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Si durante los meses más calurosos del año, sentimos que el interior de nuestro hogar se convierte en un auténtico horno, es muy posible que sea un problema endémico del edificio y de la manera en la que ha sido diseñado.

Y es que de poco sirve subir la potencia del aire acondicionado, usar más ventiladores o aislamiento, si la clave del calentamiento se encuentra en algo tan simple como la orientación de una ventana.

Existe la creencia generalizada de que una ventana orientada al sur va a dar más calor a lo largo del día, y por eso existen muchas viviendas que intentan poner pocos huecos en el muro que da en esa dirección; pero los análisis técnicos demuestran que eso es incorrecto.

El arquitecto Juan Goñi ha explicado en un vídeo publicado en TikTok que, de hecho, las ventanas con orientación oeste son las que más van a calentar nuestro hogar y las que suponen un mayor desafío para su gremio.

Como indica Goñi, es una simple cuestión de física. Durante las horas centrales del día, cuando el sol se sitúa hacia el sur, su posición en el cielo es muy elevada, y podemos ver esto porque en la calle se produce poca sombra.

Por lo tanto, es muy fácil bloquear el impacto de los rayos del sol con un simple vuelo o toldo; o incluso puede que la terraza superior ya sea suficiente para taparnos y que los rayos no terminen impactando con nuestra ventana.

En cambio, conforme el día avanza y el sol inicia su descenso hacia el oeste, sus rayos van a incidir de una manera mucho más horizontal contra nuestra vivienda, lo que impide bloquearlo de manera sencilla sin tapar toda la ventana al mismo tiempo.

A eso hay que sumar que el impacto más directo contra el ventanal va a hacer que el calor penetre de manera más fácil en nuestro hogar, lo que a su vez subirá la temperatura ambiente y obligará al aire acondicionado a trabajar más.

Por supuesto, la tarde es el momento en el que la temperatura ambiente exterior es más elevada, por el calor acumulado a lo largo de todo el día, lo que empeora la situación; el calor acumulado en las fachadas se combina con el sol directo a través del cristal.

De esta manera, Goñi afirma que en esos momentos de la tarde se puede hablar de que un ventanal está metiendo 750 vatios hora por cada metro cuadrado de superficie acristalada.

Este aporte de energía continuo genera un efecto invernadero en el interior que obliga a los sistemas de climatización a trabajar de forma ininterrumpida, multiplicando el consumo eléctrico de la vivienda.

Los arquitectos ya saben esto, y por eso usan trucos para limitar esta exposición al sol desde el oeste; el más sencillo es, como muestra Goñi en el vídeo, simplemente poner menos ventanas en el lado oeste del edificio.

Si nuestro piso o casa ya tiene varias ventanas o cristaleras orientadas hacia el oeste, debemos asegurarnos de amortiguar lo máximo posible el impacto del sol, como por ejemplo, con las persianas completamente bajadas o con los toldos desplegados por completo.

Otras alternativas como los estores son menos recomendadas, ya que, aunque tapan la luz, dejan pasar la radiación a través de la ventana, por lo que no son tan eficientes.