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Hay elementos en nuestro hogar que están en esa localización simplemente porque "siempre se ha hecho así", pero hay veces que merece la pena pensar por qué es así, y si deberíamos cambiarlo.

Un buen ejemplo reciente lo tenemos en el lavavajillas, que tradicionalmente se ha instalado en un hueco inferior, bajo la encimera y justo al lado del fregadero, para que sea más fácil poner los platos y vasos directamente en la bandeja.

Sin embargo, cada vez hay más voces en el sector que piden un cambio radical en la cocina, que pase por elevar el lavavajillas e integrarlo en un mueble en columna o semicolumna, y sus argumentos tienen sentido.

Es algo que podemos comprender inmediatamente si alguna vez nos ha dado un pinchazo en la espalda cuando hemos puesto el lavavajillas; el acto repetido de bajar la vajilla hacia la bandeja es algo que pasa factura, especialmente cuando empezamos a tener una edad.

La solución es muy sencilla: elevar el aparato entre 30 y 40 centímetros respecto al suelo, para que las bandejas queden al alcance de las manos sin necesidad de agacharse o doblar la espalda.

Como señala la interiorista Elena Castells en un vídeo publicado en Facebook, "Si estás diseñando tu cocina, pon el lavavajillas en alto, para que al poner la taza no te agaches".

Los propios fabricantes también han dado el salto a este concepto. Bosch, por ejemplo, afirma que poner el lavavajillas en alto "siempre es una buena opción" porque las ventajas van a superar ampliamente a las desventajas (aunque estas existen como veremos más adelante).

Más allá del alivio para la espalda, poner el lavavajillas a una altura media facilita otras tareas rutinarias, como por ejemplo, el mantenimiento del dispositivo; esto es algo que se suele pasar por alto y que suele repercutir en averías e incluso un mayor consumo energético.

Para empezar, rellenar los depósitos de sal y abrillantador es mucho más sencillo cuando la puerta se encuentra a una distancia más cercana; de la misma manera, la limpieza periódica de los filtros o el acceso a los brazos difusores de agua es más cómoda.

Otro aspecto que no es evidente a simple vista pero que se nota es la optimización del almacenamiento; el hueco libre que queda debajo del lavavajillas se puede aprovechar instalando un cajón que sirva para guardar el detergente y todo lo relacionado con el lavado.

Fabricantes de cocinas como Gelse Cocinas afirman que han notado una gran demanda últimamente para poner el lavavajillas más alto de lo normal, y las marcas han respondido a esa demanda.

Los nuevos modelos que han llegado al mercado permiten una integración perfecta con el resto de la cocina con puertas deslizantes que no dejan aperturas ni chocan con el resto del mueble, adaptándose incluso a zócalos mínimos de hasta 5 cm de altura.

Bosch también ha lanzado un modelo de lavavajillas compacto de unos 55 centímetros de ancho, que está diseñado especialmente para colocarse justo encima de la encimera, para cocinas donde el espacio sea demasiado ajustado para una columna.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que esta instalación es más complicada de lo habitual. Por ejemplo, el desagüe tiene que estar más bajo que el lavavajillas incluso si lo vamos a subir, y además necesitamos una toma de agua y un enchufe, que pueden no estar disponibles en la zona elevada.