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Encadenar dos programas de lavado de forma consecutiva provoca un peligroso sobrecalentamiento en componentes críticos como el motor, la resistencia o elemento calefactor y la bomba de agua, los cuales trabajan a temperaturas muy elevadas durante su funcionamiento.

Si se inicia un nuevo lavado inmediatamente al terminar el anterior, el tambor y las piezas internas no disponen del tiempo necesario para enfriarse, lo que incrementa el desgaste mecánico, eleva el consumo energético y acelera la aparición de averías en el aparato.

Para prevenir estos daños, los especialistas en reparación de electrodomésticos recomiendan aplicar un intervalo de descanso de entre 30 y 60 minutos entre coladas, si bien una pausa mínima de 20 a 30 minutos ya logra reducir la temperatura interna significativamente.

Respetar este periodo de enfriamiento permite estabilizar los componentes, optimizar el consumo de energía y lograr que la lavadora supere los 15 años de vida útil, incrementando su durabilidad hasta en un 50% frente al uso interrumpido.

Someter la lavadora a un esfuerzo continuo sin pausas desencadena consecuencias graves sobre su mecánica interna debido al estrés térmico acumulado.

Lavadora iStock

En primer lugar, el motor trabaja sin el reposo adecuado, lo que causa un sobrecalentamiento que puede derivar en pérdidas de potencia, desgaste acelerado de sus partes móviles e incluso fallos eléctricos prematuros.

Por su parte, la resistencia de calentamiento y la bomba de drenaje sufren un exceso de temperatura constante.

En el caso específico de la bomba de agua, encargada de los procesos de llenado y vaciado, la falta de enfriamiento desgasta prematuramente sus sellos y juntas, lo que genera ruidos extraños, pequeñas fugas de agua y, en situaciones extremas, bloqueos o roturas definitivas.

Asimismo, la correa de transmisión se ve afectada por el calor acumulado dentro de la estructura del electrodoméstico, lo que provoca que tienda a estirarse rápidamente, produciendo chirridos, vibraciones anormales o rompiéndose de forma inesperada.

A todo este deterioro físico se suma un impacto directo en la factura eléctrica, ya que el sistema requiere una mayor cantidad de energía para operar cuando los componentes funcionan a temperaturas anormalmente elevadas.

Para mantener el electrodoméstico en óptimas condiciones y asegurar que funcione de manera constante y eficiente a lo largo de los años, los expertos aconsejan adoptar hábitos de colada planificados.

En la rutina diaria, se recomienda no realizar más de dos lavados al día y mantener siempre una separación de al menos 30 minutos entre cada uno de ellos.

El cuidado interior y exterior del aparato también desempeña un papel fundamental para evitar problemas secundarios.

Al finalizar cada ciclo, es imprescindible dejar la puerta y el cajetín del detergente abierto durante media hora en un lugar bien ventilado para prevenir la acumulación de humedad, malos olores y moho.

Complementariamente, se debe pasar un paño seco por la goma de la puerta para retirar la humedad sobrante, vaciar siempre los bolsillos de la ropa antes de lavar para no obstruir el filtro ni dañar el tambor con objetos sueltos, y programar una limpieza de tambor cada 40 ciclos aproximadamente.