Fabricar carreteras más resistentes y sostenibles utilizando algo tan sencillo como la paja de trigo es posible en España. Un equipo de científicos de la Universidad de Huelva ha conseguido ofrecer soluciones explicando cómo sustituir el litio y el petróleo con celulosa en la fabricación de grasas industriales y asfalto.
Publicado en 2025 dentro del proyecto GreenAsphalt en la revista científica Carbohydrate Polymers, este proyecto se basa en una técnica química llamada silicación. Mediante este proceso, la paja de trigo se vuelve compatible con el betún, creando una estructura que dota a la calzada de mayor elasticidad y tolerancia al calor.
Esto permite que el propio asfalto sufra menos deformaciones bajo el peso del tráfico pesado, al tiempo que reduce las temperaturas de procesado a unos 150 °C y abarata los costes de fabricación.
Tras validar su resistencia al desgaste en las pruebas de laboratorio iniciales, el equipo de la UHU —liderado por José Enrique Martín Alfonso, Manuel Trejo Cáceres y José María Franco Gómez— ha continuado trabajando en la aplicación de este material en condiciones reales sobre maquinaria agrícola, vehículos y tramos experimentales de carretera.
A esta línea con paja de trigo se sumó la propuesta pionera que desarrollaron en la Universidad de Granada los investigadores Carmen Rubio Gámez y Fernando Moreno Navarro, quienes demostraron la viabilidad de utilizar colillas de cigarrillos y restos de vapeadores para evitar la formación de grietas en el pavimento.
De izq. a dcha., José Enrique Martín Alfonso, Manuel Trejo Cáceres y José María Franco Gómez
El estudio granadino, publicado en ScienceDirect, presentó un asfalto compuesto en un 40% por material reciclado procedente de carreteras deterioradas junto con pellets elaborados con restos de cigarrillos.
Durante la mezcla en caliente, la cera de los pellets se funde con el betún y libera fibras que actúan como un entramado de refuerzo interno. Esta armadura incrementa la flexibilidad del asfalto y permite reducir la temperatura de fabricación, recortando el consumo energético y la emisión de gases contaminantes.
La convergencia de estos proyectos demuestra cómo la investigación universitaria española lidera el cambio hacia una red viaria de bajas emisiones.
La transformación de excedentes agrícolas y residuos urbanos en componentes de alta resistencia perfila un modelo de carreteras más duraderas, económicas y comprometidas con la economía circular.
