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Ahorrar en la factura de la luz implica algo más que simplemente usar el electrodoméstico que menos consume; hay otros aspectos que afectan al gasto real que nos permiten optimizar el consumo diario sin renunciar a una alimentación variada.

Y es que el gasto energético al cocinar no está determinado únicamente por la potencia máxima del electrodoméstico, sino por la combinación entre la cifra de vatios de potencia y el tiempo durante el que permanece encendido.

Un horno tradicional, por ejemplo, opera habitualmente con una potencia de entre 1.200 W y 2.200 W; eso significa que, en un uso habitual de una hora a una potencia media de 1.500 W, genera un consumo directo de 1,5 kWh.

Como explican desde Endesa, tomando como referencia una tarifa de 0,113500 €/kWh, preparar un asado ronda un coste de 0,17 €, que puede no parecer mucho, pero que es una cifra muy superior a la de otros electrodomésticos.

De hecho, según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el horno representa aproximadamente un 8% del total del consumo eléctrico de los electrodomésticos del hogar, con una media de 231 kWh al año.

Por eso, podríamos pensar que vamos a ahorrar mucho más si pasamos a cocinar en una vitrocerámica, y eso es cierto, pero sólo en parte.

Una vitrocerámica convencional de resistencia eléctrica demanda una potencia entre los 900 W y 2.000 W por fuego; es decir, que si simplemente usamos el fuego más grande y lo ponemos al máximo, podemos gastar más que con un horno.

Incluso si usamos la vitro de manera inteligente, vamos a consumir bastante. Una receta que requiera de 40 minutos de cocción a una potencia media de 1.200 W supone un consumo aproximado de 0,8 kWh, el equivalente a 0,09 euros.

Si hemos dado el salto a una placa de inducción, la buena noticia es que pese a su potencia media de 1.400 W o más, en la práctica vamos a consumir menos, y aquí es donde realmente se nota el factor del tiempo.

Las placas de inducción reducen el tiempo de preparación, al calentar directamente el recipiente mediante campos magnéticos, realmente no se genera más calor del necesario y por lo tanto, este no se pierde en el ambiente como ocurre con una vitrocerámica.

Según los fabricantes, esto supone que las placas de inducción son hasta un 40% más eficientes que una vitrocerámica convencional, y eso se va a notar en el bolsillo.

Pero el rey de la eficiencia es, sin duda alguna, el microondas. Pese a que estos equipos tienen una potencia de entre 900 W y 1.500 W, la duración del uso es extremadamente reducida en comparación con la cocina tradicional.

Recalentar un plato o cocinar verduras al vapor requiere un tiempo promedio de apenas 3 minutos, un consumo de solo 0,045 kWh, lo que se traduce en un coste de apenas 0,01 euros dependiendo de la tarifa que tengamos.

El efecto de esta diferencia es notable. Según estimaciones del IDAE, el ahorro del microondas frente a una cocina convencional o un horno puede alcanzar entre el 60% y el 75% en energía consumida.

Un análisis de Endesa sobre el gasto doméstico confirma estas cifras, y al comparar el microondas con el horno, revelan que el microondas gastó entre un 60% y un 70% menos energía que el horno eléctrico.

Por supuesto, de nada sirven todas estas cifras si el microondas no se ajusta a lo que queremos hacer. El horno es la única opción cuando cocinamos grandes cantidades de alimento al mismo tiempo, al fin y al cabo.

Si tenemos que poner el microondas varias veces para hacer lo mismo que con un solo uso del horno, la diferencia en el consumo se reduce hasta el punto de que no merece la pena plantearse el cambio.

Asimismo, hay ciertas cosas que solo se pueden hacer en un horno, especialmente si nuestro microondas no tiene grill, como obtener acabados crujientes y dorados.

Por su parte, la vitrocerámica sigue siendo necesaria para cocciones lentas que no son posibles en el microondas por su propio funcionamiento.

En definitiva, es importante elegir bien el electrodoméstico que vamos a usar para cocinar, teniendo en cuenta las necesidades de la receta además del consumo.