El Rey Felipe VI ha lanzado el único aviso serio desde la crisis en Ceuta y en pleno rearme militar de Marruecos: “Estamos preparados para defender nuestros valores y nuestras libertades”, ha dicho como mando supremo de las Fuerzas Armadas.
Un mensaje que llega tras 77 días de la llegada masiva de inmigrantes, de la entrada de buques de guerra en aguas españolas pero, sobre todo, en pleno salto militar de Marruecos de la mano de Estados Unidos e Israel.
Rabat está a punto de firmar un acuerdo para comprar a Netanyahu misiles balísticos, según cuentan fuentes de Defensa israelíes citadas por la prensa del país. Estos misiles tienen un alcance de hasta 430 kilómetros de distancia, lo que permitiría alcanzar objetivos en Canarias, Sevilla, Murcia o Ciudad Real.
Este acuerdo se sumaría al que ha cerrado con Estados Unidos y que implica, entre otras ventajas, hacerse en los próximos diez años con los famosos caza F-35.
España mantiene la superioridad militar pero la brecha se estrecha mientras Marruecos amplía la guerra híbrida.
Por eso, las palabras del Rey no fueron un protocolo más. Llenaron un vacío que el Gobierno ha dejado durante 77 días. Y supusieron el primer ejercicio serio de disuasión.
Para frenar una amenaza, a veces, basta con demostrar que se está dispuesto a responder.
Como aquel whatever it takes (haremos lo que sea necesario) que lanzó Mario Draghi para bloquear los ataques que estaban sufriendo los mercados españoles e italianos.
El discurso del Rey cubre la dejadez de un presidente empeñado en maquillar la gravedad de los hechos con Marruecos y hace explícito, por fin, que España tiene un límite.