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Gracias a las recientes leyes europeas, todos los dispositivos electrónicos con batería ahora deben tener una conexión USB-C para la carga; de esta manera, es posible usar cualquier cargador para cualquier dispositivo.

Sin embargo, eso no significa necesariamente que hacer eso sea recomendable. No todos los cargadores son iguales, incluso si son compatibles con USB-C; hacer la conexión estándar sólo ha eliminado uno de los aspectos técnicos a tener en cuenta.

En cambio, la potencia es un dato que siempre deberíamos recordar a la hora de usar un cargador USB-C; no porque no vaya a funcionar, sino porque a largo plazo podemos tener serios problemas.

Un ordenador portátil necesita de mucha potencia para recargar su batería interna, mucha más que un smartphone convencional; de media, los cargadores para ordenadores operan en un rango de entre 65 W y 200 W, dependiendo de las exigencias del hardware del portátil.

En cambio, la mayoría de los cargadores de móvil están por debajo de esas cifras, especialmente los que ya tienen algunos años encima; originalmente la "carga rápida" de los smartphones parte de los 15 W y aún hay muchos fabricantes que apenas superan los 25 W.

La buena noticia es que no nos va a pasar nada por usar un cargador de móvil en un ordenador en una ocasión. Los cargadores modernos no explotan ni van a echar a arder únicamente por conectarlos a un dispositivo que requiere de más energía.

Cuando conectamos un cargador a un dispositivo, se realiza una "negociación" entre ambos aparatos para comprobar la potencia máxima, el voltaje y el amperaje que son capaces de soportar, una negociación que siempre "gana" el dispositivo con los peores datos.

En otras palabras, si conectamos un cargador de 25 W a un portátil que requiere 100 W, lo único que va a pasar es que la carga se realizará a 25 W; en algunos sistemas es posible que veamos un mensaje de que la potencia es insuficiente, pero no va a pasar nada.

Lo que sí vamos a notar es que la carga es muy lenta y durará varias horas; de hecho, es tan lenta que si usamos el ordenador al mismo tiempo puede que ni siquiera se cargue la batería e incluso baje, ya que estamos consumiendo más energía de la que el cargador puede aportar.

El peligro de sobrecargar el cargador

Todo eso es molesto, pero no peligroso. El verdadero peligro llega con el paso del tiempo y el desgaste de los componentes internos del cargador si lo usamos para cargar dispositivos potentes de manera constante.

El motivo es que el cargador va a estar a su máxima potencia durante todas las horas que dure la carga; algo para lo que no está preparado, porque está diseñado para cargar un smartphone en una hora aproximadamente.

Eso va a hacer que el cargador se sobrecaliente y con el paso del tiempo, este calor dañará alguna pieza, lo que va a aumentar el riesgo de sufrir un cortocircuito o una avería permanente en el dispositivo.

Ese es el motivo por el que los fabricantes desaconsejan usar el cargador del móvil para el portátil. Lenovo, por ejemplo, indica "recomendamos que, si no es estrictamente necesario, evites someter a este tipo de tensión al cargador".

Cargador de 100 W de Xiaomi, compatible con portátiles Xiaomi

La única excepción es si el cargador del móvil usa una de las nuevas tecnologías de carga rápida de más de 65 W; ya hay algunas compañías que han superado los 100 W para sus smartphones y venden cargadores con esa potencia, y esos son perfectamente seguros para un portátil.

Por eso, los fabricantes aconsejan revisar siempre la etiqueta de especificaciones que se encuentra impresa en la base de cada cargador y comprobar que el voltaje y el amperaje coincidan o superen los requisitos mínimos del portátil.

Y si lo que te estás preguntando es lo contrario, si es posible usar el cargador del portátil con el móvil, debes saber que es perfectamente seguro gracias al estándar USB PD (Power Delivery), que automáticamente baja la potencia del cargador a la que el smartphone necesita.