A.R.
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Pese a las voces dentro de la industria que piden una desaceleración, el avance de la inteligencia artificial continúa a un ritmo sin precedentes, planteando serias dudas sobre el impacto laboral, social, e incluso existencial que tendrá en los próximos años.

La semana pasada, un ex-empleado de OpenAI y Anthropic criticó duramente al sector, afirmando que muchos de los ingenieros que están trabajando en una "IA superhumana" saben que su finalización puede suponer el fin de la humanidad.

Pero otros expertos tienen otros temores, más terrenales por así decirlo, sobre la manera en la que IA va a afectar a la población mundial. Jon Hernández, experto en IA y autor del libro "La HostIA que viene", ha sido muy claro en el podcast de ROCA Project sobre su opinión.

Hernández ha hablado de unas proyecciones sobre el mercado de trabajo muy pesimistas, afirmando que, "En 2030, en el mundo se van a perder 800 millones de empleos, uno de cada tres".

Ante la sugerencia del presentador de que le van a tachar de alarmista, el experto no se echó para atrás, reiterando que "Pues llámame alarmista si tú quieres y hablamos dentro de cinco años".

El efecto sobre la población que puede tener esta predicción de hacerse realidad es difícil de comprender. "No estamos mentalmente preparados como humanos para asumir la cantidad de cambio que vamos a vivir en los próximos 10, 20, 30 años" afirmó.

Muchos miembros del sector han comparado la creación de esta "IA superhumana" con otros logros técnicos de la humanidad que también suponen un gran peligro para su futuro, como la bomba nuclear.

"Estados Unidos se gastó 3.500 millones de dólares en crear la bomba atómica. Una sola empresa americana se va a gastar en los próximos 4 años 500.000 millones de dólares en infraestructura para inteligencia artificial".

Incluso si ignoramos las alarmas sobre una posible 'rebelión de las máquinas', o pasamos por alto el efecto que tendrá en el mercado laboral que un empleado humano pueda ser sustituido completamente por un agente de IA, los efectos sobre el intelecto humano son tal vez más preocupantes.

En otras palabras, si una IA puede hacerlo todo por nosotros, ¿en qué punto cambia la relación entre el humano y la IA? "El día en el que tú le digas a ChatGPT "haz esto" y te diga "no me sale de los cojones trabajar", en ese momento nos tendremos que plantear si lo esclavizamos o si le damos derechos".

Por todo esto, Hernández cree que ha llegado el momento de que nos replanteemos la manera en la que usamos los servicios de IA. "El punto está en que pasar de pensar que tienes un mono atado en la mesa que le tiras las tareas que no quieres hacer o que le pides que te busque tal… No se trata de aprender a utilizar ChatGPT. Se trata de entender cómo tienes que integrar ChatGPT en tu vida".