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La electrificación del transporte público europeo se enfrenta a un desafío estructural histórico. En España y en el resto del continente, lograr que un vehículo industrial opere durante toda una jornada sin interrupciones exige equiparlo con baterías de dimensiones colosales.

Esta exigencia técnica obliga a los ayuntamientos a transportar cientos de kilogramos de peso muerto dedicados exclusivamente a almacenar electricidad, lo que encarece el vehículo y aumenta su desgaste.

Para romper este cuello de botella, Suiza acaba de plantear una revolución de ingeniería. La empresa Winduction, nacida en la prestigiosa universidad ETH de Zúrich, ha diseñado un sistema para que los autobuses recuperen energía progresivamente durante su ruta utilizando el único elemento que siempre toca el asfalto: las ruedas.

Este avance tecnológico, bautizado como inducción a través de las ruedas, prescinde por completo de los costosos pantógrafos y de las marañas de cables. La arquitectura del invento se basa en dos conjuntos de bobinas magnéticas trabajando en perfecta sincronía.

El emisor se oculta bajo una placa instalada en la propia parada del autobús, conectado directamente a la red urbana. El receptor, por su parte, va integrado en el interior del neumático.

La rueda trasera del autobús transfiere energía desde la placa de tierra a la batería del vehículo. Winduction Omicrono

Al colocar la rueda sobre la placa durante la recogida de pasajeros, un potente campo magnético transfiere la electricidad hacia la batería.

Acercar el punto de carga al suelo resuelve el gran problema de la inducción convencional en los bajos del chasis, minimizando la distancia física y logrando una eficiencia de transferencia que supera el 90 %.

Para materializar esta proeza, los ingenieros tuvieron que rediseñar por completo la concepción tradicional del caucho. Los neumáticos estándar de autobús utilizan cinturones internos de acero para garantizar su integridad estructural bajo cargas pesadas.

Sin embargo, en presencia de un campo magnético, este metal absorbería la energía transformándola peligrosamente en calor.

La solución suiza pasa por utilizar un neumático especial libre de acero que, si bien incrementa el coste inicial de la goma, queda rápidamente amortizado por el ahorro operativo.

Además, los cálculos de la compañía demuestran que no es necesario levantar todas las calles: en una ruta comercial típica de 24 paradas en Zúrich, basta con instalar placas de inducción en solo dos de ellas para mantener el vehículo funcionando ininterrumpidamente durante 16 horas.

Concepto del autobús cargándose en una parada. Winduction Omicrono

El impacto de este modelo de "carga de oportunidad" transforma toda la cadena de valor de la movilidad urbana.

Al recibir inyecciones constantes de electricidad, el autobús puede reducir drásticamente el tamaño y peso de su batería de fábrica, abaratando su coste y requiriendo menos minerales críticos.

A nivel macroeconómico, este sistema también da un respiro a la infraestructura eléctrica de las ciudades.

En lugar de conectar flotas enteras durante la noche en las cocheras, saturando la red, el consumo se distribuye a lo largo del día, coincidiendo exactamente con los picos de máxima producción de energía solar fotovoltaica.

Con el respaldo de las autoridades federales, este ambicioso proyecto abandonará el laboratorio para iniciar su primer piloto con pasajeros reales en 2028, marcando el posible estándar del transporte público del futuro.