El Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENINM), dependiente del CSIC, ha completado con éxito la primera colada experimental de metales de alto valor obtenidos directamente de basura electrónica en España.
Este avance de la "minería urbana", logrado en colaboración con la fundición Atlantic Copper y la tecnológica Glencore Technology, sitúa a España a la vanguardia de la soberanía tecnológica en Europa.
Mediante el uso pionero de un horno vertical de lanza sumergida, este proyecto piloto abre la puerta a la recuperación eficiente y sostenible de materias primas críticas como el cobre, la plata y el platino.
¿Cómo funciona el horno vertical de lanza sumergida?
El corazón de este desarrollo tecnológico es en una planta piloto donde los residuos electrónicos se procesan a temperaturas extremas que superan los 1.2000 grados centígrados. A diferencia de otros métodos de fundición tradicionales, esta planta utiliza una innovadora tecnología de fusión rápida.
Una lanza metálica introduce oxígeno y combustible directamente dentro del material fundido, aplicando calor desde dentro. El proceso genera corrientes internas que aceleran notablemente las reacciones químicas y mejoran la eficiencia energética.
Horno vertical de lanza sumergida del CENIM-CSIC.
Una de las principales ventajas de esta técnica es la simplicidad y limpieza con la que se separan los componentes valiosos y los desechos en dispositivos complejos como teléfonos móviles u ordenadores.
Gracias a la física de fluidos y la diferencia de densidad de los materiales, el proceso de cribado se produce casi de forma natural. El cobre y los metales preciosos como el oro y la plata se acumulan en el fondo del reactor debido a su alta intensidad.
Los materiales no metálicos permanecen en la superficie flotando, facilitando su separación y retirada de forma limpia.
La primera colada experimental ha demostrado que es posible aprovechar mejor el material reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental, lo que supone validar un modelo de negocio circular que hasta ahora parecía difícil de aplicar en la industria continental.
La trascendencia de este hito va más allá del ámbito científico y tiene una profunda implicación geopolítica pues permite pasar a un modelo donde Europa procesa y recupera sus propios materiales críticos en lugar de exportar sus residuos.
Según Félix Antonio López, investigador principal del CENIM-CSIC, este avance "permite avanzar hacia un modelo en el que Europa no solo gestiona sus residuos electrónicos, sino que extrae de ellos materias primas de alto valor y las reincorpora a su propio sistema productivo".
Esto contribuye a retener el valor económico e industrial y a fomentar la creación de empleo especializado dentro del territorio europeo.
