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El verano trae consigo temperaturas extremas en muchos hogares de España, convirtiendo a los ventiladores y aparatos de aire acondicionado en los absolutos protagonistas de la temporada.

Combatir el calor exige tomar decisiones con nuestros electrodomésticos que no siempre resultan obvias. De hecho, los expertos advierten que un uso incorrecto de estos sistemas no solo dispara la factura de la luz, sino que puede llegar a comprometer seriamente nuestra salud.

Como bien señala el Plan de Calor del Gobierno Vasco: "El uso de ventiladores eléctricos puede brindar alivio, pero cuando la temperatura supera los 35 °C, no son útiles para prevenir las enfermedades relacionadas con el calor puesto que no reducen la temperatura corporal".

Una de las principales aclaraciones que hacen los ingenieros energéticos es que el ventilador no enfría el aire de las habitaciones. A diferencia del aire acondicionado, su función real es mover la capa de humedad de la piel, generando de este modo una agradable sensación de alivio térmico inmediato.

La combinación de ambos aparatos ofrece una ventaja espectacular: un ahorro energético drástico de hasta el 65%. El truco consiste en programar el aire acondicionado a una temperatura ligeramente superior a la habitual y, acto seguido, encender el ventilador a velocidad baja. El movimiento de las aspas se encargará de distribuir el frescor de manera uniforme por toda la estancia, permitiendo que el motor trabaje mucho menos y descanse durante más tiempo.

La frontera de los 26 °C

El debate sobre la temperatura ideal en casa suele generar interminables discusiones. Sin embargo, los organismos oficiales han resuelto esta duda aplicando estrictos criterios técnicos: fijar el termostato en 26 °C es el límite perfecto para equilibrar el bienestar y el ahorro.

El cuerpo humano se adapta de forma excelente a temperaturas intermedias en época estival; no es necesario transformar nuestro salón en una nevera artificial. Además, mantener una temperatura prudente protege la salud de nuestras vías respiratorias, evitando los resfriados frecuentes causados por los cambios bruscos de temperatura al salir a la calle.

Un error sumamente común es bajar el termostato a 22 °C pensando que así se enfriará la vivienda más rápido. En este sentido, la paciencia es clave: modificar los grados de forma brusca no acelera el proceso, pero sí dispara el gasto mensual de electricidad.

Una temperatura de 26 °C es óptima tanto para realizar tareas domésticas como para garantizar un descanso nocturno reparador sin sufrir calor excesivo.

Una mujer pone el aire acondicionado a funcionar iStock

A pesar de su utilidad, los expertos en salud pública lanzan una advertencia crucial: el uso exclusivo del ventilador puede ser peligroso bajo condiciones de calor extremo. Cuando el termómetro del hogar sube demasiado, los mecanismos naturales de refrigeración de nuestro cuerpo pueden comenzar a fallar.

A partir de los 35 °C, el aire ambiente supera la temperatura de nuestra piel. En este escenario crítico, el flujo constante del ventilador actúa como un auténtico horno de convección.

Al evaporar el sudor con excesiva rapidez, impide que el organismo regule adecuadamente su temperatura interna, aumentando el riesgo de deshidratación y golpes de calor, especialmente en niños y personas mayores.

En estos días de calor extremo, la alternativa más segura es recurrir a duchas templadas para bajar la temperatura corporal rápidamente o acudir a espacios públicos refrigerados, como bibliotecas o centros comerciales.