El idilio entre la empresa de Cupertino y la compañía de Sam Altman ha durado menos de lo que podría haberse esperado. Lo que en su día se presentó como el matrimonio de conveniencia perfecto para salvar los muebles de una Apple que llegaba tarde a la fiesta de la inteligencia artificial, se ha convertido hoy en un campo de batalla.
Hay reproches, acusaciones de sabotaje y, sobre todo, contratación de ingenieros clave robados a base de golpe de talonario.
Desde las oficinas de OpenAI la consigna es clara: Apple no ha jugado limpio. La compañía liderada por Sam Altman está convencida de que los de Tim Cook nunca tuvieron la intención real de integrar ChatGPT de forma honesta en el iPhone.
Para los responsables de la IA más famosa del mundo, Apple ha ejecutado un plan de integración deliberadamente mediocre, casi como si hubieran querido ponerle palos a las ruedas a una tecnología que les supera pero que necesitan para que Siri no parezca un juguete de finales de la década pasada.
El malestar en OpenAI no es una simple pataleta de ingenieros heridos en su orgullo. Según los datos internos que maneja la compañía, la experiencia de ChatGPT dentro de iOS es, siendo generosos, una sombra de lo que ofrece su aplicación nativa.
Los resultados resumidos que ofrece el sistema operativo de Apple son calificados de mediocres y están muy por debajo de los estándares de calidad que Altman exige. Parece que Apple, en su afán por controlar cada milímetro de su ecosistema, ha preferido ofrecer una versión descafeinada antes que permitir que una tecnología ajena brille con luz propia en el corazón de su producto estrella.
Pero el dinero, como siempre, es el motor que termina por encender todos los fuegos. OpenAI esperaba que esta alianza se tradujera en ingresos milmillonarios gracias a la exposición masiva que supone estar presente en cientos de millones de dispositivos.
Pregunta sobre uso de ChatGPT en Siri
La realidad es que la integración es tan deficiente que los usuarios apenas la usan, prefiriendo descargar la aplicación independiente de la App Store, donde Apple sí se lleva su correspondiente comisión por cada suscripción, pero donde OpenAI mantiene un mayor control. El negocio, para Altman, está siendo mucho peor de lo esperado.
La respuesta de Apple, sin embargo, no es de sumisión. El enfado de Apple tiene nombre y apellidos: los de más de 40 ingenieros de primer nivel que han abandonado las filas de la histórica empresa para unirse a las de OpenAI en los últimos meses. Y eso sin contar los fichados antes.
Sam Altman ha iniciado una campaña de caza de talento sin precedentes, desmantelando equipos clave de diseño y hardware de Apple para alimentar su propio sueño de hardware, ese dispositivo que se está diseñando.
No es casualidad que este trasvase de cerebros se haya acelerado tras la adquisición por parte de OpenAI de la empresa fundada por Jony Ive. El hombre que dio forma al iPhone ahora trabaja desde las sombras para su mayor competidor potencial, y lo hace llevándose consigo el ADN de la ingeniería de Cupertino.
Jony Ive (a la izquierda) y Sam Altman (a la derecha).
En este escenario de desconfianza mutua, los abogados ya han empezado a afilar sus plumas. Según Bloomberg, OpenAI está trabajando con firmas externas para estudiar posibles acciones legales por incumplimiento de contrato, alegando que Apple no ha realizado un esfuerzo honesto para que la integración funcionara.
Mientras tanto, Apple ya mira hacia otro lado. Los rumores sobre una apertura masiva de iOS a otros agentes de inteligencia artificial para la futura versión del sistema operativo ganan fuerza.
Además, los lazos con Google y su modelo Gemini parecen estrecharse, dejando a ChatGPT como una opción secundaria, casi una molestia de la que Apple se quiere librar en cuanto sus propios modelos de lenguaje estén lo suficientemente maduros para no hacer el ridículo.
