El PSOE ha encontrado el perfecto chivo expiatorio para justificar su descalabro en las elecciones de Aragón: es de la casa y no puede pedir la palabra porque está muerto. Javier Lambán.
El ministro Óscar López lo ha dicho sin rubor: la culpa de haber obtenido los peores resultados de toda su historia no fue de la candidata, Pilar Alegría, sino de que el PSOE aragonés de Lambán "no hizo oposición" a Jorge Azcón. Es decir, fue un traidor.
La guardia pretoriana de Sánchez no ha sido tan valiente con Felipe González. Aún está vivo, claro. Pero sí le ha dicho Patxi López (¡Patxi López!) que ha dejado de ser un "referente" para la izquierda.
Algo tenía que decir alguien después de que el expresidente anunciase que no votará a Sánchez en las próximas elecciones.
Pero la reacción desalmada de Óscar López sólo se entiende desde el nerviosismo. No se trata solo de tapar a Pilar Alegría, sino de blindar la cuestionada estrategia de Sánchez de enviar ministros paracaidistas a los territorios, como hacían los emperadores con sus cónsules.
Porque de eso se trata: de que nadie mire hacia arriba. Si la jugada de colocar ministros fracasa, la culpa es del difunto Lambán, que "no hizo oposición".
De la misma forma, si el giro ideológico chirría, el problema es del abuelo Felipe. Se empieza sustituyendo a González por Bad Bunny como referente y se acaba haciendo hip hop sobre un ataúd.
Es muy significativo que los socialistas hayan sacado del santoral progresista a González y se hayan rendido al puertorriqueño, como si les hubiera escrito el programa electoral en octosílabos.
En menos de 24 horas, Elma Saiz, Patxi López y el propio Pedro Sánchez lo han citado como si fuera un nuevo Gramsci con autotune.
Ferraz ha cambiado la socialdemocracia de prosa sobria por la estética del trap: menos principios, más marketing. El mensaje a la militancia es claro: olvida a Felipe, aprende la letra de Bad Bunny y no preguntes quién impuso las listas.
