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La NASA ha dado por cerrada la misión que pretendía salvar al observatorio Swift antes de que caiga a la Tierra. La agencia y la empresa Katalyst Space Technologies anunciaron ayer que la nave de rescate no podrá cumplir su objetivo.

El telescopio lleva más de dos décadas observando algunos de los fenómenos más violentos del universo. Su destino ahora es una reentrada incontrolada en la atmósfera antes de que termine el año.

El plan original consistía en enganchar el observatorio con una nave llamada Link y remolcarlo hasta una órbita más alta. De haber funcionado, el telescopio habría ganado varios años más de vida útil.

Katalyst explicó que Link sufrió problemas graves de control poco después del despegue. La nave entró en un giro descontrolado semanas después de su lanzamiento, ocurrido a principios de julio.

Ante esa situación, la compañía concluyó que no existía forma segura de aproximarse al Swift ni de capturarlo. Por eso decidieron cancelar el intento de captura y de impulso orbital.

Katalyst fue fundada en 2019 con el objetivo de construir flotas de naves autónomas para dar servicio a otros satélites. Su consejero delegado, Ghonhee Lee, aseguró que la empresa asumió un reto de alto riesgo y alta recompensa.

Lee añadió que, pese al fracaso, el equipo se siente orgulloso de los hitos alcanzados durante el proceso. Según explicó, aplicarán las lecciones aprendidas en futuros vuelos de la compañía.

El observatorio Swift fue lanzado en 2004 con una misión inicial de solo dos años. Desde entonces ha superado todas las expectativas y continúa entregando datos de gran valor científico.

Su especialidad son los estallidos de rayos gamma, las explosiones más energéticas conocidas en el cosmos. Estos fenómenos liberan en segundos más energía que la que el Sol emitirá en toda su vida.

Un responsable de la división de astrofísica de la NASA explicó recientemente que nada localiza estos estallidos con la precisión del Swift. Comparó su magnitud con la de una explosión nuclear, aunque a una escala muchísima mayor.

La NASA había pagado 30 millones de dólares a esta startup de Arizona para llevar a cabo el rescate. Se trataba de la primera vez que una nave robótica comercial intentaba capturar un satélite gubernamental no tripulado.

Vista de uno de sus paneles solares en órbita terrestre baja. Katalyst Space Omicrono

El satélite orbita actualmente a unos 347 kilómetros de altura y pierde altitud a un ritmo de unos 8 kilómetros al mes. Ese descenso se acelerará progresivamente a medida que se adentre en capas más densas de la atmósfera.

La causa principal de esta pérdida de altura es la intensa actividad solar registrada en los últimos meses. El calentamiento de la atmósfera superior aumenta el rozamiento sobre los satélites en órbita baja.

La propia NASA había advertido en septiembre de que existía un 50% de probabilidades de una reentrada incontrolada a mediados de 2026. Esa probabilidad subía hasta el 90% antes de que finalizase el año.

Para el lanzamiento de Link se recurrió a un cohete poco habitual, el Pegasus XL de Northrop Grumman. Este vehículo aéreo llevaba cinco años sin volar antes de esta misión.

La elección respondía a la particular inclinación orbital del Swift, de apenas veinte grados. Esa trayectoria resulta difícil de alcanzar desde la mayoría de las bases de lanzamiento estadounidenses.

Ahora se espera que el telescopio se desintegre en la atmósfera en algún momento posterior a octubre. No se anticipan riesgos significativos para zonas habitadas, ya que la mayor parte del aparato se quemará durante la caída.

El fracaso de esta misión también afecta a los planes futuros de mantenimiento orbital de la NASA. El Hubble, activo desde hace 36 años, era el siguiente candidato a recibir un impulso similar.

Ese telescopio icónico también está perdiendo altitud debido al mismo aumento de actividad solar. De no intervenir, los cálculos apuntan a una reentrada en la década de 2030.

Un rescate del Hubble ya había sido propuesto anteriormente por un exaspirante a administrador de la NASA, aunque finalmente fue descartado. La cancelación de la misión del Swift complica ahora cualquier intento similar a corto plazo.

La NASA defendió en su momento este tipo de colaboraciones como una forma de abrir nuevas capacidades comerciales para el sector espacial. La idea era demostrar que empresas privadas pueden encargarse del mantenimiento de infraestructuras ya en órbita.

Con la cancelación del rescate, la comunidad astronómica pierde una herramienta que seguía en pleno funcionamiento científico. La reentrada pondrá fin a más de dos décadas de observaciones ininterrumpidas del cielo de alta energía.

La NASA no ha anunciado por el momento ningún plan alternativo para sustituir la cobertura que ofrecía el Swift. Tampoco ha precisado si se intentará algún nuevo tipo de rescate comercial en el futuro cercano.