Si llevamos años usando un electrodoméstico y lo hemos cambiado por uno nuevo, su funcionamiento nos puede sorprender; los últimos avances tecnológicos han cambiado completamente la manera en la que se comporta, por ejemplo, una lavadora.
Mucha gente se sorprende cuando pone una lavadora nueva por primera vez y no escucha el característico sonido del agua llenando el tambor; de hecho, podríamos pensar que ha venido rota de fábrica y que vamos a tener que llamar para que nos la cambien.
Sin embargo, los expertos y profesionales del sector advierten que este comportamiento es completamente normal, y es el resultado de una decisión de diseño con el objetivo de mejorar la eficiencia.
Así lo explica el electricista Clive Mitchell, mejor conocido como Big Clive, que en su canal de YouTube ha publicado un vídeo corto en el que explica el funcionamiento de las lavadoras modernas, por el que primero introducen una pequeña cantidad de agua al principio y empiezan a girar el tambor.
Tras unas pocas revoluciones, el tambor se detiene y después de un momento, vuelve a girar. Lo que está ocurriendo en ese momento es que los sensores interiores están midiendo la caída en el nivel de agua, en otras palabras, están midiendo la cantidad de agua que ha sido absorbida por las prendas.
Si es el caso, el sistema añadirá más agua, un ciclo que se repite varias veces hasta que el nivel del agua deja de bajar, el indicador de que ya no es necesario introducir más agua en el tambor porque la ropa no la va a absorber.
Es entonces cuando empieza el proceso de lavado como tal. Lejos de ser un error, es un nuevo método avanzado para mejorar el rendimiento del lavado, manteniendo el detergente en su máxima concentración posible al no diluirlo en un volumen de agua excesivo.
Este cálculo permite que el detergente tenga la humedad justa para eliminar toda la suciedad, usando la mínima cantidad de agua posible. Esto, evidentemente, va a reducir mucho el consumo de agua a lo largo de todo el ciclo.
Otra ventaja de esta técnica de lavado es que la agitación es mucho más intensa, ya que la ropa no flota simplemente en el agua, sino que choca contra las paredes del tambor y con otras prendas, mejorando la eliminación de manchas por la fricción.
Es solo en las fases posteriores del ciclo cuando la lavadora introduce más agua en el tambor para aclarar los restos y finalmente realizar el centrifugado.
Los expertos explican que este cambio en el lavado ha mejorado mucho la eficiencia de las lavadoras; mientras que los modelos antiguos gastaban fácilmente entre 80 y 100 litros de agua por lavado, los modelos de carga frontal actuales consumen una media de entre 40 y 50 litros por ciclo en los programas estándar, y hasta 35 litros en los modos de alta eficiencia.
