Publicada

La carrera de la IA no frena, quién se quede atrás puede sufrir las consecuencias, no solo a nivel económico, sino también defensivo. Pero este pulso internacional implica una serie de riesgos que copan los principales debates alrededor de la IA actualmente: seguridad y centros de datos.

Además de la complejidad de asegurar el desarrollo de una IA controlada y alineada, su impulso va ligado a la construcción de centros de datos. Inmensas instalaciones que consumen energía y agua y que han puesto a la población en contra de empresas y gobiernos.

El Gobierno de España prepara una regulación sobre la instalación de estos centros en territorio español. Los términos de este proyecto de ley no han sentado bien entre las empresas y la patronal del sector que lo califican de imposible de cumplir y alegan que los centros de datos en España “prácticamente no consumen agua".

El debate no es solo español, toda Europa se encuentra ante la complejidad de invertir en esta nueva industria para dejar de depender de la IA de Estados Unidos o China, pero sin poner en peligro el compromiso ambiental que caracteriza al continente o disparando el precio de la electricidad.

Almacenar el calor

De esta necesidad surgen como solución energías renovables e innovaciones como el almacenamiento del calor para su reutilización posterior. Así, investigadores de Lehigh han desarrollado una batería térmica con una capacidad de almacenamiento de 150 kWh.

Una de las características clave de este nuevo invento es que soporta temperaturas de hasta 500 °C durante las operaciones de almacenamiento térmico. De esta forma, podría ayudar a los centros de datos a reutilizar el calor extraído de los equipos informáticos.

Centro de datos. X-Elio

La propuesta busca reducir la cantidad de energía que se desperdicia cuando los sistemas de refrigeración expulsan al exterior el calor de miles de procesadores trabajando sin descanso.

Para quien no esté familiarizado con esta polémica, los centros de datos son básicamente enormes edificios llenos de ordenadores realizando cálculos matemáticos. Son la base que mantiene a internet en funcionamiento y ahora también el motor del desarrollo de la IA.

El problema es que prácticamente toda la electricidad que consume un servidor termina convirtiéndose en calor. Si ese calor no se extrae, la temperatura de los componentes aumenta y puede provocar pérdidas de rendimiento, fallos o daños en los equipos.

Convertirlo en calefacción

Además de más gasto energético para disipar ese calor, algunas instalaciones utilizan torres de refrigeración evaporativa, que disipan calor mediante la evaporación del agua. Este doble gasto supone la principal crítica que enfrentan estas instalaciones.

Otras emplean sistemas de refrigeración por aire, circuitos líquidos o combinaciones de distintas tecnologías. Es más, algunas están planteando reaprovechar ese calor como sistema de calefacción para viviendas cercanas. Hasta China ha decidido sumergirlos en el mar.

Algunos centros de datos ya transfieren calor a edificios o redes de calefacción. La dificultad es que el calor puede llegar a una temperatura insuficiente o generarse cuando nadie lo necesita. La batería de hormigón pretende añadir almacenamiento temporal y opciones para elevar su utilidad térmica.

En agosto de 2026, la empresa energética Helen anunció un acuerdo con OnZero para aprovechar el calor residual de un nuevo centro de datos en Helsinki. Cuando el proyecto alcance su capacidad prevista, podría aportar más de 500.000 MWh de calor al año, suficiente, según la compañía, para cubrir las necesidades de calefacción de unos 70.000 pisos. La recuperación de calor está prevista para comenzar en 2027.

Una batería de hormigón

La batería se compone de un material derivado del cemento y diseñado para almacenar calor con unos tubos que permiten transferir rápidamente. En lugar de tratar todo ese calor como un residuo que hay que expulsar inmediatamente, se intenta recuperar una parte.

Centro de datos en Aragón. Microsoft

La batería incorpora tubos térmicos sellados, llamados termosifones, que contienen un fluido. Este absorbe calor, se evapora y se desplaza por el tubo; después, al condensarse, libera ese calor en otra zona. Así se transfiere energía térmica hacia el material de almacenamiento.

La energía almacenada puede alimentar una máquina de refrigeración por absorción, utilizarse en procesos industriales o destinarse a una red de calefacción. También se contempla su conversión en electricidad mediante un ciclo termodinámico adecuado, aunque esto implica pérdidas.

Centro de datos de Google Google Omicrono

Tras las pruebas realizadas, la energía obtenida después de un ciclo completo de carga y descarga supera el 70%, lo que significa que una cantidad sustancial de la energía suministrada se puede recuperar después del almacenamiento. El sistema puede aprovechar tanto el calor residual de los servidores como la electricidad, creando así dos vías para cargar la unidad de almacenamiento.

El equipo ha validado la fabricación y el montaje de un prototipo y la tecnología está en proceso de licencia para desarrollarlo de forma comercial. Sin embargo, la información publicada no demuestra todavía un despliegue comercial a gran escala en centros de datos en funcionamiento.