El verano nos regala, año tras año, el recurso más escaso y valioso de nuestra rutina actual: el tiempo. Días que nos permiten frenar el ritmo frenético del día a día, reconectar con los nuestros y, sobre todo, observar nuestra realidad con la perspectiva limpia que solo otorgan las mentes despejadas.

Esta pausa estival es el espacio idóneo para reflexionar con calma hacia dónde nos dirigimos, qué decisiones estamos tomando y cómo queremos construir el mañana que nos aguarda a la vuelta. Nos movemos en un entorno global complejo, volátil y apasionante que no da tregua, lo que nos exige madurez, visión de largo plazo y una sólida capacidad de anticipación.

Si levantamos la mirada y analizamos el panorama global, la digitalización se ha convertido en el tejido conectivo de la sociedad, la economía y la industria. La digitalización está impactando en el rediseño de la geopolítica y la economía mundial a una velocidad asombrosa.

En el centro de esta transformación se encuentra la inteligencia artificial, que ha superado definitivamente la fase de asombro inicial para consolidarse como un motor estructural de la productividad, la eficiencia y la toma de decisiones. En paralelo, la computación cuántica avanza con paso firme hacia su fase de aplicación práctica, empezando a hibridarse con la propia IA para resolver desafíos de computación, optimización y desarrollo de nuevos materiales que hasta hace muy poco parecían reservados a la ciencia ficción.

Sin embargo, la compleja realidad internacional y las tensiones comerciales en el tablero global nos obligan a introducir una tercera variable imprescindible en esta ecuación: las tecnologías de defensa dual. Hoy más que nunca, la innovación en ciberseguridad, soberanía del dato o robótica no solo define la competitividad comercial de nuestras empresas, sino también la resiliencia, seguridad y protección de los valores de nuestra sociedad. Lograr el liderazgo tecnológico digital y avanzar en autonomía estratégica es necesario para que España y Europa mantengan su relevancia internacional y soberanía.

El Sector Tecnológico Digital español facturó el año pasado 138.205 millones de euros, un 5,6% más que el ejercicio anterior, y da empleo a cerca de 723.000 personas, con un crecimiento del 7,8%. Son cifras que confirman el peso creciente de la industria digital en la economía real del país y que, junto con la 8ª posición de España en la comparativa europea de la Década Digital y un gasto en I+D del 1,5% del PIB en 2024 (de acuerdo con el INE), marcan la base sobre la que construir el salto hacia el 3% que en su día fijamos como referencia.

Llevar a buen puerto esta ambiciosa transformación requiere un firme consenso social y político. Necesitamos políticas de Estado estables, un marco regulatorio ágil y predecible que proteja los derechos ciudadanos sin asfixiar la capacidad de innovación de las empresas, y una apuesta sin fisuras por la retención y desarrollo del talento digital. Asimismo, resulta vital acelerar la adopción tecnológica en las pequeñas y medianas empresas, que sostienen la economía real del país. Los retos regulatorios, operativos y de plazos son formidables, y el reloj europeo sigue corriendo frente al empuje de otras regiones, pero si algo ha demostrado nuestro sector es que sabe crecer ante las dificultades y convertir la complejidad en oportunidades.

El regreso al trabajo en septiembre siempre ha tenido para nosotros un punto de encuentro ineludible. Desde hace cuatro décadas, AMETIC reúne en Santander en el marco de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo a los principales actores del ecosistema: empresas, administraciones públicas, academia y sociedad civil.

Ahora es momento de descansar, disfrutar del verano y recargar fuerzas. Nos vemos a la vuelta, listos para inaugurar el curso con el firme compromiso de consolidar una España digital más competitiva, humana y sostenible.

***Francisco Hortigüela, presidente de AMETIC