelas que más radicalmente llevan al extremo una visión de la existencia sin teleología, sin providencia y sin horizonte escatológico.

Es decir, sin restos operativos de imaginario cristiano.

De ese libro sale toda la obra posterior de Bret Easton Ellis, por ejemplo.

Por eso, Según venga el juego no es una obra "bella". Pero tampoco es "fea". Es "anti-bella", que es algo muy diferente.

Si alguien hubiera contestado a mi tuit diciendo "el laicismo no es bello como el cristianismo, pero tampoco es feo: es anti-bello", le habría respondido "ese es el punto y tienes toda la razón, de la misma forma que el laicismo no es inmoral, sino amoral".

A eso me refiero.

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Una manera sana de afrontar ese complejo de inferioridad sería la de asumir la evidencia de que 2.000 años de historia (3.500 si sumamos el prólogo judío) dan para mucho más que los escasos 300 años de vida del proyecto laico, los que van desde la Ilustración hasta 2026.

Doscientos años, si cuentas desde la Revolución francesa.

'La muerte de Marat', de Jacques-Louis David.

Quiero decir, que si alguien hubiera dicho "dale tiempo al tiempo", todavía habría tenido que callarme.

Pero la respuesta mayoritaria consistió en mencionar ceremonias rituales laicas que harían pedir las sales a un escenógrafo de Eurovisión, la cima absoluta de la chabacanada europobre.

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Estas son algunas de las cosas que los ofendidos por mi tuit creían que "superan" estéticamente al cristianismo:

1. La tomatina de Buñol

2. Un set de Óscar Mulero

3. Una queimada

4. El Carnaval de Rio de Janeiro (yo pensaba que OnlyFans había acabado con esa batucada king size tras hacerse con toda su clientela, pero por lo visto sigue celebrándose)

5. Un concierto de Lady Gaga

6. Los desfiles del Orgullo

7. Los tapetes de aserrín Huamantla (los tapetes de Huamantla se hacen en honor de la Virgen María, pero si alguien lo ha incluido en la lista será por algo)

8. El Giro de Italia

9. La Gran Revolución China

10. Una manifestación por la sanidad pública

11. Los desfiles militares de la Unión Soviética (las exhibiciones bélicas del totalitarismo, a la vista están, gustan mucho a los laicos: luego dicen no comprender cómo pudo Hitler hipnotizar a tantos)

12. Una manifestación en "Bilbo, Donosti o Iruña" (entiendo que a favor de ETA)

13. La Superbowl

14. El festival de música Tomorrowland

15. Un concierto de Ed Sheeran

16. Un concierto de Taylor Swift

17. Un concierto de Rosalía (este me hizo especial gracia: supongo que los adolescentes de hoy creen que Rosalía ha inventado las vírgenes dolientes)

18. Llegar a la Luna

19. "Cualquier" concierto de rock

20. Un castell

21. Un bombardeo iraní sobre Tel Aviv (como Jean Baudrillard, que dijo que los atentados contra las Torres Gemelas del 11-S "son la imagen más pura y más bella que se pueda imaginar")

22. Una manifestación independentista en Cataluña

23. La maratón de Nueva York

24. Los Juegos Olímpicos (sobre todo los de París, el ejemplo más perfecto posible de que Tolkien lo clavó con su frase de que la incapacidad para generar nada bello te condena, no a la fealdad, sino a la ridiculización de la belleza, que es un escalón inferior y todavía más triste)

Ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024.

25. Un concierto de Madonna

26. La final del Mundial

27. Una manifestación de pensionistas

28. Un avión despegando o aterrizando (este podría haber dicho "un pájaro", que está en un orden de complejidad infinitamente superior al de un avión, pero supongo que un trozo de metal en la cama es un trozo de metal en la cama)

29. El Carnaval de Tenerife

30. Los gaiteros de Pamplona (este debe de ser sordo)

31. La feria de Sevilla

32. Y un tipo lanzando un cóctel Molotov

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Por resumirlo en seis grandes grupos, la gente cree que rivalizan estéticamente con el cristianismo:

A. La música que echan en el hilo musical del supermercado

B. El deporte

C. Las manifestaciones de la izquierda y el nacionalismo vasco y catalán, con punto extra si son violentas

D. El islamismo

E. El comunismo

F. El totalitarismo en general

O sea, violencia ritualizada, religiones laicas y entretenimiento púber.

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La ironía se explica sola.

No hay uno solo de los sustitutivos mencionados en la lista anterior que no tenga un sustrato religioso evidente para cualquiera con dos dedos de frente.

Hasta el concepto mismo de "revolución" es cristiano.

Dominio, de Tom Holland.

Lo dice Tom Holland, el autor de Dominio. Nadamos en aguas cristianas y pensar "fuera" del marco cristiano, fuera de ese mar cultural, es, de hecho, imposible para un occidental. Incluso para uno radicalmente ateo.

Y de ahí que las respuestas a mi tuit más dignas de misericordia fueran las de "los rituales laicos no existen". Ahí muchos demostraron ser incapaces de percibir el sentido profundo de las ceremonias laicas contemporáneas.

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Y digo que esa respuesta es digna de misericordia porque toda la energía del laicismo se vuelca, precisamente, día tras día, semana tras semana, década tras década, en intentar dotar de trascendencia, peso y significado una moral sin asideros intelectuales ni espirituales.

Es decir, sin Roma (el orden y la razón) ni Grecia (lo dionisíaco).

