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España ha iniciado una de las ofensivas más ambiciosas de su historia reciente en materia de infraestructura energética: unas instalaciones, conocidas como "baterías de agua", que aportarán una capacidad de almacenamiento masivo de casi 50.000 MWh.

El Ministerio para la Transición Ecológica, a través del IDAE, ha invertido 265 millones de euros en fondos públicos para impulsar la construcción y modernización de 11 centrales hidroeléctricas de bombeo reversible repartidas por siete comunidades autónomas.

Andalucía, Aragón, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Navarra y Asturias son las regiones que se beneficiarán de estas instalaciones, aprovechando tanto saltos de agua existentes como antiguas infraestructuras mineras en desuso.

El objetivo de estas instalaciones pretende resolver el mayor problema del modelo energético actual: qué hacer con la ingente cantidad de electricidad solar y eólica que se pierde durante las horas de máxima producción por la falta de demanda.

A diferencia de las baterías de litio, que requieren materiales más caros, escasos y limitados, el almacenamiento por bombeo utiliza la fuerza de la gravedad y el agua en un circuito cerrado. El sistema requiere dos embalses situados a diferente altitud.

Durante las horas centrales del día, momento en el que los parques fotovoltaicos generan un exceso de energía y el precio de la luz cae a mínimos históricos, esa electricidad sobrante alimenta potentes bombas que elevan el agua desde el embalse inferior al superior.

Sin embargo, cuando el sol se pone, la demanda aumenta y los precios del mercado mayorista tienden a encarecerse, el proceso se invierte. El agua cae desde el embalse superior impulsada por la gravedad, generando electricidad limpia de forma inmediata para volcarla a la red inferior.

Este programa destaca por su enfoque en la sostenibilidad y la economía circular. Varias de las 11 iniciativas no requerirán alterar cauces de ríos ni construir grandes presas, sino que aprovecharán el agua de drenaje de antiguas minas de carbón o funcionarán mediante sistemas hidráulicos completamente cerrados.

Con una potencia conjunta de turbinación que supera los 4.000 MW, estas plantas actuarán como el colchón de seguridad definitivo para el sistema eléctrico español.

El impacto directo en el bolsillo del consumidor

Al poder almacenar la energía limpia sobrante producida durante las horas pico de la noche, se evita tener que encender las costosas centrales de ciclo combinado alimentadas por gas natural.

Este mecanismo frena en seco los picos de tarifa en las horas más caras del día, estabiliza los precios del mercado mayorista a lo largo de todo el año y reduce drásticamente los denominados "vertidos renovables".

España no solo avanza hacia una independencia energética real, sino que sienta las bases para amortiguar los sustos en la factura eléctrica de millones de hogares.

Por tanto, se consolida como uno de los grandes referentes europeos en almacenamiento a gran escala e integración de renovables. La gran inversión responde a la necesidad de acelerar el apagón progresivo de las fuentes fósiles y asegurar un suministro competitivo a largo plazo.