En la guerra de guerrillas que fue la campaña de Madrid, hubo una contienda que goleó al resto en términos de atractivo. Si una consultora de asuntos públicos se dedicara a analizar el número de noticias alumbradas por cada careo, la conclusión sería inapelable: nada como el duelo entre Pablo Iglesias y Ana Rosa Quintana.

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De pronto, un Iglesias necesitado de protagonismo y titulares la llamó "portavoz mediática de la extrema derecha". Ella, harta de los ataques de Podemos a los medios, respondió algo así como: "Es usted un fascista". Y aquí estamos. En la primera entrevista concedida por Ana Rosa desde entonces para desmigar el desmoronamiento de la relación.

Porque la cosa -disculpa, Ana Rosa, por el término- tiene morbo. Iglesias siempre había pisado el plató de Telecinco. Iglesias siempre se había despedido con mucha cordialidad. Iglesias siempre... ¡zas!

Ana Rosa, en esta conversación, se aplica el mismo mandamiento que exige a sus entrevistados: "Pregunta lo que quieras". Cita a César Vallejo para despegarse de una hipótetica entrada en política -¿se imaginan la revolución?- y a McLuhan para prologar la vuelta de Iglesias a la televisión: "El medio es el mensaje".

Tiene también este ratito algo de confesionario. Ana -así la llaman sus amigos y quizá también Iglesias hace un tiempo- dice que no apoya a Vox, reconoce que le dio "mucha pena" el descalabro de Ciudadanos y habla de Ayuso como "un fenómeno social digno de estudio".

Ana Rosa logra ante las cámaras lo que muy pocos: una inquietante naturalidad. Bastan dos minutos de charla para testar que es la misma dentro que fuera del plató. Y quizás ese ingrediente sea la piedra angular de su éxito incombustible.

Sólo te faltó ser candidata.

Uy, no, no… ¡Aparta de mí ese cáliz!

¿Qué tal está la musa de Pablo Iglesias?

¿La musa de Pablo Iglesias? Pero, ¿te refieres a mí? 

¿No te das por aludida? 

¿Soy su fuente de inspiración? No, yo creo que tiene otras musas. 

Pero, Ana Rosa, con lo que habéis sido… Os recuerdo en el piso de Iglesias, en Vallecas, desayunando tostadas untadas con salmorejo de bote.

Siempre había tenido muy buena relación con Pablo. Vino muchas veces al programa. Por supuesto, se le respetó, igual que se respeta a los demás. Yo no he cambiado. Ha cambiado él. El Pablo Iglesias de hoy nada tiene que ver con el del 15-M. La responsabilidad le cambió.

¿Para bien o para mal? 

Fíjate, yo tomé alguna cerveza con todo aquel grupo que salió de Sol y que luego fundó Podemos. ¡Ya no queda nadie en el partido! No hemos cambiado los demás. Ha cambiado Pablo. 

¿Cuándo fue la última vez que le viste? 

En la campaña de las elecciones generales, cuando vino al programa como candidato. La cosa fue bien, cordial. Le pregunté por sus niños. El giro vino después de entrar en el Gobierno. No le han gustado las cosas que he dicho.

¿Hay algo que nos hayamos perdido en esa quiebra de la cordialidad? Quiero decir: ¿ha pasado algo más que no saliera en la radio o en la tele? Porque, como dices, vuestra relación parecía buena. 

Es que no sólo rompió su cordialidad conmigo, sino con casi todos. ¡Montó un periódico para atacar a periodistas! Eso jamás se había visto en democracia. Tomó una actitud muy beligerante contra los medios de comunicación. No cree en la libertad de expresión. Prefiere medios públicos y que no haya libertad de prensa. Hay gente que acepta a quienes piensan distinto y gente que no. Él parece de los segundos.

El ataque de Iglesias no fue sólo a mí, sino a la libertad de expresión

¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza cuando le escuchaste definirte como "portavoz mediática de la extrema derecha"? 

Uf… -suspira-. Me pareció un ataque a la libertad de expresión, no sólo a mí. Antes de eso, Podemos publicó un vídeo en el que se nos atacaba a todos los que no estábamos de acuerdo con sus ideas. A todos los que criticamos su amistad con Bildu, su coqueteo con el independentismo, etcétera. Nos convirtió en enemigos. Y yo jamás había tratado a Pablo como un enemigo. Hombre, después de lo que me dijo me cae peor. 

Fue una estrategia de campaña: la confrontación con los medios.

Sí, sí. Tenía perdidas las elecciones y se metió con los comunicadores que tenemos grandes audiencias para intentar que se hablara de él.

En ese sentido, ¿te sentiste utilizada?

