El frigorífico es el único electrodoméstico del hogar que trabaja de manera ininterrumpida las 24 horas del día y los 365 días del año. Un uso constante que provoca que cualquier pequeño desajuste se traduzca en un sobrecoste en la factura mensual.
El error más común entre los usuarios es seleccionar una temperatura errónea, normalmente más baja de lo que realmente es necesario. Esto es especialmente común si nos hemos olvidado de subirla después del verano.
Y es que mucha gente opta por reducir la temperatura de la nevera y el congelador durante los meses de verano para que el calor no afecte tanto a los alimentos, algo que recomiendan algunos expertos.
El verdadero problema llega cuando los meses de otoño e invierno llegan y nos olvidamos de volver a poner la temperatura correcta, que es no menos de 4 ºC para la nevera y no menos de -18 ºC para el congelador.
Ese es el equilibrio perfecto entre eficiencia energética y conservación de los alimentos; como explican en Selecta, la recomendación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 es conservar los alimentos entre los 0º C y los 5 ºC; temperaturas más altas fomentan la proliferación de microorganismos patógenos.
Por lo tanto, ajustar la temperatura por debajo de los 5 ºC es absolutamente necesario para nuestra seguridad y para que los ingredientes y otros alimentos duren lo máximo posible antes de que se pongan malos.
Por otra parte, eso también significa que poner la temperatura por debajo de los 4ºC realmente no aporta ningún beneficio, ya que los alimentos no se van a ver afectados por microorganismos por debajo de los 5 ºC, ni vamos a prolongar la vida útil de los productos de forma apreciable.
Y sin embargo, cada grado que bajamos sí que tiene consecuencias notables en el consumo energético. Eso es porque vamos a obligar al compresor a funcionar a mayor potencia y a encenderse más a menudo para mantener la temperatura escogida, y ese efecto se multiplica por cada grado que tiene que bajar.
En vez de bajar la temperatura, lo recomendable es garantizar que el interior del frigorífico se mantiene frío; según el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), los propios usuarios son los responsables del 7% de las pérdidas térmicas al abrir la puerta del frigorífico para introducir o sacar alimentos.
Aunque otros factores también tienen importancia, como el deterioro de la junta, esto nos dice que deberíamos cambiar nuestras costumbres y abrir el frigorífico sólo una vez que tenemos claro lo que vamos a coger.
Sobre el congelador, la temperatura de -18ºC es ideal para todos los usos y no se recomienda en absoluto cambiarla. Si lo hacemos corremos el riesgo de que se produzca escarcha, que actúa como un aislante térmico que va a dificultar el enfriamiento.
