1/6/2026
Cuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)
Una vez, cuando era niño, Guille Galván ganó un concurso de literatura en el colegio, pero no pudo ir a recoger el premio, así que fueron sus padres. Esto a él le incomodó, porque su padre y él se llamaban igual. Le pidió, por favor, que no subiese al escenario a por el galardoncillo. Temía que los demás pensaran que había hecho trampas. Temía que creyeran que en realidad lo había escrito él, Guillermo Galván Primero. Cree que le molestó un poco.
Esto es siempre así: el nombre, el carácter, el talento, la sombra.
Dónde acaba el padre y dónde empieza el hijo.
Cuando uno pierde al padre, se le queda un sonido dentro. Así se llamaba él y así te llamas tú. Son cinco sílabas. Nos tomaron la matrícula. Queda una casa en Carabanchel en la que te criaste y a la que nunca volviste (aunque tu madre siempre vuelve en sueños para regar las plantas o para arreglar una avería), hasta ahora. Llamas al porterillo como si aún fuese a bajar alguien a jugar, o al estanco, o al mercado, tal vez el crío que uno fue o tal vez el primer hombre al que amó, pero no baja nadie.
Preguntas por un tipo que se llama como tú y una desconocida te lo aclara: “Nadie con ese nombre vive aquí”. Así titula Guille Galván, guitarrista y compositor de Vetusta Morla, su primer disco en solitario.
Su padre le dio herramientas para la felicidad: el fútbol, la música. Es del Real Madrid pero coquetea con el Rayo Vallecano porque tiene algo que su equipo no. ¿Qué es? “Verdad”, sostiene, con los ojos clarísimos. Wow.
Guille Galván.
Guille Galván.
Lo de la música tampoco le ha ido nada mal. Vetusta Morla fue un fenómeno inédito: demostró que se podía alcanzar el éxito masivo desde la severa independencia, sin rendir cuentas a las multinacionales. Crearon su propia discográfica, Pequeño Salto Mortal, e hicieron historia en la música española.
¿Alternativos? ¿Con respecto a qué? En 2018 juntaron a más de 38.000 personas en un estadio. En 2022, a 35.000.
Él conjuró por detrás las canciones inolvidables que corearon tantos (miles, millones…) y que siempre cantó Pucho, el frontman de Vetusta. Le digo a Galván que me recuerda a Perales: todo el día cosiendo una coplilla redonda que interpretará otro. Esto es para mí un dolor sordo. También un acto honorable de la escuela de Sancho Panza.
Por este álbum, por cierto, Galván empezó a investigar los derechos de una sintonía histórica (la de Érase una vez el hombre) para fusionarla con una de sus canciones, y, al rastrearla, descubrió que pertenecía a José Luis Perales. Casi nada. Así que al final la canción la firman los dos. Qué monstruo lírico y melódico de dos cabezas.
Yo durante la charla con Guille.
Guille Galván es un poeta raro de miniaturas perfectas, de hipersensibilidad sinestésica, al estilo de Antonio Vega: crea microuniversos misteriosos, exactísimos, que nos caben en la palma de la mano. Imágenes en cascada limpiando el mundo. “Me gusta verte así, valiente en las tinieblas, tan deprisa que da miedo, mi amor: el tiempo es un ladrón con la cartera abierta”. Ésta se la dedica a sus hijos. Es de las más perfectas del disco. También canta: “Pareces un gorrión volando el túnel de la M-30” o “todos los que fuimos te llevan”.
Son cancioncitas desnudas. Cancioncitas a las que se les marca el hueso, frágiles como un milagro pequeño. Huyen adrede de la grandilocuencia de la banda. Guille está buscando su voz, aunque ese es un trabajo que a todos nos cuesta una vida. Él es privilegiado y está más cerca que el resto. Tiene el duende, el ángel, lo que sea eso. El toque. Algo que le sopla al oído el secreto: “No hay más, sólo pulso y belleza”.
Es muy plácido, muy suave, habla bajito. Digamos que se desliza. Por eso, quizá, su compositor español favorito sea Aute. Los chicos que prefirieron no ser histriónicos. Los observadores, los humanistas. Se le balancea en el lóbulo el aro de plata. No se da nada de importancia. Tiene candor. Un reguero antiguo de inocencia.
Hablamos de por qué la gente ya no quiere ser Sabina, sino Marcos Llorente, sobre el cambiar la noche por el día, sobre los enemigos, sobre las ganas de quemar cosas, sobre los premios y la pasta, sobre la casita de Bad Bunny, sobre inmigración, sobre machismo en la industria, sobre qué tipo de viejo quiere ser. Con ustedes, Guille Galván.
Guille Galván durante su visita a nuestro set.