Publicada

15/09/2026

Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)

Tengan ustedes en cuenta, por favor, que el día que Julián Casanova vino a sentarse conmigo a mi mesa roja, aún Sol estaba infestado de turistas y no de chavales precarios exigiendo con dignidad su derecho a la vivienda. Tampoco se habían convocado elecciones. La vida va velocísima. Correremos cada vez más, prometido. Aclarado esto, vamos a lo nuestro.

Casanova es uno de nuestros historiadores más prestigiosos, un referente internacional en el estudio de la Segunda República, la Guerra Civil española, el anarquismo, la represión franquista… y también de la Europa rota tras la Gran Guerra, la Revolución Rusa o las violencias que hirieron de muerte al siglo XX.

Es uno de los retratistas más brillantes (refulgente por exacto, por pulcro y por didáctico) de Franco. Al dictador le dedicó una biografía el año pasado, y aunque reconoce que no era “un personaje carismático”, pudo morir tranquilito en su cama agasajado de honores, con un entierro faraónico, que ya es mucho más de lo que pueden decir otros caballeros con verdadero encanto. Su anhelo siempre ha sido explicarse por qué. En eso y en todo. Esa búsqueda intelectual le lleva a uno toda la vida.

Julián siempre ha tenido hambre de lo verdaderamente transformador: el conocimiento.

Es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Nació en 1956 en Valdealgorfa, en Teruel, y fue hijo de unos tenderos muy currantes que se sacrificaron para que sus cuatro hijos pudiesen estudiar una carrera. Y al poco saltó a Madrid y luego a Estados Unidos y luego a Inglaterra a la verita del hispanista Paul Preston.

El historiador Julián Casanova. Sara Fernández.

. Sara Fernández.

Después llegaron Harvard, Notre Dame, The New School, The Institute for Advanced Study de Princeton, The Weiser Center for International Studies de la University of Michigan y la Central European University en Budapest y Viena. Casi nada, ¿no? Ha publicado más de 30 libros y ha dirigido 37 tesis doctorales.

Casanova es un hombre claro, contundente, cercano. Siempre soñó con sacar a la historia de su torre de marfil y ponérsela en las manos a la gente, al “publico educado que quiere saber”. Le preguntaré si nos vamos a la mierda y él me dirá que estamos “muy cerca”. Luego añadirá, con preocupación: “Estamos cerca de que pasen cosas”. Y sentiré una amargura extraña.

Hablaremos de la patria (ese artefacto no exclusivo, sino excluyente), del informe PISA, de si un intelectual puede ser un buen gobernante, de si un presidente debe ser alguien con más imaginación o con más memoria.

Julián Casanova visita nuestro set. Sara Fernández.

Conversaremos sobre si cabe una España republicana, sobre las diferencias entre la reina Letizia y la reina Sofía, sobre dónde debe morir Juan Carlos I y sobre si queda algún comunista en España. También sobre si es posible un fascismo sin militarismo, sobre lo que diferencia nuestra situación actual de la de los años treinta, sobre de qué modo nos protegen “unas fuerzas armadas compuestas por hombres y mujeres que quieren defender la democracia y subordinarse al poder civil”.

Debatiremos sobre el género y el voto. Sobre por qué son las mujeres las que frenan a la ultraderecha. Sobre el pensamiento analítico, sobre el sanchismo y el antisanchismo, sobre por qué en España no hemos fundado nunca un museo de la guerra (aunque a él le han propuesto varias veces liderarlo y a todas se negó, porque no había detrás un proyecto serio). Hablaremos sobre lo cristiano, lo blanco, lo masculino, sobre la islamofobia, sí, pero también sobre el sector musulmán que choca de lleno con los derechos y las conquistas del feminismo.

Durante la entrevista. Sara Fernández.

“¿Tenerle miedo a las religiones? Bueno, lo primero que hay que hacer es conocer”, dice. “Creo que la gente es muy provinciana, lo digo en serio, y desde hace mucho tiempo. En España ahora hay Google, pero aquí se vive, se nace y se muere en el mismo sitio, y todo el mundo piensa que vive en la maravilla del mundo. Habrá que salir…”, resopla.

Dice que se va a jubilar. O que ya se ha jubilado.

Imposible. La historia no para y él tampoco.

El historiador Julián Casanova y la periodista. Sara Fernández.