Ya van llegando las lluvias de otoño y las temperaturas empiezan a bajar. Es el momento en el que muchas familias españolas se preparan para el frío, posiblemente con la compra de un nuevo radiador más eficiente que les ayude a bajar la factura de la luz.
Sin embargo, los expertos alertan sobre las etiquetas de "bajo consumo" que suelen captar la atención entre los compradores, porque pueden llevar a la confusión y que pensemos que son más eficientes que los que no la tienen.
En Fontanería Córdoba, su equipo técnico ha explicado que ningún radiador eléctrico de resistencia consume menos que otro por el simple hecho de llevar una nueva tecnología, y explican qué es lo que debemos buscar en uno de estos aparatos.
Los técnicos son tajantes: un radiador de 1.500 W siempre va a consumir 1,5 kWh por cada hora que lo tengamos funcionando, y no hay manera de evitar eso. Da igual que sea un radiador de aceite, que utilice un bloque cerámico, que sea un emisor térmico o un convector.
El motivo es sencillo: la energía eléctrica que consume el aparato se convierte de manera íntegra en calor, sin que existan pérdidas por el camino ni fórmulas mágicas para reducir ese consumo base.
Pero entonces, ¿por qué algunos fabricantes afirman que sus radiadores son de bajo consumo? La clave está en las herramientas y funciones integradas en estos modelos, que si se usan correctamente, sí que nos pueden ayudar a reducir el consumo eléctrico.
En otras palabras, el bajo consumo es por el mayor control, ya sea directo del usuario o automatizado por el propio aparato, que ofrecen estos modelos para mantener la estancia caliente con el menor tiempo posible.
Desde julio de 2025, existe una nueva normativa en la Unión Europea que rige la manera en la que se evalúa la eficiencia de los radiadores, y precisamente se basa en sus capacidades de control. Para conseguir un ahorro real, la clave reside en contar con un termostato electrónico preciso que mida en grados la temperatura y corte el suministro exactamente cuando se alcance el nivel que hemos seleccionado.
Esta es una gran diferencia respecto a los antiguos radiadores que tenían un mecanismo de ruleta para seleccionar el nivel de calor, no la temperatura, y que como consecuencia solían sobrecalentar las habitaciones gastando más de lo debido.
También hay nuevos radiadores con funciones avanzadas como la programación semanal, que permite activar el sistema únicamente durante las horas en las que la estancia va a estar ocupada. Según la normativa europea, esto es lo que más peso tiene para determinar si un radiador es eficiente, mucho más que la presencia de un termostato electrónico.
Otra característica cada vez más común es la detección de ventanas abiertas, que apaga el radiador si detecta una caída brusca de temperatura para evitar que el aire caliente simplemente se escape al exterior.
Los modelos más avanzados cuentan con funciones inteligentes, capaces de conectarse con sensores instalados en el hogar y de ser programados directamente con el smartphone en base a nuestras costumbres.
Por último, si tenemos un radiador antiguo que no queremos cambiar porque sigue funcionando, tenemos la opción de usar un adaptador de enchufe con termostato programable que desconecte el aparato de la red automáticamente cuando se alcance la temperatura programada.
