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Se acerca una nueva ola de calor a España, y los hogares que hasta ahora han aguantado lo que parecía ser lo peor del verano se encuentran con una gran duda: ¿Es el momento de sacar la cartera y comprar un aire acondicionado portátil?

Uno de estos dispositivos puede parecer la solución ideal para resistir los días calurosos que aún quedan en el año sin una inversión demasiado grande y como un sustituto perfecto del ventilador.

Sin embargo, los expertos advierten que un cambio semejante no es tan fácil, y que de hecho, primero deberíamos tener en cuenta ciertos aspectos si realmente queremos notar una diferencia a un ventilador convencional.

El equipo técnico de Fontanería Córdoba así lo explica en la última entrada de su blog, en el que repasa la diferencia entre un ventilador y un aire acondicionado portátil para comprender mejor si merece la pena el cambio.

Los profesionales creen que ambos aparatos "no compiten por vatios", sino por lo que hacen con el calor que ya está dentro de la casa: uno lo remueve y otro tiene que sacarlo fuera. Esa diferencia fundamental es lo que debería guiar nuestra próxima compra, y no el precio.

Por lo tanto, es lógico que el aire acondicionado portátil no sirva de nada si no tiene una manera eficiente de sacar el calor, algo que es más difícil de lo que pueda parecer dependiendo de nuestro hogar.

En palabras de Fontanería Córdoba, "Antes de mirar precios, mira la ventana". Y es que precisamente la ventana suele ser el primer obstáculo que nos encontramos para evacuar el aire caliente al exterior de la casa.

No vale cualquier ventana, aunque la mayoría son compatibles. Con una ventana corredera la instalación resulta sencilla con el kit que suele venir con el mismo dispositivo y que incluye aislamiento para evitar que el aire caliente vuelva a entrar.

Por el contrario, en ventanas abatibles o batientes, conseguir el aislamiento adecuado es algo más complicado, ya que es absolutamente imprescindible que cerremos el hueco que queda alrededor del tubo; una ventana entreabierta va a dejar pasar el calor de nuevo.

Los técnicos hablan de un "apaño": bajar la persiana hasta que se apoya en la manguera, pero lo que ocurre entonces es que dejamos unos huecos abiertos y por lo tanto, realmente no funciona como es debido.

Por supuesto, también están los casos en los que no es posible encontrar una ventana, ya sea porque es fija o porque la habitación no la tiene; en todos estos casos, la única solución que tenemos es continuar con un ventilador.

En caso de que realmente no podamos instalar un aire acondicionado portátil, el ventilador no es una mala alternativa si tenemos en cuenta que no refrigera, solo mueve el aire caliente (y añadiendo encima el calor generado por el motor).

El ventilador de pie es para un uso puntual, para recibir algo de alivio en un lugar muy concreto como puede ser el sofá; el límite está en el chorro del aire, ya que si te mueves, deja de notarse.

En cambio, el ventilador de techo se ha convertido en una opción muy popular, porque reparte el aire por toda la estancia y funciona a menos revoluciones, por lo que no molesta por la noche; en palabras de los técnicos, "es el que más partido saca a lo poco que gasta".

Lo que en ningún caso deberíamos hacer es cambiar un ventilador por un enfriador por evaporación, sin antes tener muy claro que no es un 'aire acondicionado', sino que suelta agua para dar una sensación más fresca sin bajar la temperatura.