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En apenas unos meses, el panorama digital europeo experimentará una transformación legal sin precedentes con la ley de la Unión Europea (UE) que prohibirá las apps de inteligencia artificial (IA) que 'desnuden' a personas.

Tras su anuncio oficial en marzo de este mismo año, el esperado Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea entrará en su fase de aplicación más estricta.

El vertiginoso avance de la tecnología generativa ha desatado una peligrosa ola de manipulación, permitiendo alterar fotografías cotidianas para fabricar contenido íntimo hiperrealista, conocidos como 'deepfakes' sexuales.

Ante esta grave escalada de vulneraciones a la privacidad, las instituciones europeas han decidido marcar un hito legislativo que pondrá fin a la impunidad de los creadores de este material sintético y de las plataformas que facilitan su distribución masiva.

La urgencia de desplegar este escudo normativo antes de que termine el año responde a una dura realidad expuesta por la industria de la ciberseguridad.

Según una nota de prensa y alerta emitida recientemente por la compañía ESET, el ecosistema de aplicaciones móviles, páginas web y canales automatizados dedicados a crear falsos desnudos femeninos mediante inteligencia artificial ha alcanzado un volumen crítico.

La firma documenta en su fuente original que estos servicios en la sombra superan holgadamente los 40 millones de visitas mensuales en todo el mundo.

Fotomontaje con una de las fotografías modificadas de Grok. Manuel Fernández | Grok Omicrono | X

El informe advierte de que la actual democratización de estas herramientas ha convertido a cualquier ciudadano con presencia en redes sociales en una víctima potencial, exigiendo una intervención contundente contra esta nueva forma de violencia digital.

Para neutralizar definitivamente esta amenaza, el texto legislativo continental aplicará a partir del 2 de diciembre una prohibición taxativa sobre la generación o manipulación de contenido sexual de personas reales sin su consentimiento explícito, persiguiendo también la creación de material de abuso infantil.

Más allá del veto directo, la ley impondrá a las grandes plataformas tecnológicas y a los desarrolladores la ineludible obligación de garantizar la transparencia.

Esto se traducirá en la exigencia técnica de aplicar marcas de agua o identificadores digitales imborrables que revelen de inmediato el origen artificial de los archivos multimedia, una medida clave para frenar en seco las campañas de difamación y extorsión económica.

Este robusto bloque normativo se complementa de forma estratégica con la reciente directiva europea sobre violencia contra las mujeres, un texto enfocado en castigar las devastadoras consecuencias de la difusión pública de estas imágenes.

Las autoridades comunitarias han fijado el 14 de junio de 2027 como fecha límite innegociable para que todos los Estados miembros incorporen estas directrices a sus ordenamientos jurídicos nacionales.

En la práctica, esto forzará a actualizar los códigos penales de cada país europeo para castigar con penas de prisión estas conductas, tipificando los abusos generados por inteligencia artificial como un delito específico y asegurando que la innovación tecnológica respete siempre los derechos fundamentales.