En un principio la geolocalización era una de las barreras que muchos gobiernos intentaban no saltar; es prácticamente la última frontera para muchos, ya que supone una invasión de nuestra privacidad a priori importante. Lo que a prior iparecía una medida desesperada propia de países como Corea del Sur, ahora se está trasladando a Occidente.

Noticias relacionadas

Estados Unidos ha recurrido al uso de la ubicación para controlar el COVID-19. A diferencia de países como España que han anunciado que desarrollarán una aplicación, Estados Unidos según fuentes del Wall Street Journal los gobiernos federales, tanto estatales como locales, están recabando datos de ubicación provenientes de anuncios móviles.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos están siendo los canales por los que se recaba dicha información, que supuestamente es anónima. La clave de esta información es ayudar a los funcionarios a comprender dónde se reúnen grandes cantidades de personas, y así delimitar zonas de riesgo del coronavirus.

Ubicación para luchar contra el coronavirus

Donald Trump.

La idea detrás de esta polémica medida es crear un portal con datos de ubicaciones para hasta 500 ciudades del país. Los CDC están obteniendo estos datos a través de un proyecto coordinado por expertos provenientes de las mejores universidades del país, como Harvard o Princenton. De nuevo, las fuentas del Journal aseguran que estos datos son anónimos y no entrañarán peligro alguno para la privacidad de los "afectados".

De hecho, se podría decir incluso que no cambia nada; la recolección de datos de ubicación ya es una práctica común entre las grandes tecnológicas. La diferencia es que, en este caso, el Gobierno de Trump está recabándolos de forma directa para crear esta red de datos para analizar la movilidad de las personas. Los datos son anónimos precisamente porque no se necesita saber la identidad de las personas, sino qué lugares frecuentan.

¿Para qué necesitan la ubicación?

Privacidad.

Es fácil preguntarse el cómo saber dónde estamos puede ayudar a tomar medidas contra el coronavirus. Gracias a estos datos las autoridades pueden, por ejemplo, vigilar lugares más proclives a ser visitados por personas que se salten las normas de cuarentena.

Como en el caso de Israel, otro de los usos para estos datos radica en establecer zonas de contagio potenciales. Con los datos de ubicación en mano se pueden delimitar zonas en las que el tráfico de personas siga siendo frecuente y así, por ejemplo, desarrollar una app para notificar a los usuarios que se salten la cuarentena en caso de que se acerquen a una de estas zonas de riesgo.

Por supuesto esto no deja de despertar precoupaciones a nivel de privacidad. Los datos son anónimos, desde luego, pero no dejan de ser datos que pueden ser muy intrusivos si se saben aprovechar, y que los Gobiernos estén usando el coronavirus como excusa para acceder a ellos sin límites despierta la inquietud de cualquiera.