Así que buena suerte intentando que ese flanker del cristianismo que es el laicismo logre sostener por sí solo a las sociedades europeas modernas.

En realidad, esos rituales laicos que remedan los del cristianismo comprenden desde una boda civil hasta un concierto de Bad Bunny, el Estado del bienestar, la igualdad ante la ley o los propios derechos humanos, que serían impensables sin el cristianismo del que emanan.

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Los orcos de Tolkien son una parodia grotesca de los elfos.

Los trolls son una imitación burda de los ents.

Mordor es la deformación de la belleza y el orden natural.

Y los Juegos Olímpicos son una imitación hueca de los Juegos Olímpicos griegos.

Los antiguos Juegos tenían gravitas porque todo apuntaba a Zeus: el esfuerzo físico era ofrenda sagrada y la victoria era bendición divina.

Los Juegos Olímpicos modernos tienen espectáculo, naciones, marcas, política, dinero y una caricatura de "valores" humanistas… pero sin dioses.

La "unidad" es frágil y propagandística, poco más que un eslogan publicitario.

La "excelencia" es dopaje o negocio.

Las ceremonias inaugurales son un espectáculo televisivo.

Los estadios modernos son catedrales sin altar donde la multitud adora el consumo, la identidad o el entretenimiento en vez de lo divino.

Y lo mismo ocurre con Eurovisión, el Carnaval de Rio de Janeiro, una final de la Champions o un desfile militar de la dictadura socialista de turno.

Liturgias seculares. Llamadas camufladas a la violencia. Matatiempos laicos.

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El filósofo germano-estadounidense Eric Voegelin, discípulo por cierto de Hans Kelsen, escribió que las tres ideologías modernas, a) la del progreso, b) la de la revolución y c) la del humanismo secular, son "religiones políticas" que intentan traer el Reino de Dios a la tierra, pero sin Dios.

Ese empeño las convierte en una parodia grotesca de la trascendencia y la salvación cristianas, pero sin la apertura real a lo divino. Lo que desemboca en el absurdo y la destrucción.

Nietzsche decía que la moral y la cultura europea moderna son cristianismo sin Dios, lo que genera nihilismo y una gravedad fingida.

Y según el filósofo John Milbank, la modernidad secular no es neutral ni mucho menos post-cristiana, sino una teología herética y paródica del cristianismo que replica la metafísica cristiana (orden, paz, participación en lo divino), pero convirtiéndola en una "ontología de la violencia" o del "nihilismo sin Dios".

Lo que los tres están diciendo, cada uno a su manera, es que el laicismo no tiene entidad propia. Es sólo una caricatura del cristianismo.

Una caricatura que adopta las formas cristianas, pero las vacía de sustancia para convertirlas en "ideología", que es fe sin objeto.

No es que los ateos no crean en nada. Es que se lo creen todo, aunque no saben por qué.

Ese es el resumen.

Y de ahí que la inmensa mayoría de las ceremonias culturales o deportivas o políticas "laicas" que ponen como ejemplo los comentaristas de mi tuit original ni siquiera aspiren a la belleza, sino sólo a excitar (durante un breve momento, poco más que un orgasmo a medio gas) las pulsiones más facilonas de quienes asisten a ellas.

Por eso los rituales laicos sustituyen la salvación por el entretenimiento, la trascendencia por la adhesión ciega y la belleza por "la experiencia".

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Incluso la ciencia que nos lleva a escudriñar el origen del universo se queda en mera pornografía de mecánico celeste embadurnado de grasaza cuántica si se le quita el "por qué".

Por eso los simples de mente se conforman siempre con el "cómo". Ven partículas vibrando y creen que ese es su dios. Como los primitivos que divinizaban la lluvia, las piedras y los bisontes.

El fondo cósmico de microondas.

Hasta la idea de la inexistencia del libre albedrío, la teoría de que tu "voluntad" lleva 13.800 millones de años escrita en una fluctuación cuántica y la de que tú no eres más que un mero amontonamiento de partículas bobas rebotando por aquí y por allá, sin agencia ni propósito ni sentido, es una negación, no una afirmación.

Es un "aquí no hay nada que ver y tú eres un absurdo y prescindible subproducto de la materia".

Nihilismo suicida. Una lenta eutanasia del alma.

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Así que hemos copiado los rituales y las ceremonias, pero les hemos amputado precisamente lo que les daba peso. La "energía oscura" que los sustentaba y les permitía expandirse.

Sin esa energía oscura, por invisible, el laicismo está condenado a contraerse sobre sí mismo en un agujero negro de nihilismo vacuo.

Los rituales laicos son parásitos de lo sagrado incapaces de generar su propia trascendencia. Sólo queda la carcasa. Centelleante y cegadora, pero lela.

Como ese funeral laico por las víctimas de la dana con una hélice de ADN al fondo, que se pretendía consoladora.

Por lo visto, al nuevo ser humano laico le reconforta, en la hora de la muerte de un ser querido, una disposición presuntamente aleatoria de hebras antiparalelas de nucleótidos unidas por puentes de hidrógeno entre bases complementarias A-T, C-G.

Funeral laico por las víctimas de la dana de Valencia.

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Pero lo bueno es que al laicismo le quedan 1.700 años por delante para, al menos, empatar.

Eso si llega vivo al final del partido, claro.

Yo no le doy ni cincuenta años más a este experimento de religión sin Dios.

Pero que esto lo tenga que explicar un ateo manda h***os.