Más que utilizada, me sentí amenazada. La campaña estaba muy polarizada con todo aquello de "democracia o fascismo" y "comunismo o democracia". Entonces, que te digan que eres la portavoz de la extrema derecha… suena a amenaza. También, por supuesto, era una manera de llamar la atención. Sinceramente, no me sorprendió. Ese discurso formaba parte de la deriva en la que había caído.

Le respondiste en directo. Dijiste que Iglesias "es un fascista". ¿Te arrepientes del calificativo? 

Ni me acuerdo de lo que dije exactamente. Ocurrió, como dices, en directo. Me pusieron el vídeo y respondí de manera espontánea. A lo mejor, no tenía que haber dicho nada, pero no me arrepiento de eso. Atacar la libertad de expresión es un clásico del fascismo. Me estaba defendiendo. Yo jamás he puesto a alguien en la diana.

No sé por qué Iglesias se ha amargado tanto; ser vicepresidente es como para levantarse feliz todos los días

¿Lo echarás de menos? Iglesias te ha dado grandes momentos de audiencia.

Iglesias, al principio, tenía un discurso novedoso, distinto. Representaba a gente joven que quería otro tipo de política. Él es brillante. Todos le dimos espacio, no sólo yo. El 15-M me pareció un movimiento muy interesante. No sé por qué Pablo se ha amargado tanto. ¡Ha sido vicepresidente! Ser vicepresidente de tu país es como para levantarse feliz todos los días.

En una entrevista con La Sexta, ¿te acuerdas?, dejó entrever que se había dado cuenta de que, una vez alcanzado el poder, no se podían cambiar las cosas como él quería. "Estar en el Gobierno no es estar en el poder", dijo.

Si eres vicepresidente de un gobierno de coalición y la mayoría de ministros -y el presidente- son de otro partido, tienes menos margen de maniobra. Ocurre en la política, en la empresa y en los grupos de amigos.

¿Empatizas con el acoso sufrido por la familia Iglesias-Montero? Las cámaras constantes en su casa, los manifestantes… 

No me parece bien.

El otro día dijiste que estaba "recibiendo su medicina". ¿Alguien merece eso?

No me parece bien, ya te digo, pero tampoco que se aplaudan los escraches, que se acose a una señora embarazada como Villacís, que se vaya a casa de Soraya Sáenz de Santamaría… Me parece mal tanto lo uno como lo otro.

Ana Rosa Quintana posa en su plató de Telecinco. Jorge Barreno

Ahora tendrás a Iglesias como competidor. ¿Le auguras éxito en su vuelta a la televisión? 

Lo decía McLuhan: el mensaje es el medio. Dependerá del medio que elija. Él siempre ha tenido espacio televisivo: La Tuerka, la televisión iraní… Dependerá de la cobertura, la emisora, el horario… Y también de sus ideas, veremos qué es lo que ha sembrado y si a la gente le interesa. A ver qué pasa con Podemos. 

Si te invitara a su programa, ¿irías?

No. Soy una mujer de paz. 

¿Lo dices porque saltarían chispas?

No tengo ningún interés en discutir. Fue él quien empezó con todo esto. Le contesté, por supuesto. No tengo nada contra Pablo en lo personal, hablé de sus palabras y de sus ideas políticas, como hace cualquier periodista. De hecho, le deseo que sea muy feliz.

¿Te ha escrito Iglesias estos días? 

No he recibido flores. 

En Podemos, comenzaron a deslizar que eres de Vox por retuitear un mensaje del partido de Abascal. Ya que puedo, te pregunto: ¿apoyas a Vox?

No, no soy votante de Vox. Respeto a Vox igual que respeto a Podemos. Son partidos con representación parlamentaria, les ha votado la gente. Eso es la democracia. Pero no, no voto a Vox. Hay muchísimas cosas en las que no estoy de acuerdo con ellos.

Si hablamos de Vox como extrema derecha, hablemos de Podemos como extrema izquierda

¿Vox es extrema derecha? 

Si hablamos de extrema derecha, hablemos también de extrema izquierda. No puede ser que a unos se les dé ese calificativo y a los otros no. Tienen representación parlamentaria, debemos respetar a los dos partidos. Otra cosa es que esté de acuerdo o no. Soy una persona mucho más de centro.

Antes, cuando eran socialdemócratas, me sentía más identificada con el PSOE, pero de eso ya queda poco. Mira los socios que tiene. También me sentía identificada con Ciudadanos. Pero soy de voto útil, cambiante.

Como madre de chavales de esa edad, ¿qué opinas del cartel de Vox sobre los menas? 

No me gustó. Lo he dicho muy claro. Es que no me gustan las cosas que polarizan a los ciudadanos, provocan en la calle unas reacciones que no son nada adecuadas. 

Has conocido a un montón de candidatos. Hacía muchos años que no sucedía algo como lo de Ayuso. ¿Por qué se ha convertido en una especie de icono pop? 

