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Estados Unidos atraviesa hoy un clima generalizado de miedo y alta tensión. Bajo la administración de Donald Trump, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, conocido como ICE, está llevando a cabo redadas, detenciones y expulsiones migratorias a una escala sin precedentes recientes.

Para localizar inmigrantes el ICE emplea una batería de tecnologías de vigilancia: desde escaneo del iris hasta software espía y aplicaciones GPS. Frente a estas tácticas cada vez más intrusivas, el temor y la incertidumbre entre la población se han traducido en patrullas de observadores que han convertido un objeto cotidiano en una herramienta de resistencia: el silbato.

Ese simple instrumento de viento, de una única nota, ha pasado de ser un accesorio cualquiera a pieza clave en la defensa frente a la represión migratoria de Trump, utilizado para alertar a los ciudadanos de la presencia de agentes y de las redadas del ICE en sus barrios.

De hecho, no fue casual que Justin Vernon, líder y cantante del grupo Bon Iver, apareciera en los últimos premios Grammy con un silbato colgado del cuello, en homenaje a los observadores que lo hacen sonar en las calles de Minneapolis (EEUU).

En ciudades como Chicago, Minneapolis, Seattle o Los Ángeles se están distribuyendo gratuitamente cientos de miles de silbatos impresos en 3D para convertir las detenciones silenciosas en actos públicos y visibles. Incluso hay voluntarios que, bajo el proyecto 'This Whistle Fights Fascists', están imprimiendo estos modelos y ofreciendo instrucciones para que cualquiera pueda producirlos en casa.

Impresos en 3D

Este proyecto representa un caso realmente interesante de cómo el activismo tecnológico puede escalar con recursos mínimos y máximo impacto social.

El silbato tiene una función clara: cuando alguien detecta operaciones del ICE en su barrio, lo hace sonar para que el ruido alerte a los vecinos para que tomen inmediatamente una acción, ya sea la de alejarse si es una persona vulnerable, agruparse de forma pacífica, grabar lo que sucede o llamar a redes de apoyo legal.

El kit de alerta contra el ICE que incluye un silbato impreso en 3D. Reuters Omicrono

Cada kit de alerta incluye un silbato impreso en 3D, pequeño pero lo bastante potente como para escucharse a varias manzanas de distancia, además de tarjetas informativas traducidas a varios idiomas con instrucciones claras y los números de contacto de líneas directas de organizaciones de defensa legal.

Junto a ese material se incorporan patrones específicos de silbidos —uno para avisar de un avistamiento cercano, otro para señalar que hay una detención en curso— que permiten coordinar la respuesta sin necesidad de palabras.

Cabe señalar que las operaciones del ICE suelen durar apenas unos minutos, de modo que la velocidad de reacción lo es todo. El sonido del silbato se reconoce al instante y recorre más espacio que un grito, mientras que resulta mucho más rápido y fiable que depender de aplicaciones móviles.

Los makers —personas que aprenden de forma autodidacta tecnología para desarrollar proyectos de impresión 3D— también se están sumando a esta iniciativa imprimiendo silbatos desde su casa, ya que es una tarea sencilla.

Una mujer soplando un silbato para alertar del ICE en Minneapolis. Reuters Omicrono

Incluso sale más rentable que enviarlos directamente desde China. Cada silbato cuesta apenas centavos en materiales, ofrece una escalabilidad inmediata, ya que cualquier persona con una impresora 3D puede unirse a la red de producción, y tiene un diseño abierto: se comparten los archivos STL libremente para poder replicarlos.

Existe incluso una wiki, denominada 'Whistle Crew', en la que se responden preguntas frecuentes y se ayuda a los nuevos usuarios de la comunidad. Incluso en ella se añaden nuevos diseños de silbatos que se imprimen más rápido para satisfacer la creciente demanda.

Aunque la gran mayoría imprime derivados de dos silbatos: el ACstudio Micro Bitonal y el Penne. El primero ofrece un sonido estridente y ensordecedor con un ligero soplido; mientras que el segundo usa más aire para producir un sonido más simple, como explican desde The Verge.

También se dan casos de usuarios que imprimen números de teléfono o eslóganes sobre los propios silbatos. Otra de las claves es que la comunidad ha ido optimizando y refinando el diseño de los silbatos para maximizar tanto el volumen como la durabilidad.

Una mujer soplando un silbato en una redada en Minneapolis. Reuters Omicrono

En la wiki también cuentan con una serie de normas. Por ejemplo, se expulsa a cualquiera que publique sobre actividades ilegales, los administradores no controlan el grupo y son cuidadosos cuando alguien pide un silbato gratuito, ya que si es para un propósito no legal, no cumplen la solicitud.

Objeto de críticas

Los silbatos se han convertido en un símbolo físico contra el ICE, en el que los vecinos se apoyan unos a otros. Pero también se han transformado en objeto de críticas, especialmente en el bando de la derecha estadounidense.

Una mujer soplando un silbato en una redada en Minneapolis. Reuters Omicrono

Un bando que ha tildado los silbatos de "máquinas causantes de pérdida auditiva" y que afirma que el simple acto de hacer sonar uno de ellos puede constituir una "agresión", como señalan desde The Guardian.

"Esas mujeres se desviaron deliberadamente para cruzar la calle y, podría decirse, agredir a los agentes con silbatos en los oídos", señaló la semana pasada Steven Crowder, un conocido streamer de derecha, refiriéndose a las mujeres que se encontraban en el lugar del asesinato de Alex Pretti en Minneapolis.

Pero Crowder no está solo. Se han dado otros casos. Por ejemplo, Mike Cernovich, que forma parte de un movimiento conservador, afirmó que los silbatos "deberían considerarse un arma violenta"; y Megyn Kelly, una podcaster de derecha, sugirió que el uso de estos dispositivos contribuyó a que Pretti fuera asesinado por agentes del ICE.