Cien años en la industria tecnológica de consumo actual no es sólo una celebración. Es un hito. Una auténtica eternidad.
Es habitual que las marcas nazcan, evolucionen y mueran —o sean adquiridas por otras— en estos tiempos de ritmo frenético, fruto de las modas, mercado y ciclos de consumo. Es cada vez más complicado mantenerse, aún más siendo fiel a lo que uno siempre ha hecho, y todavía más siendo referencia.
Eso es justo lo que ha conseguido Bang & Olufsen. La firma danesa ha alcanzado su centenario demostrando que el diseño y la alta fidelidad de sonido pueden sobrevivir a modas y a cambios de paradigmas.
Su última gran apuesta para materializar esta filosofía, y de paso celebrarlo, son los BeoPlay H100, unos auriculares de diadema tan premium como ambiciosos y que no sólo buscan la exclusividad y la experiencia, sino también representar ese centenario.
"La clave está en entender que nuestro legado no es una pieza de museo, sino un punto de partida", explica Rui Martins, director general para España, Italia y Emiratos Árabes Unidos a EL ESPAÑOL - Omicrono.
Y es que Martins explica que para seguir evolucionando y lanzando nuevos productos, cada nuevo dispositivo tiene que ser reconocido como un producto de Bang & Olufsen incluso antes de encenderlo.
De música social a usar la IA
En estos 100 años no sólo las tendencias y modas han cambiado, sino también los propios hábitos de consumo. Incluyendo el sonido, la esencia de la compañía.
Los usuarios han pasado de reunirse en familia alrededor de un equipo de música en casa a un consumo mucho más íntimo y personal, y que además se lleva a todas partes.
Es precisamente por eso por lo que han lanzado los Beoplay H100, como una forma de dar respuesta a ese usuario "más exigente y multidimensional".
Beoplay H100
Los H100 combinan un "rendimiento acústico de referencia con cancelación de ruido avanzada, conectividad inteligente y materiales premium"; siendo así la respuesta de la marca a un cliente que lo quiere todo en un mismo equipo: belleza, tecnología punta y un rendimiento excelente.
Ante la revolución de los hábitos de escucha de música y sonido, la respuesta de la compañía ha sido la creación de un vasto ecosistema interconectado. No se trata de equipos de música tradicionales, sino de un catálogo que abarca auriculares, barras de sonido, altavoces portátiles, sistemas modulares y televisores que están concebidos para integrarse en el hogar como verdaderas piezas de mobiliario de lujo.
El gran reto del equipo de diseño está en lograr equilibrar el peso de la historia con la necesidad de innovar. Ser fiel a uno mismo sin quedarse atrás.
Martins explica que tradición e innovación nunca se han visto como fuerzas antagónicas que deban competir entre sí, sino que, por el contrario, se alimentan mutuamente. Esta balanza lleva a una obsesión por el diseño atemporal, la artesanía meticulosa y, por supuesto, un sonido impecable.
Estos tres pilares permiten trabajar con una coherencia que aporta "continuidad estética y acústica. Es lo que nos ha permitido evolucionar durante un siglo sin perder nuestra esencia", sentencia el portavoz.
Sin embargo, si hay una revolución en la tecnología que ha llegado a un ritmo descomunal, esa es la inteligencia artificial.
Resulta inevitable preguntarle a Martins cómo encaja el cálculo de un algoritmo en una empresa donde se presume de artesanía y cuidado de los materiales y productos a mano. Esa mezcla de rapidez tecnológica con mimo orfebre.
Lejos de adoptar una postura tecnófoba o huidiza, Martins explica que desde Bang & Olufsen han decidido abrazar la IA, pero estableciendo líneas rojas muy claras. "La inteligencia artificial no sustituye nuestra artesanía; la potencia", recalca.
Rui Martins, director general de Bang & Olufsen para España.
De este modo el directivo explica que la IA es un aliado para tareas de altísima complejidad técnica, utilizándola para optimizar procesos acústicos, personalizar al máximo la experiencia del usuario final y, un punto crítico hoy en día, mejorar la eficiencia energética de todos sus dispositivos. Así por ejemplo, gracias a estos algoritmos, los equipos pueden ajustar el sonido en tiempo real, adaptándose dinámicamente al entorno físico o a los hábitos de escucha particulares de cada usuario.
La IA también ha transformado su departamento de diseño industrial, permitiéndoles simular con extrema precisión materiales, acabados y comportamientos físicos mucho antes de fabricar el primer prototipo real. Sin embargo, la frontera está delimitada: el toque humano sigue siendo sagrado e irremplazable.
Máquinas y algoritmos calculan, pero las manos humanas crean: "el aluminio se pule a mano, la madera se trabaja como hace décadas y cada producto pasa por controles artesanales. La tecnología debe estar al servicio de la experiencia, no al revés".
Rebelión contra la obsolescencia programada
Más allá de la experiencia de usuario, los materiales premium o el diseño, hay otro elemento irrenunciable para la compañía: la durabilidad. Un Bang & Olufsen no caduca.
Es habitual que dispositivos tecnológicos de cientos de euros queden obsoletos en pocos años. Frente a este panorama, los daneses enarbolan con orgullo la bandera de la longevidad. No les basta con integrar nuevas plataformas, estándares de conectividad de última generación o capacidades digitales vanguardistas sino que debe "sentirse bien, envejecer bien y formar parte del hogar durante décadas".
Beoplay H100
Esta concepción a largo plazo es, según Martins, lo que realmente diferencia a la marca en un mercado dominado por la inmediatez y la obsolescencia. Esta promesa de durabilidad, encarnada —por ejemplo— en los nuevos H100 y en el resto de su ecosistema, no es un mero eslogan de marketing, sino que se apoya en pilares tangibles: actualizaciones de software prolongadas en el tiempo, un diseño que prima la reparabilidad y programas como Recreated Classics.
Esta iniciativa es toda una declaración de intenciones, ya que permite restaurar productos icónicos de la marca y otorgarles una segunda vida, demostrando que la verdadera sostenibilidad pasa por evitar que un equipo termine en la basura. "No es solo crear lo nuevo, sino cuidar lo que ya existe", defiende.
Precisamente, pensando en durabilidad en el tiempo, la pregunta a Martins es obvia: ¿dónde estará Bang & Olufsen dentro de otros 100 años? "Nos veo exactamente donde debemos estar: liderando la unión entre tecnología, diseño y emoción", vaticina.
De este modo, Martis asegura que la promesa para el próximo siglo es mantener la esencia, creando productos que trasciendan la mera utilidad práctica; objetos "que no solo se usen, sino que se sientan".
Son plenamente conscientes de que en los próximos 100 años los cimientos de la tecnología cambiarán y evolucionarán a una velocidad aún más vertiginosa que en el siglo pasado. Sin embargo, la marca confía ciegamente en una constante antropológica: "la necesidad humana de experiencias sensoriales auténticas seguirá intacta. Crearemos dispositivos que acompañarán a las personas durante décadas, que se integrarán en sus vidas y que seguirán siendo relevantes incluso cuando la tecnología haya evolucionado".
