Publicada

Aunque pueda parecer extraño, la mejor manera de ahorrar en la factura de la luz es realmente aprovechar nuestros electrodomésticos, porque están diseñados desde cero para cumplir una única tarea de la manera más eficiente.

Por eso, cuando intentamos reducir en el consumo 'luchando' contra el dispositivo, el resultado puede ser contraproducente y que terminemos consumiendo más que antes.

Es algo que ya hemos visto con el aire acondicionado, por ejemplo; los expertos están de acuerdo en que es mejor usarlo durante todo el día que apagarlo y encenderlo de manera constante.

Algo parecido ocurre con el congelador. Aunque podríamos pensar que lo mejor es usarlo lo menos posible, en la práctica es todo lo contrario y existen datos y experiencias que lo avalan.

Como explica Ronald Rondón, técnico en electrodomésticos en Hermanos Pérez, en un vídeo publicado en redes sociales, "El truco con el congelador es mantenerlo siempre lleno", por increíble que parezca.

Es difícil de comprender porque, con el resto del frigorífico, eso no es cierto. Los expertos hablan de la "regla del 80%", es decir, que no deberíamos llenar los cajones y las baldas del frigorífico al máximo, sino dejar un poco de espacio para que el aire frío pueda circular y enfriar todos los alimentos.

Pero un congelador funciona de manera diferente por la retención térmica que generan los propios alimentos guardados a bajas temperaturas; en otras palabras, cuando están congelados, el aparato no tiene que trabajar tanto para mantenerlos así.

Rondón alerta de que "Hay personas que compran a diario y abren el congelador y van metiendo. Eso lo que hace es que el compresor trabaje más".

Cuando el interior de un congelador está ocupado por alimentos completamente congelados, estos actúan como bloques térmicos y acumuladores de frío; en cambio, si el cajón permanece vacío, el espacio se llena de aire.

Lo que ocurre entonces es que, al abrir la puerta del congelador, ese aire frío se escapa hacia el exterior al ser más denso y pesado, siendo reemplazado por el aire caliente y húmedo de la cocina.

Eso provoca que el congelador encienda el compresor y tenga que trabajar a máxima potencia. Según el fabricante Beko, el motor puede llegar a bajar la temperatura hasta los -24 ºC si detecta que la temperatura interior ha subido de manera drástica.

Al forzar el compresor, el consumo energético se dispara durante varios minutos hasta que la temperatura interior se acerca a la que tenemos configurada y el motor se pueda relajar un poco.

En cambio, si tenemos el congelador lleno, habrá menos aire en el interior y el frío se mantendrá en los alimentos; como resultado, la máquina tendrá que trabajar menos para recuperar la temperatura objetivo.

Por eso, los expertos recomiendan llenar el congelador hasta muy cerca de su capacidad total, evidentemente siempre dejando algo de margen por si tenemos que congelar algo con urgencia.

Si no tenemos suficientes alimentos para llenar el congelador, un truco es usar bolsas de hielo, acumuladores de frío como los que se usan en las neveras portátiles, o incluso botellas de agua (llenas solo en sus tres cuartas partes para evitar que exploten).

Por último, debemos asegurarnos de que la temperatura del congelador se encuentra en los -18 ºC de manera constante, ya que todos los expertos están de acuerdo en que es la idónea para todo el año; aunque en zonas muy calurosas donde se superen los 30 ºC, puede ser aconsejable bajarlo a -20 ºC, pero de manera temporal.