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El pasado mes de mayo se conoció el despido de 8.000 empleados de Meta, aproximadamente un 10% de la plantilla, y el motivo no era ningún secreto; su CEO, Mark Zuckerberg, había adoptado completamente la idea de dejar que la IA llevase su compañía.

Esta semana, Reuters ha revelado que aquello era solo el principio, y que Meta había desarrollado un ambicioso plan, llamado Project Organization Transformation, o Project OT, para que agentes de IA asumieran el papel de miles de empleados humanos.

Según el reportaje, originalmente los ejecutivos querían reducir las divisiones de la compañía en hasta un 60%, lo que hubiera supuesto una segunda ola de despidos incluso mayor a la de la primera mitad del año.

Sin embargo, finalmente el plan no se ejecutó por varias razones, tanto internas como externas, pero principalmente, el gran problema es que la tecnología de la IA no ha avanzado tanto como Zuckerberg creía pese a la cantidad de dinero que ha invertido.

Para empezar, los despidos iniciales fueron desastrosos para Meta, tanto para su imagen pública como para la moral de los trabajadores que aún quedaban en la compañía, y que sospechaban que estaban 'cavando su propia tumba'.

Esto no era ningún secreto, ya que prácticamente al mismo tiempo que dejaba en la calle a 8.000 personas, Meta adoptó una nueva política interna por la cual los empleados tenían que instalar un programa en sus ordenadores que registraba todas sus acciones.

El objetivo no era espiar a los trabajadores, sino entrenar los modelos de IA de Meta para que, con el tiempo, fuesen capaces de cumplir las mismas funciones; en otras palabras, los empleados estaban entrenando a los robots que les iban a quitar el trabajo.

Los agentes de IA son programas entrenados para tareas concretas y que son capaces de tomar el control del ordenador o el smartphone para ejecutarlas; aunque compañías como Google, Anthropic y la propia Meta presentan los agentes de IA como una "ayuda" para que los empleados puedan dedicar tiempo a lo importante, en la práctica su uso como sustitutos de los trabajadores es obvio.

La apuesta de Zuckerberg era que la inversión en agentes de IA le iba a permitir ponerse por delante en esta tecnología, y el propio CEO no ocultó que los 8.000 despidos iniciales iban a liberar capital para esa inversión.

Pero la realidad es que, aunque los agentes de IA han avanzado mucho, siguen siendo inútiles sin un empleado humano que revise y permita sus acciones.

Zuckerberg confesó en julio que la tecnología estaba progresando "mucho más lentamente" de lo que esperaba, lo que ha obligado a Meta a revisar su previsión de gastos para el 2026 hasta los 145.000 millones de dólares.

Mientras tanto, la compañía está en llamas. Los empleados están usando las plataformas de mensajería interna para criticar el liderazgo de la compañía, al mismo tiempo que tienen que corregir los defectos y las caídas de servicio provocadas por código generado por IA.

Y fuera, la cosa no está mejor. Meta ha sido denunciada por 26 de los empleados despedidos en abril por supuestamente haber usado un sistema basado en IA para decidir quién iba a ser despedido, que habría seleccionado a personas con discapacidades de manera desproporcionada.

Todo esto ha obligado a Meta a abandonar el Project OT, al menos por ahora; un representante de la compañía ha respondido a la publicación de Reuters confirmando que el plan era despedir hasta el 60% de algunos equipos, pero afirma que "en definitiva, no seguimos adelante con todos los escenarios del ejercicio, y nunca dimos por sentado que lo haríamos".