La construcción, sector de gran importancia en España, vive una nueva era marcada por la sostenibilidad y la innovación. Los materiales tradicionales, como el ladrillo, están dejando paso a soluciones que buscan facilitar el trabajo de los obreros, como uno hecho de plástico reciclado, otro de madera, uno fabricado con huevo o uno creado a partir de ropa vieja que combina ligereza y aislamiento térmico.
Se trata de FabBRICK, un innovador ladrillo fabricado con residuos textiles creado por una arquitecta francesa llamada Clarisse Merlet en 2017, cuando era estudiante universitaria, y que fomenta la economía circular.
Se estima que la ropa y el calzado generan alrededor de 5,2 millones de toneladas de residuos al año, el equivalente a unos 12 kilogramos por persona, y apenas el 1% de los textiles se recicla realmente, según diversos estudios.
El 99% restante acaba incinerado o enterrado. Merlet se fijó por aquel entonces en esta estadística y se propuso abordar este problema con FabBRICK, su empresa, que transforma textiles usados en ladrillos decorativos y aislantes, y en muebles mediante un proceso artesanal.
Hecho con ropa usada
En su época de estudiante de arquitectura, Clarisse Merlet vio montañas de textiles desechados y se planteó cómo convertirlos en material de construcción. Poco después empezó a materializar esa idea.
Clarisse Merle, creadora del ladrillo FabBRICK hecho con ropa vieja.
El componente básico del ladrillo es la ropa triturada que la propia Merlet compra ya molida a un proveedor de Normandía (Francia). Las prendas usadas se cortan, se comprimen y se unen con un adhesivo de base biológica, y luego se moldea para crear ladrillos.
Son bloques sólidos, ligeros y estéticamente atractivos. Cada ladrillo reutiliza el equivalente a dos o tres camisetas, de cualquier tipo de tejido, como algodón, elastano o poliéster, por ejemplo.
Estos restos se mezclan con un pegamento ecológico desarrollado por la arquitecta y se prensan en un molde para ladrillos que emplea la compresión mecánica para formar los bloques de construcción.
Esto implica que, para crear cada pieza, apenas se necesita que un trabajador accione el molde, por lo que el proceso consume muy poca energía. Una vez hechos, los ladrillos húmedos se desmoldan y se dejan secar durante dos semanas antes de poder utilizarse.
El ladrillo FabBRICK hecho con ropa vieja.
Los ladrillos no se pueden emplear todavía como elementos estructurales, aunque la arquitecta francesa trabaja para que en un futuro sí puedan asumir también esa función. De hecho, actualmente están realizando ensayos de laboratorio, especialmente en lo relativo al comportamiento frente al fuego y a la normativa de construcción, con la vista puesta en poder emplearlos algún día como componentes constructivos más exigentes.
Por ahora, estos ladrillos destacan por su resistencia al fuego y a la humedad, además de ofrecer un gran rendimiento como aislantes tanto térmicos como acústicos. Actualmente se usan para amueblar boutiques, oficinas, escaparates y espacios para eventos.
El ladrillo FabBRICK hecho con ropa vieja.
La documentación técnica acota su uso a interiores y superficies verticales sin carga, y desaconseja emplearlos en zonas expuestas a humedad o desgaste intenso. Además, los ladrillos están disponibles en cuatro tamaños distintos y se pueden personalizar en color y acabado según el tipo de textil.
Cada pieza conserva colores y fibras de las prendas originales, lo que permite composiciones cromáticas y convierte las paredes en parte del relato visual de la marca que los use.
Sirve cualquier tejido
FabBRICK ya puede presumir de cierta trayectoria. Desde su nacimiento, la empresa ha producido decenas de miles de ladrillos y ha reciclado varias toneladas de residuos textiles, que hoy forman parte de boutiques, oficinas y espacios efímeros en ciudades como París y otros puntos de Europa.
El proyecto cuenta, además, con el respaldo de una tecnología patentada que permite trabajar con casi cualquier tipo de tejido, desde algodón hasta mezclas sintéticas.
El ladrillo FabBRICK hecho con ropa vieja.
FabBRICK se enmarca de lleno en el debate sobre la economía circular. En un contexto en el que la mayor parte de la ropa acaba incinerada o en vertederos, estos ladrillos ofrecen una segunda vida a prendas que ya no se pueden reutilizar ni revender, al tiempo que aportan aislamiento térmico y acústico en interiores.
De cara al futuro, la arquitecta Clarisse Merlet aspira a escalar la producción y diversificar las aplicaciones de su invento. Entre los planes de la empresa figuran el desarrollo de paneles modulares, nuevas formas y tamaños adaptados a proyectos a medida, y la obtención de certificaciones que permitan que estos ladrillos den el salto desde el interiorismo y el mobiliario hacia soluciones constructivas de mayor responsabilidad.
En un momento en el que España y la Unión Europea se han marcado objetivos ambiciosos de reducción de residuos y descarbonización, propuestas como FabBRICK muestran hasta qué punto la innovación en materiales puede cambiar la forma de construir y de diseñar interiores.
Que unas simples camisetas viejas acaben convertidas en paredes, muebles o elementos decorativos no solo alivia la montaña de desechos textiles, también abre la puerta a una nueva estética de la sostenibilidad en la arquitectura y el comercio.