Sí, es un fenómeno social interesante. Influyen varios factores. Durante la pandemia, ha sido una mujer valiente. Defendía Madrid mientras era sistemáticamente denostada y atacada. Se le puso mucho en ridículo, se le dijo de todo. Madrid, por otra parte, siempre ha sido liberal. Isabel es fresca, espontánea, habla de una forma que la gente entiende. Ha defendido, frente a todo, a muchos sectores que votaban a otros partidos y ahora la votan a ella. Es un fenómeno para estudiar.

¿Los medios se han -nos hemos- pasado de frenada en la construcción del personaje?

Se convirtió en icono durante la campaña y ahora después de las elecciones. Antes, se le criticaba mucho. Honestamente, creo que ha sido más una reacción de la ciudadanía que un personaje fabricado por los medios. 

¿La consideras populista?

No, no creo que sea populista. Ayuso no es populista, sino popular. Una chica normal, crecida en un barrio de Madrid, que está en la calle. Esperemos que ahora que tiene éxito siga siendo así. Eso es lo complicado, espero que no se encierre en la Puerta del Sol y no se rodee de aduladores.

Me da mucha pena el descalabro de Ciudadanos. Están en la UCI

¿Te da pena el descalabro de Ciudadanos?

Sí. Me da mucha pena. La verdad es que sí. Ha sido una sucesión de errores tremendos. Ciudadanos me parecía, realmente, muy interesante.

Lo has visto nacer, crecer y ahora casi morir.

Es que Albert Rivera, antes de ser el líder que fue, colaboraba en mi programa. Veremos qué ocurre. Están en la UCI. 

¿Qué consejo le darías a Inés Arrimadas?

No me atrevo a dar consejos. No soy política ni experta en marketing. No controlo el mundo de los partidos. Es distinto a todo lo conocido. Ella va a intentar pelear, pero lo tiene muy complicado.

Creo que su futuro pasa por una fusión con el PP. Inés y Pablo tenían muy buena relación. Pero lo de Murcia ha sido un error brutal. Además, llegó después de lo de Albert… Ha sido una detrás de otra.

Ana Rosa Quintana. Jorge Barreno

¿Qué tal te suena eso de Más Madrid?

Me parece que Mónica García se curró la oposición, eso para empezar. Ella es una líder que ha hecho algo espectacular. Una mujer que hace dos meses el gran público no conocía... Con su personalidad, eso hay que ponerlo en valor, se ha hecho espacio.

El intento de Errejón va muy en la ola de los partidos europeos: acercarse a los verdes. A ver qué alianzas consigue. Hace mucho que no hablo con Íñigo. Mucho ha tenido que cambiar, ¿no? ¡Era muy de Podemos y de los partidos latinoamericanos! Oye, está muy bien evolucionar. 

Es normal esa evolución. Llegaron a la política cuando casi no tenían ni treinta años. 

Errejón ha visto una ola que viene. En Alemania, los verdes pueden conseguir hasta la cancillería. Está bien, me parece un éxito todo lo que sea dejar atrás el lenguaje guerracivilista.

Estás muy cabreada con los botellones que se han producido al decaer el estado de alarma.

Sí, pero no echo toda la culpa a los chicos. No criminalicemos a los jóvenes. Me parece una barbaridad, pero han estado año y pico constreñidos, sin poder salir y, de repente, les han dicho: "Ya no hay toque de queda". ¿Qué mensaje se les ha transmitido? Se fueron a celebrar la Nochevieja.

¿Salieron tus hijos de marcha esa noche?

Gracias a Dios, todavía no estamos en eso. Como a muchos adolescentes, la pandemia les pilló justo cuando les tocaba empezar a salir un poco. Van con un pelín de retraso, pero déjalos, es mejor así -se ríe-. 

¿Tienes la sensación de caos? Vivimos en un país donde la gente no sabe cuáles son las restricciones.

Me da la sensación de que no hay nadie al timón. El Gobierno sólo quiere hablar de vacunas y de los fondos europeos, pero antes de eso tiene que afrontar un problema gordísimo. Llevamos un año hablando de qué pasará cuando decaiga el estado de alarma. ¿Cuál será la alternativa? El Gobierno debe asumir su responsabilidad y no dejar todo en manos de los tribunales.

Hace tiempo que no ves a Pedro Sánchez. Pregúntale o dile algo a través de esta entrevista. 

La última vez que vino fue cuando era candidato a las elecciones generales. No ha vuelto a venir. Así que a lo mejor le puedes decir tú algo antes.

Ojalá, pero también hace mucho tiempo que no nos da una entrevista. ¿Cuándo te ponen la segunda dosis de Astrazeneca?

¡Yo qué sé, no sé qué va a pasar! Quiero que me la pongan. Me han dicho que para finales de junio o por ahí, pero ahora todo está en el aire. Somos muchos los que no sabemos qué va a pasar. Si me llaman mañana, yo voy.

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