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La factura de la luz sigue siendo una de las mayores preocupaciones para los hogares españoles. Pequeños gestos cotidianos, casi invisibles, pueden marcar una diferencia notable a final de año.

Así lo explica Javier Martínez Moronta, arquitecto y profesor del máster de gestión ambiental y energética en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). El experto asegura que desenchufar los aparatos que no se están usando puede suponer un ahorro de entre el 5 % y el 8 % de la factura anual.

Se trata del llamado consumo vampiro, el que generan dispositivos como cargadores de móvil, lámparas o pequeños electrodomésticos incluso cuando parecen apagados. Aunque cada uno de ellos consume poco de forma individual, la suma de todos ellos a lo largo del año termina notándose en el recibo.

Martínez Moronta pone además un ejemplo con los equipos de mayor potencia. Si se utiliza la secadora dos veces por semana, el horno tres y el lavavajillas cuatro, solo esos tres aparatos pueden generar un gasto semanal cercano a los 12 euros.

Pero el ahorro energético no empieza ni termina en los enchufes. El primer paso, según el experto, es entender bien el consumo propio y la tarifa contratada con la compañía eléctrica.

En España, el precio de la luz puede fijarse en el mercado regulado, que se actualiza cada día, o pactarse directamente con una comercializadora en el mercado libre. Revisar periódicamente estas condiciones, comparar ofertas y ajustar la potencia contratada a las necesidades reales del hogar ayuda a evitar sobrecostes innecesarios.

La calefacción o el aire acondicionado son otro de los grandes protagonistas del ahorro doméstico. Evitar fugas de calor o frío revisando el cierre de persianas y ventanas, y cambiando los burletes de puertas y ventanas, reduce de forma directa la necesidad de climatizar la vivienda.

El termostato también juega un papel decisivo en el resultado final. Según explica Martínez Moronta, el consumo de una caldera puede aumentar entre un 7 % y un 9 % por cada grado adicional, de modo que una diferencia de tres grados puede llegar a suponer hasta un 20 % más en la factura.

Mantener la caldera y la instalación de climatización en buen estado es igualmente importante. Limpiar el polvo de los radiadores y las máquinas de aire acondicionado y mantenerlos despejados de objetos mejora su eficiencia y también la seguridad del hogar.

El teletrabajo ha cambiado además el perfil de consumo de muchas viviendas en los últimos años. Concentrar la actividad en una sola estancia, en lugar de mantener toda la casa climatizada, y ajustar el horario de calefacción al de la jornada laboral permite reducir el gasto sin renunciar al confort.

Para comparar tarifas, existen herramientas públicas que facilitan la tarea a cualquier usuario. Organismos como la Organización de Consumidores y Usuarios o la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ofrecen comparadores gratuitos donde consultar las mejores opciones disponibles.

Ninguna de estas medidas exige, según el experto, grandes inversiones ni cambios drásticos en el día a día. Se trata más bien de pequeños ajustes de comportamiento que, sumados a lo largo de los meses, terminan reflejándose en un ahorro considerable.

El objetivo final no es solo ahorrar dinero, sino también hacer un uso más responsable de los recursos. Cada kilovatio y cada litro de agua que se deja de malgastar tiene también un impacto positivo en el medioambiente.

En un contexto en el que los precios de la energía siguen siendo elevados, entender bien el propio consumo se convierte en la mejor herramienta de ahorro. Conocer la tarifa, cuidar las instalaciones y adoptar hábitos conscientes son, según Martínez Moronta, los tres pilares sobre los que construir una factura más ligera.