Convivir con personas y animales, suponiendo que sean dos categorías distintas, puede ser agotador. A falta de tener mayordomos robóticos, las tareas domésticas generan discusiones, hay que sacar al perro aunque esté diluviando y los gatos tienen la extraña costumbre de pisarte la cabeza a las 4 de la mañana. Esa convivencia tiene la contrapartida, entre otras cosas, de no sentirte solo en el mundo.
Hay quien prefiere evitar lo primero sin renunciar a lo segundo. De ahí el furor que están causando en China todo tipo de mascotas con inteligencia artificial.
No tanto como juguetes para niños o compañeros para paliar la escasez o ausencia total de contacto humano de las personas mayores, que también, sino como amigos virtuales para una generación, entre los 20 y los 30 años, castigada por la política de hijo único que el gobierno chino está intentando revertir a marchas forzadas.
Se pudo comprobar en el último CES de Las Vegas, la feria de electrónica más importante a nivel mundial, con novedades que parecen salidas de un capítulo de Black Mirror. Entre ellas estaba LilMilo, un adorable perrete que usa IA para reconocer voces y desarrollar una personalidad propia. Un producto que acaba de ser presentado en España por Ecovacs, empresa china especializada en robots aspiradores, limpiapiscinas y cortacésped, que ha encontrado una nueva línea de negocio.
Estas presentaciones no son un caso aislado, sino la punta del iceberg de un auge que no parece tener techo y que está preparando su desembarco en los mercados de EEUU y Europa. Según un reciente informe de la Asociación de la Industria del Juguete de Shenzhen y la tienda online JD.com, el mercado chino de juguetes con IA superará los 1.150 millones de euros en 2030, con una tasa de crecimiento anual superior al 70 %.
Mascota robot Lilmilo
Más allá del apoyo emocional que puedan proporcionar estos peluches hipervitaminados con la última tecnología, expertos de todo el mundo advierten sobre sus peligros, desde una fuerte dependencia emocional hasta la sustitución de las relaciones personales.
Esta versión 3.0 de los clásicos Tamagotchi ofrece una compañía siempre disponible, complaciente y sin conflictos, lo que puede cronificar la soledad y dificultar los vínculos con mascotas, familia y amigos de carne y hueso.
Más allá de implicaciones psicológicas y afectivas, las mayores preocupaciones tienen que ver con que estos juguetes son una auténtica pesadilla para la privacidad. Son los espías perfectos, 'caballos de Troya' con múltiples sensores que capturan voz, imágenes, rutinas y emociones de forma permanente, lo que supone evidentes riesgos de un uso comercial abusivo por parte de las compañías tecnológicas.
A eso hay que añadir las vulnerabilidades típicas de los dispositivos conectados: un pequeño fallo de seguridad puede permitir que terceros accedan a imágenes del hogar y roben todo tipo de datos personales y biométricos, con el riesgo que eso supone.
Las nuevas mascotas con IA
"Otras personas se casan y tienen hijos; yo ya estoy criando una mascota de IA", explica una usuaria de Rednote, una red social china, según un reportaje de The Washington Post. Es una frase que resume la crisis demográfica del gigante asiático, que está detrás de la epidemia de soledad que se extiende tanto entre jóvenes que viven solos como entre personas mayores que se quedan sin familiares cercanos.
Este aumento de hogares unipersonales ha impulsado lo que muchos analistas llaman “economía de la soledad”, con negocios y servicios específicamente orientados a quienes viven sin compañía. Es algo que explica el éxito de apps como Sile Me, con una premisa tan cruda como necesaria: verificar de forma constante si el usuario sigue con vida.
Peluche inteligente de Huawei
La moda de los robots, muñecos y otras criaturas con inteligencia artificial forma parte de esta tendencia, con 'bichos' como el diminuto Fuzozo, una bola de pelo que ronronea cuando la acaricias y está pensada para llevar siempre encima, muy parecida a Smart Hanhan, lanzado en noviembre por Huawei junto a los móviles Mate 80 Series, que se agotó en cuestión de horas.
Son versiones avanzadas de los Furbies que tanto éxito tuvieron en España a finales de los años 90. En concreto, Smart Hanhan, con un precio de unos 46 euros, se basa en el LLM Xiaoyi, un modelo de IA desarrollado por la propia Huawei. Está diseñado para mantener conversaciones naturales y adaptadas al contexto, reaccionando a cambios en el tono de voz y señales emocionales del interlocutor.
