Durante años ha circulado el persistente mito de que utilizar el teléfono inteligente mientras está conectado a la corriente puede estropear su batería.
Esta creencia popular ha llevado a muchos usuarios a dejar sus smartphones completamente aislados durante el proceso de carga por miedo a degradar su vida útil.
Sin embargo, los especialistas han desmentido categóricamente esta idea, confirmando que interactuar con la pantalla de tu dispositivo mientras recupera energía es una práctica completamente segura que no arruinará sus componentes internos.
El único inconveniente real al que te enfrentas es puramente práctico, ya que el dispositivo tardará más tiempo en alcanzar su capacidad máxima.
Según ha detallado Jaime Rodríguez Arribas, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, al portal Maldita Tecnología, las actuales baterías de ion de litio están diseñadas con dos terminales independientes que previenen cualquier conflicto.
Un terminal se encarga de recibir y regular la electricidad que entra desde el enchufe, mientras que el otro suministra la energía necesaria para que el teléfono siga funcionando con normalidad.
Al consumir energía simultáneamente, la cantidad neta que se almacena en las celdas es menor, ralentizando el proceso de forma natural sin forzar el hardware.
Una persona pone a recargar el móvil antes de dormir
Lawrence Finch, experto en los foros de Apple, y los portales oficiales de fabricantes como Samsung, también corroboran que dejar el teléfono móvil enchufado mientras se usa es totalmente inocuo.
Lejos de preocuparnos por enviar un mensaje o revisar las redes sociales con el cable conectado, debemos prestar atención a los factores que realmente acortan la vida útil del dispositivo.
Los expertos citados por el mismo medio recomiendan abandonar definitivamente la vieja y dañina costumbre de dejar que el móvil se apague por completo antes de volver a enchufarlo.
Las baterías modernas de litio carecen del antiguo efecto memoria, característico de los viejos modelos de níquel, por lo que no necesitan vaciarse para funcionar correctamente.
Para prolongar su salud a largo plazo, la regla de oro consiste en mantener los niveles de autonomía siempre entre el 20 y el 80 %.
Evitar descargar el terminal por completo y no cargarlo hasta el tope ayuda a reducir el estrés químico interno, permitiendo que la corriente fluya continuamente.
La única excepción en la que sí debemos tener precaución al usar el móvil conectado está directamente relacionada con la temperatura.
Compañías como Huawei advierten que exigir un alto rendimiento al procesador durante la carga, como disfrutar de videojuegos de última generación, puede generar un sobrecalentamiento excesivo.
Este aumento térmico, especialmente por encima de los 25 ºC, es el auténtico destructor de la batería.
Una guía de conservación de la Universidad Politécnica de Valencia subraya que el calor provoca una rápida degradación, haciendo que las baterías pierdan su capacidad de retención de energía.
Por tanto, usar el móvil cargando es seguro, siempre y cuando evites tareas extremas que disparen su temperatura.
