Así que, al parecer, la prensa habría mentido.
El ministro francés de Asuntos Exteriores habría tergiversado.
Los gobiernos europeos habrían exagerado.
Y la señora Albanese sería víctima de una conjura.
Jean-Luc Mélenchon acude en su auxilio, en Creil, con un discurso inflamado y dudoso.
La France insoumise se descuelga con un comunicado en el que saluda "el coraje" de la relatora de la ONU para los territorios palestinos.
Francesca Albanese.
Socialistas y ecologistas se inquietan por el alineamiento de Francia con la "campaña de descrédito" de la que ella sería, según ellos, blanco.
Y un centenar de artistas "por Palestina" dirigen a la AFP, con Annie Ernaux a la cabeza, una carta de "pleno apoyo".
Muy bien.
Hablemos de los hechos.
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Para empezar, la declaración impugnada.
Su contexto (palabra que aprecia especialmente la señora Albanese): el 7 de febrero de 2026, un foro de Al Jazeera en Doha.
En ese contexto, un panel: está dedicado a "la causa palestina" y en él intervienen, antes o después de la señora Albanese, Khaled Mechaal, uno de los últimos dirigentes supervivientes de Hamás, y Abbas Araghchi, ministro de un régimen iraní que acaba de asesinar a 30.000 de sus propios ciudadanos.
Y la frase exacta: "quienes no controlamos grandes cantidades de capital financiero, de algoritmos y de armas, sabemos ahora que la humanidad tiene un enemigo común".
Se puede jugar con las palabras.
Cuando en el resto del discurso no se habló más que de Israel, el mensaje es transparente y todo el mundo entiende quién es ese enemigo común de la humanidad.
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Máxime cuando no es la primera vez que la señora Albanese actúa así.
¿Se ha olvidado su tuit del 7 de octubre de 2023, en pleno pogromo, en el que invitaba a situar ese acto de "violencia" en su "contexto"?
¿Su respuesta, el 10 de febrero de 2024, al presidente Macron, que acababa de hablar de una "masacre antisemita" inédita en el siglo: "no, señor Macron, las víctimas del 7 de octubre no fueron asesinadas por ser judías, sino en respuesta a la opresión de Israel"?
¿Su negación, documentada por UN Watch y por la Anti-Defamation League, de las violaciones de mujeres en los kibutz, y luego en Gaza, que ella presentaba como "fabricaciones"?
¿Su tuit del 30 de mayo de 2025 en el que difunde un artículo que acusa a los "sionistas" de "escenificar" los atentados antisemitas en Estados Unidos y concluye: "¡patético! ¿Hasta dónde puede llegar una ideología?"?
¿O esa escena embarazosa, filmada el 28 de septiembre de 2025, en Italia: el alcalde de Reggio Emilia está a punto de entregarle un premio; tiene la mala ocurrencia de evocar la suerte de los rehenes israelíes; la señora Albanese pone los ojos en blanco, hace una mueca y, cuando le llega el turno de tomar la palabra, dice que le perdona, pero con la condición de que prometa no volver a hacerlo jamás?
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Descubro hoy mismo un texto del periodista Chris Hedges que reprocha al "lobby proisraelí" haber "comprado el Congreso", poner a los partidos estadounidenses "de rodillas" y "hacer dinero con la guerra"; la señora Albanese, el 17 de octubre de 2024, lo califica de "texto esencial, para leer en los siglos venideros".
Descubro un artículo grotesco del oscuro sitio neoyorquino Mondoweiss que afirma que los incendios de Los Ángeles y los fuegos en Gaza son "los síntomas de una misma enfermedad"; la señora Albanese lo comparte, el 12 de enero de 2025, con este comentario digno del conspiracionismo más burdo: "en nuestro pequeño planeta, todo está vinculado".
Descubro un tuit monstruoso en el que, el 11 de mayo de 2025, acusa al ejército israelí de secuestrar palestinos y hacer que los violen perros.
Y luego otro, en julio de 2024, en el que escribe que ha llegado la hora de "retirar a Israel su escaño en la ONU".
Todo eso sí que constituye, en este caso, un verdadero "contexto".
Hay ahí una coherencia, una vehemencia, un ensañamiento que convierten a esta responsable de la ONU en una antisemita furibunda y desbocada.
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El mundo, tras tantos años, empieza al parecer a comprender.
Ya en 2024, Deborah Lipstadt, enviada especial de Joe Biden para la lucha contra el antisemitismo, calificaba las declaraciones de la señora Albanese de "abiertamente antisemitas".
Pero hoy son Francia, Alemania, Italia, Austria, Chequia y el Reino Unido quienes miden la magnitud del escándalo y piden su destitución.
Y es el secretario general de la ONU, António Guterres, quien acaba de tomar distancias, el 13 de febrero.
Ahora hay que pasar a los hechos.
Esta activista tiene que irse.
Francesca Albanese, "relatora especial de Naciones Unidas", es como cuando Pakistán, Cuba o Rusia se sentaban, no hace tanto, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Es como cuando Irán desfila hoy por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.
Es una ofensa al Derecho internacional, al derecho de las víctimas, a la decencia.
Hay que poner fin a ello.
