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La rápida evolución de los modelos de inteligencia artificial (IA) y su integración masiva en el entorno corporativo no solo están redefiniendo la productividad empresarial, sino que amenazan con desestructurar el mercado laboral tecnológico de forma inminente.

A diferencia de previas transformaciones digitales impulsadas por la automatización física de la industria o la eliminación de intermediarios con la llegada de la web, la actual ola de IA genera una verdadera revolución cognitiva centrada en automatizar los procesos mentales y el procesamiento de información en tareas de oficina.

El economista Pablo Gil ha analizado en el pódcast 'The Wild Project', del youtuber Jordi Wild, esta transición, calificándola como un cambio de paradigma acelerado e inédito en la historia reciente.

Según explica, los perfiles júnior y los trabajadores en etapas iniciales serán los primeros damnificados por la automatización digital.

"La IA va a destruir el trabajo de entrada de mis hijos porque el coste que tiene es ridículamente bajo; trabaja 24/7, no se pone malo, no se afilia a un sindicato", afirma Gil.

A su juicio, cualquier proceso repetitivo realizado a través de un ordenador es ejecutado por sistemas inteligentes con una velocidad y eficiencia inalcanzables para un profesional principiante.

Esta dinámica está alterando profundamente la estructura del desarrollo de software y el análisis de datos.

Mientras que los perfiles senior aprovechan los agentes de IA como asistentes hipereficientes para multiplicar su rendimiento, los principiantes carecen del criterio técnico necesario para validar los resultados, quedando vulnerables antes de consolidar su carrera.

"El joven todavía no aporta un valor añadido alto, con lo cual la IA se va a cargar el trabajo de becarios y de gente que está empezando", advierte el experto, vislumbrando un escenario donde la programación básica y la generación de contenidos quedan en manos de la tecnología.

A diferencia de revoluciones industriales previas que dieron décadas para la adaptación laboral, el despliegue de estas soluciones autónomas no otorgará margen a los profesionales.

Según Gil, el shock de la sustitución masiva no tardará decenios, sino que se manifestará en un horizonte de "dos a tres años".

Ante esta brecha, donde las empresas incrementan sus márgenes al reducir masa salarial, el economista augura una inevitable intervención fiscal: los gobiernos terminarán imponiendo tasas a las compañías que reemplacen empleados por algoritmos para financiar subsidios sociales.

Asimismo, esta aceleración plantea graves amenazas en ciberseguridad e integridad de los datos, citando auditorías de IA que detectan miles de fallos en sistemas bancarios.

Frente a quien tilda estas previsiones de catastrofistas, Gil aboga por una preparación inmediata: "Tú no contratas el seguro de incendios cuando la casa se te está quemando, lo haces antes".

La industria tecnológica afronta así el desafío de gestionar esta disrupción sin desmantelar el relevo generacional de su propio ecosistema.