La caída del coste de los paneles fotovoltaicos en la última década ha sido determinante para que miles de hogares se hayan animado a instalarlos. En España cada vez son más los particulares que optan por este método de generación de electricidad.
Según explica el experto en energía Jorge Morales de Labra "en los últimos 13 años ha bajado un 90% el precio de las placas solares".
Esto explica parte del éxito de este tipo de instalaciones que, además, cuentan con ayudas europeas que incentivan el uso de las mismas, dado que ayudan a descarbonizar el mix energético de forma clara.
Morales de Labra sostiene que solo con la fuerza del autoconsumo particular no bastará para cumplir los objetivos climáticos fijados para 2050. Hace falta, insiste, una combinación de generación distribuida, comunidades energéticas y grandes plantas fotovoltaicas trabajando de forma coordinada.
Los datos generales del sector avalan buena parte de su diagnóstico. Distintos análisis independientes sitúan el abaratamiento de las células fotovoltaicas por encima del 90% desde finales de la pasada década, un descenso que se explica por la mejora en los procesos de fabricación y por la creciente competencia entre productores, especialmente asiáticos.
Ese abaratamiento tecnológico coincidió en España con cambios normativos clave. El Real Decreto Ley 15/2018 eliminó el llamado impuesto al sol y simplificó los trámites para verter a la red la energía sobrante, lo que abrió la puerta a que cualquier propietario pudiera plantearse la instalación sin convertirse antes en una pequeña empresa energética.
A partir de ahí, el autoconsumo vivió varios años de crecimiento sostenido, impulsado además por la crisis de precios de la electricidad de 2021 y 2022. Miles de familias que hasta entonces veían la energía solar como algo lejano empezaron a pedir presupuestos e instalar placas en sus tejados.
Placas solares instaladas en un tejado
Sin embargo, el propio sector reconoce que ese ritmo se ha moderado en los últimos ejercicios. Según datos de la Unión Española Fotovoltaica, el ritmo de nuevas instalaciones llegó a caer con fuerza cuando el precio de la luz se relajó, porque parte del incentivo inicial para dar el paso era precisamente el ahorro frente a una factura disparada.
Con todo, el parque de instalaciones ya existente sigue generando electricidad y ahorro para quienes lo pusieron en marcha. Los expertos calculan que una instalación bien dimensionada puede reducir la factura eléctrica de un hogar entre un 50% y un 70%, dependiendo del consumo y de si se combina con baterías de almacenamiento.
El propio Morales de Labra recuerda en distintas intervenciones públicas que no todo vale a la hora de dar el paso. Advierte de la importancia de contar con un profesional que dimensione bien la instalación, frente a la tentación de comprar paneles genéricos y colocarlos sin un estudio previo de las necesidades reales de la vivienda.
En materia de excedentes, el ingeniero suele recomendar acogerse siempre a la modalidad con compensación. La energía que un hogar no consume y vuelca a la red se descuenta de la factura, y aunque el pago por ese excedente es mucho menor que el ahorro por autoconsumo directo, sigue siendo una ventaja frente a no aprovecharlo en absoluto.
El reto de fondo, según se desprende del reportaje de Equipo de Investigación, no es tanto si la tecnología funciona como si el ritmo de despliegue será suficiente. Cumplir los objetivos climáticos de 2050 exige que el autoconsumo, la eólica, la solar a gran escala y el almacenamiento crezcan de forma simultánea y no como piezas aisladas.
Ahí es donde entran en juego las comunidades energéticas, un modelo que permite a varios vecinos compartir una misma instalación. Casos como el de una urbanización de Rivas Vaciamadrid, donde más de 500 familias se pusieron de acuerdo para instalar placas conjuntas en sus azoteas, muestran que el modelo colectivo empieza a abrirse paso también en los edificios de pisos, donde tradicionalmente ha costado más avanzar.
En paralelo, el precio de los paneles ha empezado a repuntar ligeramente en 2026, entre un 15% y un 20% según algunas consultoras del sector. Aun así, los analistas insisten en que la inversión sigue siendo rentable a medio plazo, porque una placa solar produce electricidad durante más de treinta años y revaloriza la vivienda entre un 3% y un 10%.
El mensaje final de Morales de Labra apunta, en definitiva, a una doble lectura. Por un lado, el abaratamiento tecnológico ya ha hecho su trabajo y ha democratizado el acceso a la energía solar. Por otro, queda pendiente que ese avance se traduzca en la velocidad de despliegue necesaria para que España, y el conjunto de Europa, lleguen a tiempo a sus compromisos climáticos.
