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A punto de terminar el mes de agosto, China recuerda al mundo que Estados Unidos no es la única potencia capaz de liderar la exploración espacial. Esta semana, han celebrado el primer aterrizaje en tierra de un cohete privado chino y se encuentran a las puertas de su misión lunar más importante de la historia.

Ha llegado el momento, este domingo 24 de agosto lleva en el calendario de la agencia espacial china (CNSA) marcado desde hace meses como el día del lanzamiento de Chang'e-7, su misión lunar tecnológica más compleja hasta la fecha.

El objetivo es buscar depósitos de agua congelada en cráteres cerca del polo sur lunar, pero a largo plazo el éxito de este viaje debería establecer los cimientos para un alunizaje tripulado antes de 2030 y, quizás, adelantar a Estados Unidos en sus planes para futuras misiones Artemis.

La Oficina de Ingeniería Espacial Tripulada de China (CMSEO) anunció que el lanzamiento está programado para este fin de semana; los avisos de cierre del espacio aéreo indican que la ventana de lanzamiento se abrirá alrededor de las 20:00 (hora del este) del 23 de agosto (00:00 UTC del 24 de agosto- 02:00 de la madrugada del lunes en España peninsular).

Un saltamontes lunar

La nave espacial Chang'e-7 despegará desde el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang, en la provincia insular sureña de Hainan, a bordo de un cohete Long March 5 con una carga útil que incluye una serie de instrumentos científicos como analizadores de agua, cámaras y radares.

Tras su lanzamiento, la nave Chang'e-7 orbitará la Luna durante varios meses antes de liberar su módulo de aterrizaje para intentar un alunizaje a finales de año. Se intentará un aterrizaje preciso con una trayectoria elíptica de menos de 100 metros, con el objetivo de alcanzar una zona conocida como el Pico Cercano a Shackleton, en referencia al gran cráter Shackleton.

Una vez liberado del módulo de aterrizaje de Chang'e-7, este deberá explorar los diferentes cráteres en los que apenas roza la luz solar en busca de hielo. Incluso se perforará a un metro de profundidad aproximadamente. Un laboratorio a bordo, calentará la muestra a 200 grados para analizarla con un espectrómetro de masas y a un espectrómetro láser para determinar su composición y origen.

Recreación de Chang'e-7 CNSA Omicrono

El módulo se ha diseñado para "saltar" (mediante propulsión) desde zonas iluminadas por el sol hasta cráteres en sombra. Para ello, utiliza tecnología de absorción de impactos activa con la que aterrizar de forma segura en pendientes. También desplegará el primer sistema chino de navegación por imágenes de referencia para el espacio profundo.

Para los rovers con ruedas, la pendiente de los cráteres en la Luna es un reto importante. Con Chang'e-7 se ha optado por un sistema de seis patas articuladas que le permiten aterrizar en los cráteres con mayor seguridad y después regresar a los bordes iluminados por el Sol para recargar sus baterías.

La agencia estatal de noticias china Xinhua ha informado de que se espera que el vehículo realice al menos tres saltos durante la misión. Pero, se desconocen los detalles técnicos sobre el peso del avión, el rendimiento del motor o el alcance de vuelo.

Instrumentos internacionales

La misión no es exclusivamente china, su tecnología es fruto de una gran colaboración internacional. Para empezar, en el módulo de aterrizaje se encuentra el conjunto de instrumentos PmL-Ch7 de la Academia de Ciencias de Rusia capaces de detectar polvo lunar y una sonda Langmuir que mide la temperatura y la densidad del plasma cercano.

Por otro lado, el Laboratori Nazionali di Frascati en Italia firma el conjunto de retrorreflectores láser en el módulo de aterrizaje. También de Europa llega el espectrómetro de radiación terrestre de doble canal que ha desarrollado el Observatorio Meteorológico y Físico de Suiza.

Módulo de aterrizaje de Chang'e-7 CSNA Omicrono

La cámara encargada de generar imágenes hiperespectrales de alta resolución de la superficie lunar es un trabajo conjunto entre la Agencia Espacial de Baréin y la Agencia Espacial Egipcia.

Además el orbitador está equipado con un hodoscopio que evalúa las partículas de alta energía relacionadas con el clima espacial y la radiación cósmica emitida por el Sol. Este es obra del Instituto Nacional de Investigación Astronómica de Tailandia.

Por último, el pequeño telescopio óptico de última generación y amplio campo visual, montado en el módulo de aterrizaje ha sido desarrollado por la Asociación Internacional del Observatorio Lunar (ILOA Hawaii) y el Laboratorio de Investigación Espacial de la Universidad de Hong Kong (HKU-LSR).

En busca de agua

El polo sur lunar se ha convertido en una de las zonas más codiciadas del astro. La presencia confirmada por la NASA de agua en forma de hielo puede suponer un punto de inflexión en los viajes interplanetarios tal y como están planteados en la actualidad.

Esos recursos podrían usarse en el futuro como agua potable y oxígeno para los humanos, además de como combustible para los cohetes. Sin embargo, acceder a estos recursos no es fácil. Según la NASA, en algunos de estos terrenos sombreados las temperaturas pueden descender hasta los -203 grados Celsius. La falta de luz solar pone también en peligro los equipos que consiguen llegar.

Estados Unidos, India y Rusia también han fijado como objetivo el polo sur de la Luna en busca de estos recursos, pero solo India logró aterrizar cerca de la región con su misión Chandrayaan-3 en 2023.

Foto finish entre EEUU y China

El pasado mes de abril, cuatro astronautas estadounidenses (y un canadiense) hicieron historia en la misión Artemis II, sobrevolando la luna y llegando donde no había llegado otro ser humano antes (una distancia récord de 252.756 millas de la Tierra), observando la cara oculta de la Luna.

A este hito le sigue la misión Artemis III, que está prevista para el próximo año. En esta misión se llevará a cabo la maniobra de acoplamiento de la Orion con el Human Landing System (HLS) en la órbita de la Tierra. El HLS es el módulo que emplearán los astronautas de Artemis IV (prevista para 2028) para ir desde la órbita lunar hasta la superficie del satélite natural.

Concepto de la sonda lunar china Chang'e-7 en la Luna. CNSA Omicrono

Con este calendario, la NASA se adelantaría a China en la meta de establecer un equipo de humanos durante un periodo largo en el satélite. Sin embargo, el programa Artemis ya ha sufrido retrasos.

Por su parte, China pretende lanzar la sonda Chang'e-8 para 2029. Junto con Chang'e-7 supone las bases del ambicioso plan de colonización de la Luna para 2030 que planteó hace un par de años el gigante asiático.

Con la colaboración de Rusia, el país asiático quiere establecer una base científica en la Luna. A su vez, la industria espacial china ha establecido esta última década la estación espacial Tiangong en la órbita terrestre, donde ya viven taikonautas (astronautas de China) y están avanzando en el desarrollo de cohetes reutilizables para acelerar el ritmo de lanzamientos y la creación de grandes constelaciones de satélites.

China se puso las pilas hace años para conquistar el espacio y ahora se ven los frutos de este intenso trabajo en misiones como esta.