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Un equipo de ingenieros de la Universidad de Texas A&M ha desarrollado el copoliéster termoestable aromático (ATSP), un avanzado compuesto plástico inteligente reforzado con fibra de carbono capaz de deformarse y autorrepararse tras sufrir un impacto.

Dirigido por el Dr. Mohammad Naraghi, Director del Laboratorio de Materiales Nanoestructurados, el desarrollo destaca en este mes de septiembre de 2026 por ofrecer una resistencia varias veces superior a la del acero siendo considerablemente más ligero que el aluminio.

Sus propiedades abren la puerta a una nueva generación de carrocerías de vehículos capaces de restaurar su forma tras un choque, garantizando mayor seguridad a los ocupantes y revolucionando el sector aeroespacial.

Las industrias automotriz y aeroespacial figuran como las principales beneficiadas de esta tecnología de nanoingeniería molecular.

Los intercambios de enlaces químicos presentes en el ATSP permiten restaurar la estructura original de la carrocería de un coche tras una colisión. Esto ayuda a absorber la energía del impacto y proteger la integridad física de los pasajeros. Naraghi afirma que "mejora significativamente la seguridad del vehículo protegiendo a los pasajeros".

En aeronaves y cohetes espaciales sometidos a tensiones extremas y temperaturas elevadas, el material es capaz de efectuar una autorreparación bajo demanda ante cualquier daño estructural puntual.

El ATSP pertenece a una clase emergente de polímeros conocidos como vitrímeros. En los ensayos mecánicos realizados por los investigadores —en colaboración con Andreas Polycarpou, de la Universidad de Tulsa— se evaluó su comportamiento sometiéndolo a cargas cíclicas y temperaturas elevadas.

Imágenes de rayos X del ATSP a lo largo de cinco ciclos diferentes de daño y curación. Mohammad Naraghi / Texas A&M University Omicrono

El compuesto aguantó cientos de ciclos de deformación aumentando su durabilidad general respecto a su fabricación inicial. Tras sufrir cinco ciclos consecutivos de daño y exposición térmica a 280 °C, el ATSP recuperó casi la totalidad de su resistencia original en las primeras fases.

En el quinto ciclo, mantuvo una eficiencia de curación del 80% a pesar del desgaste por fatiga. Las imágenes de alta resolución confirmaron que el compuesto no sufre descomposición química ni degradación térmica tras los procesos de reparación.

Naraghi afirma en un comunicado de prensa: "Cuando se combinan con fibras de carbono resistentes, se obtiene un material que es varias veces más resistente que el acero, pero más ligero que el aluminio".

La síntesis del ATSP se inicia en el laboratorio mediante la combinación de dos ingredientes principales: ácido p-hidroxibenzoico y dihidroxibifenilo.

Estos elementos se unen con anhídrido acético y un catalizador de ácido sulfúrico concentrado bajo calor controlado para formar una estructura polimérica compleja. El polvo resultante se prensa mediante calor y presión para obtener piezas sólidas de alta cohesión interna y larga vida útil.

A nivel medioambiental, el ATSP destaca por ser altamente sostenible y fácil de reciclar, pues puede ser triturado y remoldeado mediante ciclos térmicos repetidos sin que la composición química del polímero se degrade y a su vez permite alargar el ciclo de vida de los componentes sin perder resistencia ni durabilidad.

Los detalles sobre la fabricación y caracterización del compuesto han sido difundidos en las revistas científicas Macromolecules y Journal of Composite Materials.