Sus sensores también responden a estímulos táctiles y de movimiento, que generan reacciones como diferentes expresiones faciales o temblores de distinta intensidad para simular emoción o entusiasmo. Eso sí, requiere una suscripción (gratuita durante tres meses) que "otorga puntos de energía ilimitados para mantener conversaciones más extensas y profundas". La lógica de las tragaperras adaptada a la economía de la soledad.
Quizá lo más inquietante de Smart Hanan, Fuzozo y otras mascotas robóticas es su capacidad para registrar todas las interacciones con sus dueños, grabando entradas de memoria como si fueran un diario digital.
Otra usuaria de Rednote, de nombre Momo, lo explica así: "Me alegra el corazón ver que recuerda un comentario aleatorio que hice. Cuando le muestro afecto, registra esa felicidad en sus diarios. Es maravilloso saber que tu amor es correspondido".
"Esto es exactamente lo que satisfacen actualmente las mascotas de IA: proporcionan compañía emocional con unos costes mínimos de cuidado", sostiene Qi Yue, profesor asociado de psicología en la Universidad Renmin de Pekín, en declaraciones a The Washington Post.
Riesgo de privacidad
No todo son buenas noticias en torno a esta incipiente industria. Otros usuarios de redes sociales chinas aseguran que las interacciones con sus peluches interactivos son divertidas y emocionantes durante un breve periodo inicial, pero pronto las conversaciones se vuelven repetitivas y mecánicas. Algunos informes señalan que el aumento de las ventas también refleja unas elevadas tasas de devolución de estos productos, que se sitúan entre el 30 y el 40 %.
Más allá de la satisfacción del cliente y las limitaciones de estos dispositivos, lo que realmente preocupa es lo que supone a nivel psicológico y de privacidad su presencia constante junto a usuarios. Ofrecen la ilusión de ser los acompañantes perfectos, siempre disponibles y dispuestos a ofrecer consuelo o compañía, pero carecen de la complejidad de los lazos que se generan con el contacto con otras personas y mascotas de verdad.
La mascota con IA Ropet.
"Las conexiones auténticas deben dejarse para la familia y los amigos", sostiene Yue. "Aunque una IA puede hablar contigo, no puede enseñarte a construir relaciones en el mundo real".
Ante la falta de regulación, la otra gran pregunta que plantean expertos y usuarios preocupados por su privacidad es cómo se gestionan y quién tiene acceso a sus datos, captados con micrófonos, cámaras y sensores integrados en las mascotas robóticas.
Su omnipresencia genera perfiles de comportamiento que las empresas tecnológicas pueden explotar con fines de lo más siniestro, con enormes conjuntos de datos que también pueden servir para seguir alimentando el entrenamiento de los modelos de IA.
"El problema fundamental es que el público tiene muy poca transparencia sobre lo que realmente hacen las empresas", señala R.J. Cross, del Grupo de Investigación de Interés Público de EEUU. "Si mantienes conversaciones muy personales, hay compañías al otro lado que están escuchando". Algo que, por otro lado, también afecta a los altavoces inteligentes y otros dispositivos habituales en entornos domésticos.
Las diferentes versiones de la mascota con IA Fuzozo.
Cute World Technologies, una de las compañías chinas que ya han dado el salto al mercado estadounidense, asegura que la mayor parte de los datos que capta Ropet, su adorable mascota con IA, se almacenan en el propio dispositivo, pero algunas funciones opcionales se procesan en la nube.
Por otra parte, como ya se ha demostrado en repetidas ocasiones, cualquier modelo de IA es vulnerable a las alucinaciones, respuestas que suenan seguras y coherentes, pero contienen información falsa o sin base real porque el modelo rellena huecos en lugar de reconocer que no sabe algo.
Para atajar este y otros problemas, el Gobierno chino ha empezado una tímida regulación en torno a los servicios de inteligencia artificial, para exigir a los proveedores que recuerden de forma regular a los usuarios que están interactuando con una IA, y no con un ser humano.
Un pequeño e insuficiente parche que trata de tapar lo evidente: el auge de las mascotas robóticas y virtuales puede ayudar a paliar algunos de los peores efectos de la soledad no deseada, pero el precio a pagar puede ser tan alto como renunciar a la privacidad o exponerse a las prácticas abusivas de las compañías tecnológicas.
