La evolución de la tecnología aeroespacial en las últimas décadas ha permitido que empresas más pequeñas que las tradicionales se aventuren a la creación de satélites. En España, recientemente la Generalitat catalana ha expresado su intención de crear la Agencia Espacial de Cataluña que invertirá varios millones de euros en el desarrollo de unos cantidad indeterminada de nanosatélites.

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La fabricación de estos pequeños dispositivos espaciales no es algo realmente avanzado y existen en toda la geografía española varias empresas que los diseñan 'a la carta' para empresas de todo el mundo. Y es que la definición más ampliamente aceptada de nanosatélite es la de cualquier artefacto de este tipo que tenga una masa de entre 1 y 10 kilogramos.

Puede no parecer mucho teniendo en cuenta el chasis del satélite o las placas solares necesarias para la alimentación eléctrica, pero la miniaturización de los componentes electrónicos ha conseguido que puedan satisfacer necesidades de todo tipo a un coste relativamente bajo.

Nanosatélites 'baratos'

Hasta hace relativamente poco tiempo, los únicos que eran capaces de lanzar satélites al espacio eran las grandes corporaciones o países con programas espaciales más o menos avanzados. Las facturas que se generaban eran multimillonarias y cada componente, por pequeño que fuera, debía pasar unos exámenes de seguridad que aumentaban exponencialmente el coste.

Nanosatélite Alén Space Omicrono

Década tras década, la experiencia se fue acumulando a medida que los costes de producción caían. El mejor escenario para que cada vez más empresas a nivel mundial se fueran sumando al carro de poner satélites en órbita. Sin olvidarnos del avance de la tecnología de los cohetes -ahora reutilizables- y plataformas lanzamiento. En conjunto, se ha conseguido una tecnología accesible y flexible para cualquier empresa.

Gran parte de ese ahorro proviene del tiempo y requisitos en el desarrollo de los nanosatélites. Hasta que se comenzaron a plantear como herramientas para el común de las corporaciones, cada modelo de satélite prácticamente se desarrollaba desde cero. Plataformas muy especializadas que suponían entre 5 y 15 años de investigación, diseño, desarrollo y fabricación, según nos explica Carlos Méndez, responsable de comunicación de Alén Space, un fabricante de satélites con sede en Pontevedra, Galicia.

"En el caso de nanosatélites, desde que nos llega el planteamiento del cliente hasta que está el dispositivo en órbita pueden pasar tan solo 8 meses y para constelaciones completas estamos hablando de unos 12 o 15 meses", afrima Méndez. Esto es especialmente importante pues los megaproyectos de satélites que se han llevado a cabo tradicionalmente podrían ponerse en órbita con tecnología ya superada. Si tenemos en cuenta los tiempos de desarrollo citados, un satélite podría salir a órbita con tecnología de hace 10 años en un sector donde las novedades se presentan con una cadencia de pocos meses. "Tan solo hay que pensar en la diferencia abismal entre un teléfono móvil de hoy y otro de hace 10 años". Lo mismo ocurre con la tecnología aeroespacial.

Otro de los pilares fundamentales sobre los que se sostienen los nanosatélites pasan por la capacidad de renovarse. Al ser equipos 'baratos', las constelaciones van renovando elementos periódicamente poniendo a disposición del usuario final los últimos avances tecnológicos. "El tiempo de vida útil de un nanosatélite en órbita puede ser 2 o 4 años", nos comentan desde Alén Space. A diferencia de los más grandes que pueden durar incluso varias décadas.

Nanosatélite Alén Space Omicrono

Pero ¿cuánto cuesta un nanosatélite? Según Carlos Méndez, el precio de poner un nanosatélite en órbita estaría en torno a 500.000 euros, según las especificaciones que se requieran. "La primera unidad siempre es la más cara y suele rondar esa cifra, pero a medida que se van construyendo réplicas el coste baja notablemente". La Agencia Espacial Catalana espera emplear unos 18 millones de euros en los primeros 4 años.

Uno de los puntos principales de los nanosatélites es el lanzamiento y puesta en órbita. Actualmente existen varios tipos que van desde poner el satélite en órbita directamente con un cohete o trasladarlo a la Estación Espacial Internacional para luego ser lanzado desde allí. Es un proceso que, normalmente, y salvo excepciones como SpaceX que cuenta con su propia infraestructura, la realizan empresas externas dedicadas específicamente a esa tarea.

Hecho en Cataluña

De la constelación de nanosatélites de que impulsará el gobierno catalán no se conocen, todavía, muchos detalles. Tan solo que en una primera tanda se pondrán en órbita un par de ellos y el objetivo final de colocar otros 4 en próximos meses. La constelación, por tanto, estará compuesta por media docena de satélites. "Suficiente para cubrir una zona de la extensión de Cataluña", nos ha afirmado Carlos Méndez. Las explicaciones proporcionadas por el Govern consisten en una inversión inicial de 2.5 millones de euros y la potencial creación de 1.200 puestos de trabajo.

Satélite Serpens fotografiado desde la Estación Espacial Internacional Alén Space Omicrono

El programa espacial catalán, denominado NewSpace, será el encargado de gestionar el desarrollo de los nanosatélites que recaerá en algunas empresas privadas ya establecidas en el negocio. El objetivo, según informaron en la comparecencia, es el de "mejorar la conectividad y observar la Tierra".

Esas, según nos ha contado Carlos Méndez, son 2 de las aplicaciones más extendidas de las constelaciones de nanosatélites. Con el Internet de las cosas en plena expansión, contar con una conectividad ampliada y mejorada es clave para el desarrollo industrial que vendrá junto con el 5G. "Principalmente para las zonas más remotas. Un satélite puede ser la solución más idónea para recoger esa información y llevarla a su punto de destino".

"Un mismo nanosatélite puede hacer más de una función. Depende del peso y el tamaño del nanosatélite", recalca Méndez. Todo depende de los requerimientos de los clientes. Por ejemplo, podemos tener en un mismo satélite una tecnología de localización de barcos y otra que controle los vertidos en el océano. Todo en el mismo dispositivo que permite incluso combinar ambas fuentes de información.

Nanosatélite Alén Space Omicrono

En cuanto a la observación de la Tierra, los nanosatélites pueden equipar todo tipo de sensores. Por poner algunos ejemplos de cargas útiles, tenemos un sensor óptico tradicional, infrarrojos, hiperespectral, multiespectral, cámaras pancromáticas...

Las constelaciones de nanosatélites también se pueden emplear en la creación de sistemas de navegación, tales como Galileo, Beidou, GPS o GLONASS. Una aplicación que ya está siendo evaluada por el ejército de Estados Unidos que, en un futuro no muy lejano, podría emplear la megaconstelación de satélites Starlink -propiedad de SpaceX- para proveer de posicionamiento y navegación global.