"Nadie suele ocultar la eliminación de un quiste. Con el aborto es diferente".
Ana Requena Aguilar es "redactora jefa de género" (sea esto lo que sea) de eldiario.es, y aún le ha quedado tiempo para crear el blog Micromachismos.
Ahora acaba de escribir el libro Provida: un manifiesto a favor del aborto.
El título es un tanto sorprendente, pero ella insiste que sí, que "defender el derecho al aborto es radicalmente próvida". Excepto para el nasciturus, claro.
En el artículo que escribe para promocionar su libro, Requena se extraña de que el aborto se trate con más circunspección que, digamos, la extracción de una espinilla porque "el aborto es un derecho".
La periodista continúa explicando que "la falta de acceso al aborto legal y seguro es una de las principales causas de muerte materna en el mundo".
Una sala para la práctica de abortos.
Esto no es del todo cierto. Aproximadamente un 39% de las muertes de las mujeres embarazadas se produce por patologías previas (significativamente, la hipertensión), y un 27% por hemorragias en el parto.
Se calcula, sin embargo, que un 8% de las muertes pueden ser debidas a complicaciones en abortos inseguros, y esta es una cifra que hay que tener muy en cuenta.
Por eso, es razonable que el aborto se autorice en determinados supuestos como un mal menor. Pero Requena lo mezcla todo inmediatamente y afirma que "la alternativa (al aborto) es entender que las mujeres no tienen derecho a decidir sobre sus vidas".
Este es un malentendido habitual en estos casos. El de entender que el humano aún no nacido es una parte del cuerpo de la mujer, y que por eso se puede extirpar con la misma tranquilidad que un quiste.
La persistencia de este error es sorprendente, porque pasa por alto un hecho elemental: esa supuesta parte del cuerpo de la madre tiene una estructura genética diferente.
Por eso, y porque si el proyecto sigue adelante dará lugar a una persona autónoma, la cuestión no está exclusivamente en la capacidad de decisión de la madre, sino en si el nasciturus es un ser que merece protección.
Hay por cierto una asimetría en este asunto que conviene mencionar. ¿Por qué se excluye de la decisión de abortar al padre, que aporta la mitad de los genes al proyecto?
Esta exclusión tiene menos sentido aún si se tiene en cuenta que, en caso de que la madre decida seguir adelante con el embarazo, el padre al que no se le ha consultado nada tendrá todas las obligaciones hacia su hijo que la filiación le destina.
Es natural que el aborto plantee un dilema moral, pero el libro se propone aliviar "el peso de la culpa y la vergüenza" de las personas que abortan para "dar batalla al estigma".
Para ello, en lugar de reflexionar serenamente sobre las razones que, en determinados supuestos, hacen aconsejable la existencia del aborto, se dedica a desenmascarar las razones ocultas de los que muestran objeciones al mismo.
Según Ana Requena, lo que realmente preocupa a los objetores es que "la posibilidad de abortar voluntariamente amenaza el proyecto patriarcal que, en permanente alianza con el capitalismo y el racismo, genera (porque lo necesita) la existencia de ciudadanos de primera y segunda, también de tercera".
¿Ah, sí? Sí.
"Su interés no es la vida, es el control de las mujeres, es el poder para imponer un proyecto que, precisamente, desmantela la vida".
Así que ellos son los malos, aunque digan proteger a un ser (o proyecto de ser) indefenso.
Pero ¿quiénes son ellos?
Los "grupos religiosos, las derechas y los ultras". "Los grupos e individuos que se reivindican activamente provida son los que rinden culto al Fondo Monetario (¿?)" y "los mismos que renuncian a intervenir en el mercado de la vivienda".
Porque uno comienza refunfuñando ante los topes de los alquileres y acaba objetando el aborto.
Una de las cosas más perturbadoras del 'caso Noelia' ha sido la evidente distorsión en la secuencia que lleva a una determinada posición moral. Idealmente, cabría esperar que se llegue a ella como resultado de una cierta reflexión ética y un análisis de las circunstancias.
Pero no ha sido así. Hemos visto que algunos medios "progresistas" se alegraban de la muerte de una chica sencillamente porque fastidiaba a los católicos.
Noelia Castillo, la joven que recibió la eutanasia el pasado 26 de marzo.
La eutanasia es buena porque es "progresista", pero fíjense en la cadena descacharrada que ha llevado hasta aquí.
La ley de eutanasia tiene su origen en una proposición de Podemos, siempre a la búsqueda de causas divisivas. Dicen que es mejor no saber cómo se hacen las salchichas y las leyes, pero las de Podemos han demostrado ser especialmente insalubres.
Aun así, en plena pandemia, el PSOE la rescató para eludir los informes obligatorios para los proyectos de ley, incluido el del Comité Nacional de Bioética. Se aprobó (con los votos de Ciudadanos, que en esos momentos también quería ser progresista) y ahora tenemos esta ley chapucera. Es decir, esta es una cadena fraguada por puro interés partidista, pero que acaba determinando una posición moral.
Y si la eutanasia es progresista, cuanta más, y con menos trámites, mejor.
Y por eso la ministra de Sanidad presentará a las comunidades autónomas un "manual de buenas prácticas" para "agilizar" la eutanasia.
Al mismo tiempo, la ministra ha anunciado la creación de un nuevo Observatorio (¡otro!) para la prevención del suicidio. Eutanasia más rápida, pero en ese plazo se intentará prevenir el suicidio.
Es una emocionante carrera contrarreloj.
