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Aunque buena parte de España aún no se haya escapado del calor del verano, ya deberíamos empezar a prepararnos para el invierno, especialmente si encontramos una buena oferta durante estos días.

Sin embargo, antes de comprar el primer calefactor barato que nos encontremos, es importante tener en cuenta las necesidades de nuestro hogar si no queremos pagar de más y sobre todo, si no queremos tener una sorpresa con la factura de la luz.

Por ejemplo, una opción cada vez más popular se encuentra en los emisores térmicos, que poco a poco están sustituyendo a los tradicionales calefactores en los hogares españoles; y hay buenos motivos para hacer el cambio.

Antes que nada, hay que aclarar que no existe una solución 'milagrosa' para calentar el hogar de manera barata. Como explica Antonio Martínez Rosado, experto de Híper Ocio, un kilovatio hora eléctrico genera un kilovatio hora de calor, y en ese sentido no hay diferencia entre los diferentes aparatos, ni hay un 'componente mágico' que afecte al consumo.

La verdadera clave para ahorrar se encuentra en "no calentar de más", afirma Rosado. Para comprender por qué esta afirmación es tan importante, debemos tener en cuenta la principal diferencia entre estos dispositivos: el termostato.

La presencia de un termostato preciso en un emisor térmico es el as en la manga que los hace más eficientes en muchas situaciones, ya que es el componente que le permite regular la temperatura de manera exacta a lo que hemos pedido.

Un calefactor convencional simplemente calienta el aire de forma continua, al nivel de potencia que hayamos configurado; al aparato no le importa la temperatura de la estancia o si se ha abierto la puerta y ha entrado aire frío, por ejemplo.

Un emisor térmico, en cambio, no funciona de manera constante, sino que trabaja únicamente hasta la temperatura seleccionada; una vez alcanzada, el equipo se centra en mantenerla.

En otras palabras, el aparato va a trabajar únicamente cuando realmente es necesario; si detecta una bajada brusca en la temperatura, se va a volver a encender a tope, pero si no existen cambios, va a trabajar de manera muy suave y por lo tanto, consumiendo menos.

Es exactamente el mismo principio que con un sistema de aire acondicionado. Si lo encendemos cuando hace mucho calor, el compresor va a trabajar mucho hasta alcanzar la temperatura que hemos configurado, pero si la estancia ya está fría, va a trabajar muy poco.

Ese es el motivo por el que los expertos recomiendan dejar el aire acondicionado puesto en vez de apagarlo y encenderlo constantemente, y ese también es el motivo por el que un emisor térmico puede ayudarnos a ahorrar en el consumo energético.

Otra ventaja notable es que el emisor no mueve el aire; el calor se mueve por la propia física que hace que el aire caliente suba y el aire frío baje. Pero eso hace que reseque menos que un termoventilador o un convector que mueven el aire a la fuerza, y también es muy silencioso y no nos va a molestar.

El experto, por lo tanto, recomienda un emisor térmico para mantener una habitación caliente durante muchas horas, siendo el principal inconveniente que su inercia, es decir el calor que mantiene tras apagarlo, no es tan alta como en un radiador de aceite que se mantiene caliente durante mucho tiempo.