Estirar la vida de los electrodomésticos en casa puede considerarse la opción más económica. Sin embargo, en el caso de la lavadora y el frigorífico —dos de los aparatos que más energía consumen en cualquier hogar—, esta premisa resulta errónea.
Mantener un modelo con más de una década de antigüedad puede suponer un sobrecoste invisible, pero muy significativo en la factura mensual. De hecho, esta ineficiencia puede añadir más de 100 euros extra al año en el recibo de la luz.
Los especialistas en eficiencia energética coinciden en que la vida útil recomendada se sitúa entre los 10 y 15 años para los frigoríficos, y entre los ocho y 12 años para las lavadoras, según la intensidad de uso. Existe un punto de inflexión en el que reparar o mantener un aparato viejo deja de ser rentable.
El frigorífico es el único electrodoméstico de la casa que permanece conectado las 24 horas del día. A priori, los 365 días del año, representando por sí solo cerca del 30% del consumo eléctrico total del hogar. Por su parte, la lavadora exige picos elevados de energía para calentar el agua en cada lavado.
Los modelos fabricados antes de marzo de 2021 —momento en el que entró en vigor el nuevo etiquetado europeo de eficiencia energética que simplificó la escala de la A a la G— consumen, de media, hasta un 50% o 60% más de electricidad que las opciones actuales de clase A, B o C.
A la hora de tomar la decisión, los expertos recomiendan aplicar la regla matemática de la amortización. Por un lado, cuando el electrodoméstico supera los 10 o 12 años de antigüedad, conviene valorar su reemplazo aunque siga funcionando.
Con el paso del tiempo, la degradación de sus componentes aislantes, motores y compresores incrementa su consumo eléctrico de forma drástica, mientras que el ahorro energético que genera un modelo moderno permite amortizar la compra en un plazo estimado de entre cuatro y seis años.
Por otro lado, la sustitución es la decisión más sensata cuando el coste de una reparación supera el 50% del valor de un equipo nuevo.
Si un frigorífico o lavadora de más de siete años sufre una avería grave, como la rotura del compresor o de la placa electrónica, asumir un presupuesto tan elevado rara vez resulta rentable a largo plazo.
Cuánto se ahorra realmente en la factura
Un frigorífico antiguo de clase baja (o con el etiquetado anterior A+) suele consumir entre 350 y 450 kWh al año. En contraste, un modelo moderno de clase B o C reduce esa cifra a unos 130 o 170 kWh anuales. Esta diferencia se traduce en un ahorro directo de entre 60 y 100 euros al año únicamente en la partida de este electrodoméstico.
En el caso de la lavadora, el avance tecnológico de los motores tipo Inverter y los programas eco a baja temperatura permiten ahorrar no solo hasta un 40% de electricidad por ciclo, sino también miles de litros de agua al año.
Aprovechar periodos de descuentos o campañas de sustitución con ayudas públicas, como los Planes Renove, acelera aún más el retorno de la inversión, convirtiendo la renovación de estos aparatos en una medida clave de ahorro doméstico a largo plazo.
En definitiva, sustituir un electrodoméstico antiguo no debe entenderse como un gasto sobrevenido, sino como una inversión. Apostar por la eficiencia energética no solo alivia el bolsillo mes a mes, sino que contribuye a un consumo doméstico mucho más responsable y sostenible.
