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La Estación Espacial Internacional tuvo un viernes agitado. La aparición de nuevas fugas y el intento de reparación de las mismas acabó llenando los periódicos de medio mundo. La alerta creció al conocerse que la NASA había pedido a sus astronautas refugiarse en la nave Crew Dragon de SpaceX para una posible evacuación de emergencia.

Esta medida cautelosa duró poco, pues la NASA y Roscosmos informaban a las cinco de la tarde que de las dos fugas detectadas en el módulo PrK, la primera se había sellado rápidamente y continuaban con los preparativos para sellar la segunda.

Una vez superado el susto, este nuevo suceso, plantea el estado de deterioro de la ISS y la posible urgencia de jubilar a la mítica estación.

La NASA y el Congreso de los Estados Unidos están considerando extender la vida útil de la estación espacial al menos hasta 2032, o incluso más, hasta que se disponga de un reemplazo donde continuar con las investigaciones espaciales.

Impactos constantes, fugas recurrentes

La ISS lleva décadas en órbita, soportando el impacto de micrometeoritos y basura espacial, así como cambios extremos de temperatura (de unos +120 °C al sol a −150 °C en sombra). Algunos de sus módulos llevan casi tres décadas en el espacio. No solo se plantea la necesidad de reemplazarla para poder contar con tecnología y espacios más modernos, las grietas suponen un peligro cada vez más preocupante.

Las fugas que más quebraderos de cabeza han dado se detectaron por primera vez en 2019 en el túnel que conecta Zvezda con el puerto de acoplamiento para recibir naves espaciales. En concreto, el módulo PrK es esencialmente un túnel de transferencia conectado al módulo de servicio Zvezda en el segmento ruso de la estación espacial.

Estación Espacial Internacional Efe

En una reunión del Consejo Asesor de la Estación Espacial Internacional celebrada el 29 de abril, Bob Cabana, presidente del comité, declaró que la causa de las grietas en PrK siguen bajo investigación, los ingenieros aún no comprenden cómo se formaron las grietas ni cómo lidiar con ellas.

Hasta ahora se han barajado dos posibles causas: fatiga por ciclos muy elevados debido a las vibraciones de las bombas que mantiene a la ISS en órbita o agrietamiento inducido por factores ambientales. Los esfuerzos rusos por restaurar las grietas han surtido efecto en anteriores ocasiones, pero estas vuelven a aparecer, lo que obliga a sellar la zona.

Cuando se utiliza el vestíbulo, los miembros de la tripulación de la ISS de la NASA y de otros países no rusos permanecen en el segmento estadounidense de la estación, con la escotilla que separa los segmentos estadounidense y ruso cerrada.

En el peor de los escenarios, la NASA y Roscosmos podrían verse obligadas a cerrar de forma permanente la escotilla. La ISS no se vería comprometida, pero el valioso puerto de acoplamiento para el transporte de cargas a la estación se perdería, perjudicando las futuras operaciones y la frecuencia de llegada de suministros.

El problema parecía controlado a principios de año cuando la NASA anunció que, tras varias inspecciones y la aplicación de selladores, la presión dentro de este segmento había alcanzado una "configuración estable". Pero el 1 de mayo, después de que los cosmonautas rusos descargaran la carga de la nave espacial Progress 95, Roscosmos detectó una "lenta caída de presión" en el módulo PrK.

Según ha informado Reuters, las dos fugas de aire detectadas habían sido relativamente menores, pero el lunes aumentaron a medio kilogramo de aire por día a un kilogramo, según un alto funcionario de la NASA que pidió permanecer en el anonimato.

Estación Espacial Internacional NASA

Ya a principios de 2024, la NASA elevó el nivel de riesgo a su grado más alto, debido sobre todo a que la tasa de aire que se escapaba del módulo diariamente se había duplicado. La agencia espacial utiliza una matriz de riesgo de 5x5 para clasificar la probabilidad y las consecuencias de los riesgos para las actividades de vuelos espaciales, y las fugas rusas se han clasificado como un "5" tanto por su alta probabilidad como por sus graves consecuencias. Su potencial de "fallo catastrófico" se discute en las reuniones, pues la NASA y Roscosmos muestran discrepancias.

Ese mismo año, la NASA mostraba las tensiones con Roscosmos. Bob Cabana, aseguró en una reunión en Moscú con los representantes de Roscosmos que "EEUU y Rusia no tienen un entendimiento común sobre cuál es la causa probable o la gravedad de las consecuencias de estas fugas". Todo ello mientras los equipos continúan "investigando los factores causales de inicio y crecimiento de las fugas". Esta falta de consenso sigue siendo parte del problema, como se pudo ver en la última reunión en abril.

Posible final

Tras 25 años siendo un símbolo de la colaboración internacional en el espacio, todas las agencias espaciales finalizarán sus operaciones en la ISS en 2030. Este es el plan oficial, pero aún se discuten alternativas o una extensión para poder seguir utilizándola hasta 2030.

La NASA encargó a SpaceX la construcción de una nave con la que controlar la caída y destrucción de la ISS contra la atmósfera de la Tierra. Los restos caerán en el Océano Pacífico lejos de población. Sin embargo, antes de elegir este final, se barajaron otros escenarios y una de las alternativas vuelve a estar sobre la mesa. "Trasladar la ISS a un puerto orbital seguro", guardarla en esa posición de la órbita hasta que se pueda reutilizar.

Caminata espacial en la ISS NASA Omicrono

El plan implica aumentar la órbita de la estación espacial a una altitud de entre 640 y 680 kilómetros, pero esto requeriría un poco más del doble de propelente necesario en las maniobras de desorbitación. Allí, permanecería en órbita durante 100 años antes de sucumbir a la resistencia atmosférica y quemarse.

Aun así, el último susto provocado por las fugas pone de manifiesto que reutilizarla sería complicado, así como encontrar operadores comerciales que quieran adquirirla para sus propias actividades espaciales, otra de las opciones planteadas. Además, el riesgo de colisión con basura espacial aumenta en altitudes superiores a 800 kilómetros.

A esto se suma la falta de alternativas. La agencia espacial estadounidense ha tenido dificultades para encontrar una solución viable para construir estaciones espaciales "comerciales", un plan en el que la NASA ayudaría a financiar el desarrollo de una o más estaciones espaciales privadas y se convertiría en uno de los clientes enviando a sus astronautas.

En marzo, la NASA propuso un plan revisado para estas estaciones espaciales comerciales en su evento Ignition, que incluía el acoplamiento de módulos iniciales a la Estación Espacial Internacional por parte de empresas privadas, pero no ha tenido una buena acogida, según indica el medio ArsTechnica. Las empresas comerciales se muestran recelosas ante las conversaciones de la NASA para extender la vida útil de la estación, ya que afirman que estarán listas para 2030.