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Con la subida de la factura de la luz, el consumo energético del hogar se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de las familias españolas, que buscan métodos para ahorrar en todos los aparatos instalados.

Algo que podemos hacer ya, si no lo hemos hecho aún, es actualizar la iluminación del hogar, especialmente si pasamos mucho tiempo en casa y vamos a tener la luz encendida durante más tiempo ahora que las horas de luz natural se acortan por la llegada del otoño.

Pero antes de cambiar bombillas y luces, es importante no caer en trampas fáciles ni creernos mitos; deberíamos seguir los consejos de los especialistas en iluminación y electricidad ante todo.

Por ejemplo, existe una creencia de que la temperatura de color de la luz influye en el gasto eléctrico, algo que puede tener sentido para nosotros. Al fin y al cabo, la luz fría se nota más brillante que la luz cálida y eso nos puede llevar a pensar que consume más.

Sin embargo, eso no es cierto. La temperatura de la luz no determina el consumo de energía, y hay otros factores que influyen mucho más y que a veces se pasan por alto; como por ejemplo, los vatios de potencia y la eficiencia lumínica de la bombilla o plafón.

De la misma manera, los vatios no pueden ser la única medida que usemos para saber cuánto va a iluminar un foco o una bombilla, y hay otros factores como los lúmenes que tienen mucha importancia y no dependen de la temperatura de la luz.

En otras palabras, una bombilla de luz cálida de 2700K y una bombilla de luz fría de 6000K, ambas de 8 vatios, van a consumir lo mismo y la elección de una u otra dependerá de nuestras necesidades.

El formato de la luz también es importante. Hoy en día, las luces LED son la opción por defecto para sustituir a las bombillas incandescentes o los tubos fluorescentes, porque son capaces de iluminar el mismo espacio con menos vatios de potencia, lo que se traduce en un ahorro en la factura de la luz.

Otra cuestión es si nos interesa instalar un plafón o una bombilla; y hay modelos de plafón que en realidad tienen una bombilla en su interior. En este caso, el consumo va a ser el mismo, pero cada formato tiene sus ventajas.

Un plafón con bombilla permite intercambiar únicamente la bombilla en sí cuando inevitablemente se funda con el paso de los años, y eso es más barato; en cambio, la calidad de la iluminación de un plafón de LED es muy superior y más uniforme al estar diseñado para emitir toda la luz hacia fuera.

Qué temperatura de luz elegir

Lo que los profesionales recomiendan es elegir la temperatura de luz dependiendo del espacio y la habitación en la que se va a usar, dejando de lado el consumo.

Por ejemplo, entre 2700K y 3000K es más apropiado para crear ambientes acogedores, y son más recomendables para la habitación porque nos ayudarán a dormir mejor una vez que las apaguemos.

En cambio, los 6000K en adelante deben ser reservados en lugares en los que la claridad sea la prioridad, zonas en las que queramos ver los detalles; como por ejemplo, en el baño y especialmente en la zona del espejo para vernos mejor.

El punto medio, y el más recomendable para la oficina y zonas de trabajo y convivencia, se encuentra en los 4000K; vamos a contar con un buen punto de visibilidad y nos va a ayudar a encontrar ese bolígrafo que necesitamos, pero al mismo tiempo no va a forzar nuestra vista.