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Si alguna vez has entrado en TikTok o YouTube y te ha mostrado un vídeo de alguien metiendo un rollo de papel higiénico en la nevera, no es que sea una nueva moda viral que nadie entiende, sino un truco muy extendido.

La idea es muy simple. Únicamente tenemos que coger un rollo de papel higiénico convencional y ponerlo en una de las baldas, preferiblemente en una zona que no moleste mucho.

El técnico de electrodomésticos Ronald Rondón lo resume de manera sencilla en uno de sus vídeos publicados en la cuenta de la tienda Hermanos Pérez, afirmando que el rollo puede ayudar a absorber la humedad y acabar con los malos olores.

Pero ¿es verdad? Aunque parezca mentira, lo es, aunque también hay que aclarar que este truco casero tiene sus limitaciones y que puede que nos convenga optar por un producto profesional diseñado específicamente para esta tarea.

El papel higiénico está fabricado en celulosa, una fibra vegetal con una estructura porosa pensada especialmente para atrapar líquidos. Dentro de un frigorífico, el aire se carga de humedad cada vez que abrimos la puerta, cuando metemos alimentos calientes, o por las frutas y verduras.

Parte de esa agua se condensa en paredes, baldas y cajones. Un rollo seco de celulosa ofrece mucha superficie de papel en poco espacio, y a lo largo de los días, puede retener una fracción de esa humedad ambiental.

Aunque no sea mucho, es suficiente para mantener la humedad relativa en una zona segura en la que el moho y ciertas bacterias lo tienen más difícil para proliferar; además, algunos alimentos frescos van a tardar algo más en ponerse mustios.

Esto puede a su vez ayudar a la formación de olores si están producidos por esas bacterias, pero en otros casos no es tan eficiente. El papel no está diseñado para absorber gases como lo hace el carbón activado o el bicarbonato, aunque sí que puede retener las partículas que circulan en la humedad.

Por eso, es habitual encontrarse testimonios de personas que notan que la nevera huele mejor después de unos días, especialmente si el origen del olor era una zona húmeda o un recipiente mal cerrado.

Este truco, sin embargo, tiene sus límites. La capacidad de absorción de un rollo es pequeña frente al volumen de aire de un frigorífico moderno. En poco tiempo, el papel se va a saturar, se arruga y ya no sirve para este cometido.

Peor aún, un rollo de papel húmedo en un rincón frío y oscuro es un lugar favorable para la formación de moho; por eso, la recomendación es sustituirlo cada tres semanas o incluso antes si lo notamos empapado al tacto.

También debemos asegurarnos de que se trata de un rollo nuevo y sin perfume, porque si no, vamos a traspasar ese olor artificial a la comida; también debemos asegurarnos de que el rollo no haya pasado antes por el baño para no introducir gérmenes.

Este es uno de esos trucos cuya eficacia depende en buena medida de la edad del frigorífico y de las tecnologías que incluye; muchos modelos modernos ya tienen sus propias medidas contra el moho y los olores como una circulación de aire mejorada que ayuda a crear un ambiente seco.